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El jovencito rubio guaperas Connor Peters sorprende mostrando su gorda y gigantesca pollaza australiana | Bentley Race

Un buen día el correo de Bentley petó. Un chavalito de Melbourne le había enviado montones de fotos y vídeos subidos de tono, haciéndose selfies el los baños del gym, con sus colegas, también partes de grabaciones en lo que parecían ser folladas en habitaciones de hotel. Cuando le llamó y le invitó a una sesión de fotos y para grabar unos cuantos vídeos, rezó porque no le hubiera mentido y fuera mayor de edad.

Connor Peters tenía 21 añitos, pero por su carita aparentaba apenas diecisiete. Unos ojazos azules derritieron a Bentley por dentro cuando le abrió la puerta de la habitación donde harían las fotos. Pelazo rubio, la frente todavía mostrando signos de pubertad, con algunas espinillas aisladas, brazos largos, piernas largas que hacían intuir a Bentley por dónde iban los tiros de su miembro viril.

Para ser tan jovencito, el cabrón tenía un señor cuerpazo, atlético y delgadito. Le sorprendió lo rápido que se quitaba la ropa en presencia de desconocidos. De hecho en apenas unos minutos ya lo tenía sobre la cama, con apenas una camiseta blanca cubriendo su torso y el muy pillín escondiendo sus vergüenzas detrás del un balón de fútbol.

No tardó en retirar la pelota. Se alargaba la picha bien larga con una mano, tirando del pellejo del capullo hacia abajo. Parecía de chicle y daba de sí que era una maravilla. Cuando la dejó suelta, Bentley se puso tan nervioso que accionó el disparador varias veces seguidas perdiendo el control. Hasta estando de rodillas, Connor tenía la polla tan larga que le llegaba casi hasta rozar el colchón. Una vena gorda le recorría la parte superior del pene semierecto y el pellejo le recubría un cipote grueso que no podía disimular ni con todo ese pedazo de carne encima.

Si Bentley creía que lo había visto todo, estaba muy equivocado. Connor comenzó a jugar con su rabo metiéndolo por la parte baja de su camiseta. Cuando se la sacó, el cabronazo enseñó una polla gordísima, gigantesca, firme y erecta apuntando hacia arriba. Y a pesar de haberle crecido tanto, el doble en tamaño y grosor, el glande todavía quedaba recubierto por la capucha, aunque enseñando ahora un poquitín la raja del cipote.

Con qué gusto se la habría cogido con la mano haciéndole una pajilla hasta que se corriese en su puño, pero decidió dejarlo para después. Le prestó un fleshjack. Ahí fue cuando le vio por primera vez el cabezón del cipote, gordísimo, rosáceo, imponente, rozando los labios del puto cono de goma, cuando se retiró la piel del pellejo dispuesto a penetrarlo. Mientras esa pedazo de polla destrozaba el interior del fleshjack, Bentley sentía como si se la estuviera metiendo por el culo. Juraría que mojó los calzones cuando Connor la sacó del interior, brillante y mojada, todavía más dura y grande que antes si es que eso era posible.

VER A CONNOR PETERS EN BENTLEYRACE.COM

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