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El colega hetero del cazador da de comer rabo a Angel, se le folla sin condón y le mete un facial cargado de leche en su guapísima cara | Latin Leche

Dark Desires

Qué ojazos grandes. El cazador podía haberse pasado todo el día fijo en esa mirada y en la guapísima carita de Angel. Tras preguntarle qué le gustaba hacer en la cama, le costó asimilar que ese chaval que parecía tan formalito de repente le dijera que a veces se ponía bien puta y deseaba que se lo cogieran. Sin pedirle nada se dio la vuelta y se bajó los pantalones para enseñarle el culazo, redondito y peludete y volvió a mirar hacia atrás con sus ojazos, haciendo que al cazador se le pusiera el pito como un cohete.

Aprovechó que estaba generoso para pedirle que se desnudara entero. De espaldas estaba delicioso. Ese culo merecía ser penetrado sin compasión, más todavía con la pija escupiendo leche que llevaba tatuada en una de las nalgas. Por delante era todo un adonis. Se agarró timidito la picha estirándola y pajeándola para trempar, quizá pensando que no daba la talla, pero la daba y de sobra, porque tenía un rabo bastante largo y guapo, encerrado en su capuchón.

Se sintió más cómodo cuando su polla creció entre sus manos y se dedicó a pajeársela. Además de guapo, bien dotado y orgulloso de sus grandes huevos, que se agarró con la palma de una mano y empezó a subirlos y bajarlos para que la cámara los grabase bien. Confesó que necesitaba ayuda para que se le pusiera aún más dura, entonces fue gateando metiéndose entre las piernas del cazador y le pidió que le dejara chuparla.

Era verdad eso de que el tio se convertía en una putita. Se lo pidió de una forma que no pudo decir que no. El cazador se bajó los gayumbos y le dio de mamar. Qué bien la chupaba el cabrón amasándola fuerte entre sus labios, cómo ponía los ojos en blanco en señal de que la estaba degustando. A veces se la chupaba como si le estuviera dando un beso en la pija, mirándole fijamente y sacándola suavemente de entre sus labios, otras se la zampaba hasta el fondo.

Tener esa carita guapa tan cerca hacía trempar a cualquiera. El cazador, que era bien generoso, pensó en algún coleguita para compartir ese trofeo. Le propuso pasárselo bien con otro tio, solo que era hetero y estaba casado. Mientras llegaba, dejó que se la siguiera chupando y el cazador se dio el gustazo de agarrar la pollaza dura de Angel, ahora mucho más larga que la suya. Tenía un buen platanaco entre las piernas.

Al colega hetero le gustaba azotar coñitos, pero tampoco escondía que le molaban las manos o la experta boca de un tio en su pija. Adoraba las miraditas de los tios cuando se bajaba los calzones en el vestuario. Eso de sentirse deseado le ponía muy cachondo y un buen día descubrió que, aunque amaba a las chicas, le gustaba contentar y hacer felices a los chicos.

Acababa de salir de un entrenamiento con el equipo de fútbol, así que llegaba sudado, con las zapas y la equipación puesta. Hasta por debajo de los pantaloncitos cortos llevaba las mallas ajustadas para que al jugar el pene y los huevos quedasen en su sitio sin molestar. Al quitárselas, un pollón grueso, venoso y encapuchadito, algo morcillón, salió rebotando y rezumando un olor a sudor al que Angel no pudo resistirse.

Mientras la polla y los huevos se despegaban después de haber estado tan comprimidos, Angel empezó a desvirgarle la polla a mamadas. Intentó tragarla entera, pero con esta no tuvo tanta suerte y es que a medida que la chupaba seguía creciendo más y más, lo que provocó algunos sonidos guturales cuando intentaba colársela por la garganta.

El cipote encapuchado salió ahora descapullado y brillante de su boca, completamente lleno de babas. El cerdaco chupa pollas tuvo el valor de relamer ese pito enorme mirando al cazador para ponerle cachondo. El hetero le cogió por el cogote y le folló la jeta insertándole el trabuco hasta el fondo, hasta hacerle soltar arcadas. Tener a esa zorrita comiendo de su polla, mirándole con esos ojazos mientras se azotaba con su enorme y duro rabo y se lo rebozaba por todos los morros, era una estampa que no podría olvidar.

Aunque al cazador no le hubiera importado seguir viendo esa mamada hipnotizante, sugirió a su colega hetero si quería follárselo. Por supuesto que quería beneficiarse a ese tio guapo y ya adelantó que después quería correrse en su carita. Angel se levantó y se colocó mirando hacia la barandilla de las escaleras, separó y alzo una de las piernas y el hetero se acercó por detrás con la picha bien tiesa, presentó el cipote a su ojete y se la metió sin condón.

Parecía que Angel ya se había puesto en ese modo puta. No paraba de gemir, de decir lo rico que estaba y cómo le estaba partiendo el culo, tenía la mirada perdida pensando sólo en el placer que sentía con esa polla tan grande y gorda perforándole por detrás. Daba gusto mirar esa carita tan guapa, ahora con el pelo del flequillo empapado en el sudo de su frente, esas cejas gruesas sobre su preciosa mirada. Había estado bien ver al macho empotrador, pero ahora necesitaba ver a esa pedazo puta en acción. Tenía ganas de ver hasta dónde llegaba.

Sacó una silla de oficina en la que se sentó su colega hetero y Angel se lo cabalgó insertándose su polla por el agujero dándole la espalda. Angel no paraba de saltar sobre esa verga gruesa y al hetero parecía que no le importaba sentir el azote en sus partes nobles de otro rabo y otros huevos que no fueran los suyos. Entre el hetero y elcazador se lo llevaron al sofá y le dieron rabo por deñante y por detrás.

El momento leche fue espectacular. El hetero iba a cumplir lo prometido. Empezó a masturbarse a manotazos su pedazo de polla encima de la jeta de ese chaval que no dejaba de lamerle las bolas y de echarle el aliento en la pija. Un par de lechazos espesos en la lengua, otro largo por debajo del ojo que casi le deja ciego, otro pringándole la barbita y el resto resbalando por su barbilla, colgando y cayendo en su cuerpo. Por esa polla cabrona no paraba de manar leche y Angel seguía con la boca abierta y la lengua por fuera disfrutando de esa cerdada.

Con la polla pringando de leche y chorreando, el hetero recuperó el conocimiento y le hizo comerle toda esa polla engrasaba con el sabor de sus huevos encima. Se la volvió a enchufar hasta la garganta, asegurándose de que se tragaba el caldo de hombre que tenía dentro de la boca. El cazador se quedó un rato grabando al chaval, que ahora, además de guaperas, estaba aún más irresistible con la carita llena de leche.

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