Jordan Faris, Bobby Noiret y Justin Saradon se comen las pollas, los huevos y follan sin condones | Bel Ami Online

Podía ser el móvil lo que les apretaba en los bolsillos, pero no, era demasiado grande y cilíndrico como para serlo. La realidad es que Jordan Faris, Bobby Noiret y Justin Saradon se alegraban de verse unos a otros después de todo un curso. Ese fin de semana en la casa cerca de la playa iban a disfrutar de cada segundo y no iban a dejar nada sin hacer.

Después de unas carreras por la orilla que dejaron sus cuerpos bañados en sudor y bronceados, les faltó tiempo para quitarse las bermudas nada más entrar por la puerta. Los tres estaban muy bien dotados y las pichas les colgaban poderosas entre las piernas, a punto de levantarse. Justin, que siempre había sido un mamón, fue el primero en bajar a comer los bajos de sus amigos.

Mientras Jordan y Bobby se daban el lote, él estaba ahí abajo, acicalando una y otra polla, poniéndolas firmes. La que no estaba pajeando con fruición y chupando, la tenía bien amarrada con la mano. Les hizo tumbarse y les dedicó unas mamadas en primera fila, para que disfrutasen de las vistas. Los dos colegas se abrazaron, gimiendo de gusto mientras el tercero les hacía el trabajo sucio.

A su edad eran de los que dejaban pintadas de rabos en los baños y los cuadernos, apenas un uno por ciento del tiempo que pasaban despiertos no lo dedicaban a pensar en el sexo y los falos eran su bandera, su razón de ser. Tenían ya las pollas empalmadas, enormes y venosas, dispuestas a penetrar culos, pero ellos seguían dándole a la lengua, relamiendo sus durezas y haciendo bailar sus pelotas. El culto al rabo era lo primero.

Entre Bobby y Jordan le hicieron una comidita doble de rabo y ojete a Justin, que se quedó con los ojos cerrados tumbado sobre la cama, disfrutando de las sensaciones de todo lo que sucedía entre sus piernas. Le siguieron chupando la polla cuando notó una buena polla atravesándole el ano. Ya estaba acostumbrado a ser la putita y le encantaba.

Se puso a cuatro patas para dejarse dar por detrás sin condón mientras otro de sus amigos se ponía delante y le hacía tragar rabo. Se sentó sobre las piernas de uno de ellos y no paró de saltar hasta que la leche salió de su polla y le dejó todo el torso lefado. Casi a la vez, uno de sus colegas le plantó la leche en la boca y el otro se corrió apuntando con el rabo hacia el agujero de su culo. Justin se dejó caer en la cama sonriendo, babeando lefa y con el ojete mojado. Bobby y Justin hicieron lo mismo, tomándose unos minutos de descanso, pensando y mirando sobre sus cuerpos la guarrada que acababan de hacer.

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