El cazador se ha montado un nuevo negocio redondo que anuncia así en los periódicos: «Noche de hotel a buen precio. La leche está servida donde tú quieras«. Con este titular tan enigmático, no tardaron en comenzar a llegar las llamadas solicitando información y los servicios, que principalmente contrataban chicos de mediana edad que viajaban a Buenos Aires por cuestiones de negocios por un par de días y necesitaban desfogar los cojones de alguna forma, así estuvieran casados o solteros.
Y he aquí que llegó el primer huésped de la habitación, el chaval muy a la moda, alto, despeinado, con pantalones vaqueros super slim remangados por los tobillos, unos tenis chulos y camiseta de manga corta también remangada para hacer destacar la musculatura de sus biceps que, aunque no era mucha, era curiosa. El método de pago: en efectivo, con tarjeta o gratis.
Lo de gratis el chaval lo pilló al vuelo, se veía que el tio tenía vuelo recorrido ya y lo primero que hizo al escuchar esa palabra fue mirar el bulto que se le marcaba al cazador por debajo de los vaqueros. Parece que esa actitud hasta pilló por sorpresa al cámara, que siguió hablándole de dinero, incluso de pagarle, cuando el chavalote ya le tenía hasta la pija flácida cogida con la mano.
Noche gratis, encima recibiendo dinero a cambio por comerse una pija. No había más que hablar. Le pidió al cazador que le guardara el dinero en el bolsillo, inclinó la cabeza y empezó a mamarle la verga. Como todavía estaba blandita, la agarró bien entre sus labios y la estiró como si fuese chicle. Menuda mamada le hizo para ponérsela dura.
El soniquete de la fuerte succión le estaba poniendo todo cerdo y el chaval también se iba calentando cada vez más, a medida que iba notando que la polla se endurecía dentro de su boca. Con la promesa de que recibiría más dinero según lo hiciera de bien, intentó comérsela hasta la garganta. Tras un receso en que se comenzó a quitar la ropa, quedándose en gayumbos, le tocó volver a enderezar la minga.
El tio estaba muy delgadito y al menos por la parte delantera le sobraban calzones, pero por detrás el cabronazo los rellenaba de puta madre. Fue bajarse la parte trasera y menudo culazo tenía, pomposo y suavecito, moviéndose como un flan. Esas vistas le pusieron más dura la polla al cazador que cincuenta mamadas. Se encariñó tanto con su culete que esa se convirtió en su principal misión esa tarde.
Igual que el chaval había pillado al principio la indirecta de la noche gratis, pues él como buen hombre curtido en mil y una batallas sabía perfectamente que nadie daba sin recibir algo a cambio, enseguida se dio cuenta de lo que tenía que hacer. Se puso de rodillas en el sofá, se abrió de piernas y a los dedos del cámara sobando la entrada de su ojete, le siguió la polla, sin capucha, toda a pelo.
Para qué coño iba a llevar dinero en mano o tarjeta si podía pagar en esos sitios en carne y encima pasándoselo bien, notando el poder de una brutal maza penetrándole el culo y un par de cojones rebotando entre sus piernas a cada empalada.
La primera recompensa fue la noche gratis, la segunda el dinero extra, la tercera poder mamar una buena pollaca, la cuarta ser follado sin condón por un completo extraño al que acababa de conocer y todavía quedaba una quinta con la que se relamería de gusto. Se puso de rodillas en el suelo por segunda vez esa tarde, abrió la boca, sacó la lengua y recibió sobre su cara unos chorrazos de lefa cargaditos de amor. La leche latina de otro hombre sobre él con dinero sabía el doble mejor.
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