Dalton Ryder se folla el culazo de Loman Sinan sin condón con sus veintidós centímetros de polla bien gorda | Fucker Mate

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Sus besos fueron mejor de lo que había imaginado, tan calientes como podía esperar de un colombiano. Dalton Ryder sabía cómo calentar a un tio desde la boca, metiendo la lengua, pegando pequeños mordisquitos en los labios, haciendo que Loman Sinan se derritiera por los suyos, gruesos, tanto como la polla que ya le calzaba hacia la izquierda por debajo de los apretados gayumbos.

Loman se los bajó tirando de la goma hacia abajo, justo por encima de los huevos. Se quedó mirando esa trompa larga y gorda, rozando su base con los nudillos de los dedos y la zarandeó un poco hacia arriba para ver cómo rebotaba, para sentir su peso. Con ayuda de Dalton, bajó la goma de los calzones por debajo de los huevos, para así tener las manos libres y dedicarse en cuerpo y alma a ese enorme pollón que terminó de crecer del todo dentro de su boca.

Al sacarla la admiró, esa puta polla había crecido casi el doble que cuando se la metió en la boca. Dalton, que estaba abierto de piernas con Loman metido entre ellas, elevó el culete de la silla y meneó la chorra. El badajo cilimbreó dando una hostia en la mejilla a Loman, que enseguida la cazó con la boca y se la volvió a chupar. Que le gustaban estos jodidos rabos tan gordos que le completaban.

No era ni mucho menos perfecta. Tenerla tan grande implicaba una leve deformidad. Desde la mitad se curvaba ligeramente hacia abajo y hacia la izquierda. Pero a Loman le encantaban así, imperfectas, desviadas, con las que pudiera jugar y sentir cosas diferentes cuando se la metieran. Dalton le agarró por detrás de la cabecita, retiró la polla hacia su torso y le hizo comerle los huevos.

Sacó la lengua, sintiendo la textura rugosa y a la vez suave de la piel que resguardaba sus pelotas, el peso de un huevo encima y lo arropó entre sus labios despegándolo de la base del rabo. Después el otro, mientras las napias rozaban el rabo caliente y se ponía cachondo. Loman agarró el pollote y se lo masturbó, haciendo correr la piel gruesa y morenita hacia arriba y hacia abajo, cubriendo y descubriendo un glande que se moría por cazar un buen agujero.

Se tumbó bocarriba sobre la cama y dejó caer la cabeza hacia atrás en el borde. Lo siquiente que notó fue la mano caliente, fuerte y varonil de Dalton apretando su garganta, una mano que tenía la intención de comprobar que efectivamente su polla desplazaba la nuez de ese tragón cuando se la metiera casi hasta el fondo.

Le dio unos cuantos respiros, momentos que aprovechaba para dejar reposar su rabo por debajo de su mentón mientras el cabrónj se asfixiaba comiéndole los huevos. Y es que tener el cipote acariciádole el valle entre los pectorales, le ponía bien cerdo.

Loman se revolvió sobre la cama y se puso de rodillas, sentado sobre sus talones, dejando los pies y el culito donde momentos antes había tenido la cabeza. Dalton le agarró de los pelos y le metió el trabuco sin condón. Demasiado gorda para su estrecho agujero, tras varias intentonas, al final Dalton se las apañó para colarla dentro, con mucho tesón y mimo.

El chaval estaba receptivo y su ojete no podía negar que la quería toda, cuando al sacársela palpitaba expandiéndose y cerrándose, nada que un experto meneo de caderas no pudiera solucionar. Loman no paraba de gemir, sumergido entre el dolor y el gusto de un aparato tan gordo penetrándole el agujero. Primero la puntita, después la mitad de la polla y en el punto álgido de la follada, casi toda entera.

Si se la dejaba dentro un rato se acostumbraba, pero ese momento en que estaba bocarriba con las piernas abiertas de par en par, cuando Dalton se la sacó del culo y volvió a meterla con la intención de pegarle las pelotas a la raja, volvió a llevarle al punto de salida. Loman tiró de la fuerza de sus abdominales y justo cuando los huevazos estuvieron a punto de tocar sus nalgas, Loman le puso a Dalton las manos en las caderas para frenarle.

Dalton sacó la polla. El ojete seguía palpitando solo que ahora era más amplio. Sin esperar a que se cerrase, volvió a meterla, esta vez sin forzar la máquina, disfrutando, dejando que la follada les guiara. Dalton se tumbó sobre la cama y Loman cabalgó montado sobre sus piernas, después volvió a darle por detrás, los dos de rodillas sobre la cama, Loman de nuevo sentado sobre sus talones.

Loman se crujió la polla, sintiendo el nabo gordo perforándole el culo. La lefa decoraba los alrededores de su ombligo mientras él se estremecía de gusto sobre la cama. Dalton se tumbó pasándose un brazo por detrás de la cabeza y se cascó un pajote. Los mecos salían despedidos de su cipote cuando Loman se acercó a chupárselo todo. Una polla enorme y gorda recién ordeñada, los nudillos de la mano de Dalton llenos de lefa y los morritos de Loman mojados.

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