Xavi Garcia infla a pollazos el ojete de Dani Robles | Men At Play

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Encargado de la recepción de la autoescuela y profesor, Dani Robles era un tio muy apañado. Nada más abrir por la mañana, un tio masculino que rondaba los treinta, trajeado y con barba, entró para pedir información para su hijo y ver las instalaciones. Por el hablar, Dani le reconoció enseguida. Xavi Garcia había llamado por teléfono antes varias veces y solía verle pasar por enfrente muy a menudo. Demasiado.

A primera hora todavía no había empezado ninguna clase. Al pasar al interior de las aulas, Xavi se desabrochó la chaqueta del traje y se tocó el paquete. El cabronazo estaba empalmado. Dani intentó obviarlo pero a medida que progresaba la conversación, el tio se le declaró, se acercó invadiendo su espacio personal, agarró la mano de Dani y la condujo hacia el pedazo bulto en la bragueta.

Dani le bajó la cremallera, le sacó la enorme y gorda morcilla con capuchón y se agachó para mamársela. La piel estaba tersa, suave, lubricada. Los labios se desplazaban tan bien sobre el tronco que sin darse cuenta acabó a cuatro patas comiendo como un cerdo, atragantándose con todo ese rabaco dentro de la boca, haciendo que la saliva le colgase por los cojones.

Él también se bajó los pantalones, primero le dio rabo a ese cabrón y después se puso de rodillas en uno de los pupitres, enseñando su grandote y peludo trasero al que Xavi no pudo resistirse. Le metió el rabo hasta los huevos y le hizo agacharse para recobir la corrida que le obligaría a cambiarse antes de que llegaran los alumnos de verdad, poque acabó con la cara y la solapa del traje perdidas de lefa.

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