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Calvin Banks protege el enorme pollón de su sensei William Seed con su culo ninja | MEN

Butt Ninja

Desde siempre Calvin Banks había pensado que los ninjas eran tipos solitarios que iban de un lugar a otro defendiendo aldeas, pero gracias a su sensei William Seed, descubrió que ser ninja era mucho más, era trabajar en equipo y centrarse en la misión encomendada. Y su sensei le había encomendado una muy importante: proteger su polla a toda costa.

Hasta que el ninja rojo Thyle Knoxx no apareció para atacar, no pudo descubrir la técnica secreta de su maestro ni por qué le pedía tal cosa. Fue entonces cuando descubrió que su fuerza no residía en sus perfectos abdominales, ni en su guapísima cara, ni en su pelazo, ni siquiera en sus fuertes brazos o peligrosos puños. La fuerza de Will residía en su grande y gruesa verga de macho.

Consiguió despistar al enemigo durante unos instantes, al arrancarse los calzones y ponérsele dura. El ninja rojo se recompuso después de ver el tamaño de su rabo, pero bastó un salto del sensei para volver a despistarle, porque la polla empezó a cilimbrear cortando el viento a su paso. Will aprovechó este segundo despiste para acercarse al ninja rojo y vencerle con un vergazo en toda la jeta.

“¿Comprendes ahora por qué debes proteger esto?”, le dijo William agarrando a Calvin por el moño del pelo y mirándose la polla. Calvin asintió y empezó a chupársela a mamadas. Estaba caliente por la reciente lucha y muy dura. Esa era su tarea como ninja, proteger la verga de su sensei, dedicarle amor tras cada afrenta y cuidarla como se cuida una katana después de un combate.

Podía parecer una tarea sencilla, pero había que tener muchos cojones para hacerla. No era sólo chupar y dejarla firme y brillante, también era afilarla y prepararla para combates más duros. El entrenamiento de mamada pasaba por abrir la boca y dejar que su sensei se la follara metiéndole la polla por la garganta, ponerse a cuatro patas y dejar que su maestro se la metiera por el agujero del culo con rabia.

Era así como ejercitaba su duro rabo para después apalear a los malos. Le folló el trasero con saña, fustigándole a pollazos, reventándole con fuerza, poniendo en el asador toda esa musculatura como machote chulazo que estaba hecho. Le metía el pito hasta el fondo, al menos una decena de veces por segundo, cacheándole con las pelotas en las nalgas.

Calvin terminaba tumbado bocabajo en el tatami, rendido mientras su sensei no dejaba de hacer flexiones sobre su cuerpo metiéndole el rabo una y otra vez sin descanso. Tenía fuerza y energía para parar un tren. Así debía ser el culo de un ninja, preparado para ser follado sin control. Su maestro le colgó de una cinta y le petó el culo. Pudo ver su cuerpo sudoroso, su cara roja de vicio y de placer desmedido. Calvin alzó su polla como una copa y ofreció un brindis, el de su lefa saliendo de la paja que acababa de hacerse, con esos abdominales perfectos de fondo.

Vio la cara de su sensei, que gemía y gritaba de gusto a punto de correrse. Le sacó la polla del culo y le urgió a ponerse de rodillas con la cara delante de la herramienta que debía proteger con su vida. William puso los ojos en blanco y empezó a correrse sobre su mejilla dejándole todos los lefotes espesos y blanquitos encima. La leche derramada resbaló por la mandíbula y el cuello de Calvin, que ahora tenía otra dulce misión por delante: no dejar que se desperdiciara ni una sola gota del arma definitiva.

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