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Dani Robles desvirga al jovencito Jerome James sin condón | My Dirtiest Fantasy

DADDY'S TWINKS 1

El boca a boca siempre era la mejor publicidad que uno podía tener para que le fuera bien en los negocios y también en la reputación. En tiempo record, Dani Robles había pasado a ser la comidilla del recreo en el instituto entre los chavales que comenzaban a descubrir los secretos y los placeres del sexo a tan temprana edad. Algunos, incluso sin haber estado con él, de tanto escuchar las experiencias de sus colegas, se metían en los baños entre clase y clase y se cascaban un pajote a su salud.

Decían de él que era un macho guapísimo, atractivo, con una mirada que te dejaba desnudo y te penetraba hasta el fondo sin haberte metido aún la polla por el culo, con barba, muy peludo, con mucha experiencia y que sabía muy bien cómo cuidar en la cama a chicos más jovencitos que él.

Con estas premisas, Jerome James decidió iniciarse con ese hombretón. No sin cierto nerviosismo, pues suponía un gran cambio en su vida sexual pasar de estar haciéndose pajillas delante del ordenador, a dar por fin el gran paso de hacerlo con otro hombre, pero con muchas ganas, conoció en persona al macho del que todos le habían hablado tanto tiempo. Y no sólo reconoció todas sus virtudes de un vistazo, sino que descubrió por sí mismo muchas más que nadie le había contado.

Quedarse en pelotas delante de él fue intimidante y casi le da un parraque cuando se le acercó, le agarró la polla con esa manaza grande y fuerte y empezó a masturbársela mientras le rozaba la barba y la nariz por la cara, buscando su boca para darle un morreo. El tio despertaba un morbazo que lo flipas y el rabo de Jerome respondió como no podía ser de otra manera, poniéndose duro y firme como el palo de una escoba.

Me gustan depilados y aseaditos“, le susurró al oído. Jerome descubrió su papel de putilla en toda esta historia nada más empezar en esto del sexo. Dani fue a buscar una afeitadora y espuma y se encargó de desproteger al chavalito de los pelillos de adolescente que le rodeaban la base del rabo, unos pelos que hacía pocos meses habían comenzado a crecerle y que significaban su paso de niño a hombre.

A Jerome le chiflaban las mamadas en las escenas con las que se hacía pajas, así que estar de rodillas y poder comerse una de verdad, hacer que dejase de ser algo en su imaginación para convertirse en algo real, para él fue un gran paso. Se quedó chupando polla más tiempo del que necesitaba, quizá intentado retrasar el siguiente e inevitable momento en que dejaría de ser virgen para siempre.

Siempre imaginó que sería en la casa de un colega, después de ver una porno, pero ay! el destino qué perro es, que le tenía reservado algo mucho mejor. Podría haber sido su padre por la edad, pero no pudo resistirse al verle ahí sentado en el sofá, tan potente y varonil, con la polla tiesa esperando en alto. Se puso enfrente de él, le dio la espalda y empezó a sentarse, clavándose esa pollaca bien dura y completamente a pelo entre las nalgas.

Hasta ese momento se había centrado en él mismo y en esas nuevas sensaciones que estaba experimentando. La primera vez que chupaba una polla de verdad, la pérdida de su virginidad a manos de ese macho. Sólo cuando se dio la vuelta empezó a disfrutar del sexo y a comprender el bien que podía hacer a los demás, cuando vio lo mucho que ese tiarrón buenorro disfrutaba de la paja que le estaba metiendo con el culo, de cómo le daba un buen repaso de arriba a abajo a todo su rabo sacándolo y metiéndolo por su delicado ojete.

Cuando Jerome salió por la puerta de la casa de ese chulazo, lo hizo como un hombre nuevo, con otra perspectiva, como si el mundo de repente se hubiera hecho más grande, con nuevas posibilidades y tanto por descubrir. Salió con eso, con unos potentes y flipantes chorrazos de lefa encima y con unos cuantos menos pelos entre las piernas.

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