[Lucio Saints] El granadino Mikel Bosco se hace una paja a solas

Le hemos visto en multitud de ocasiones perreando con otros tios, muchas veces haciéndoles sus esclavos y otras tantas siendo él el que se dejaba mandar, entre olidas y corridas en zapas y calzones, lapos y hostias varias. Al granadino Mikel Bosco le encanta que le den y dar mucha caña, sobre todo si quien comparte con él son chicos morenitos con barba, pero ahora ha llegado el momento de ver cómo se lo pasa tranquilico a solas.

Mikel tiene un encanto especial. A simple vista parece un tio malote, avispado y muy travieso y la verdad es que las primeras impresiones con él no engañan, porque cuando se pone a hablar es un auténtico seductor que es capaz de levantarte la polla sin haber enseñado ni tocado aún nada, de hecho seguro que bastará su pequeña entrevista al principio de la escena, en la que cuenta cómo y quién le metió su primera preñada, así como quien no quiere la cosa y sin andarse con rodeos, para que no puedas levantarte sin ladearte el rabo de lo duro que se te ha puesto. Le habíamos escuchado poco hasta ahora y ahora entiendo por qué cuando se pone dominante otros tios obedecen ciegamente, si es que con esa voz y esa decisión que tiene, te dice que te pongas de rodillas y abras la boca y cómo negarse a hacerlo.

En chándal que va el chaval, marcando paquetón cargando la polla hacia la izquierda, refrotándose con las manos sintiendo el calorcito del rabo aprisionado. Cuando se saca los pantalones, ahí tiene el tronco, con toda su potencia, ejerciendo una fuerza sobrenatural hacia arriba que abre un hueco en el lateral de los calzones y se adivina su pollaca. No tarda en sacársela y dejar al aire la tranca empinada y sustentada por un buen par de cojones gordos y colgantes, de esos en los que da gusto posar los morros y acariciar con la barbita que a él tanto le gusta en los chicos.

Para el pajeo alterna entre dos formas, la técnica que yo llamo del lapicero, que es cogerse el rabo con dos dedos y el pulgar detrás y la forma más clásica de los cuatro dedos y el pulgar presionando por detrás de toda la vida que hemos ido aprendiendo unos de otros, que en mi caso fue cuando era pequeño y escuchaba a mis compañeros de clase decir cómo se la hacían. Entre pajote y toqueteos, a Mikel se le está poniendo muy dura. Porque no tiene un culo enfrente, que si lo tuviera ya estaría como un perro en celo.

Vida de lujuria marca entre cu cuello y su pecho tatuado. Lujuria y una buena trempada es lo que me provoca en ese momentazo en que lentamente reposa su trasero sobre el sofá, se abre copmpletamente de piernas y muestra un culazo blanquito y precioso. Se me pone dura del todo y me entran ganas de reventarle a pollazos. Qué cabrón, qué buen agujero que tiene, para hundirle la polla y no sacarla hasta meterle una de esas preñadas como las de su anécdota juvenil. Qué bien se lo moja con su saliva y se lo recubre de ella haciendo desear a cualquier tio empotrar su rabo dentro.

Entre gemidos sonoros y bufidos, termina sacándose la leche de la polla espesita, recibiéndola en el pulgar y dejándola caer sobre su torso y recubriendo su cipote con el último colgajo de leche que se resiste a caer hacia abajo.

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