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El cubano Claudio Medina se folla al chulazo Klein Kerr sin condón, se corre en su cara y le mea encima | Tim Tales

En cuanto se quedaron desnudos de rodillas sobre la cama, Klein Kerr apoyó la mano de colega sobre la nuca de Claudio Medina y lo acercó hacia él mientras con la otra mano le agarraba el puro cubano que le colgaba entre las piernas, larguísimo, gordo y morenote. Así se quedaron un rato, con las frentes unidas, echándose el aliento de unos gemidos apagados provocados por mirarse las pollas y los cuerpazos que tenían.

El contraste de su medallita blanca contra su cuerpo moreno, los oyuelos en sus mejillas cada vez que sonreía, su nariz ancha y respingona en esa cara guapa de machote con barbita de varios días. Un cúmulo de cosas hicieron que Klein bajara a comerle la polla, asiendo los cojones con una mano mientras con la otra le agarraba el primer tercio del miembro e intentaba meterse los otros dos dentro de la boca a bocados.

Con un tiarrón chulazo y guaperas así comiéndole el trabuco, a Claudio no le costó nada trempar. Tenía pinta de tragón, así que le puso la cabeza al borde de la cama y le hizo un garganta profunda hasta que terminó cantando. Después, allí donde tenía la boca, le dio la vuelta y plantó le culo para meterle el pijote todo enterito sin condón.

El chulazo comenzó a gritar como una zorrita a medida que el agujero de su culo se expandía diametralmente al paso de la barrena de la enorme polla. Un invitado especial hizo acto de presencia. Viendo a esos dos follar, Tim Kruger se animó a sacarse la verga y pajeársela como un voyeur en el dintel de la puerta. Le daba tanta pena ver a un tio tan guapo con un agujero libre que terminó acercándose y taponándole la boca a pollazos.

De mirón pasó a donar su rabo para la causa y Claudio terminó dejándole libre el hueco del culo de Klein para que él también hiciera los honores. Veinticinco centímetros de rabo duro y gordo insertándose en sus entrañas, Klein degustó la polla cubana de Claudio con mucho cariño. En cuanto Tim acabó de darle por detrás, Claudio volvió a pedir a Klein que pudiera la cabeza en el borde de la cama, pero esta vez para correrse encima.

Igual que no le había costado nada ponerse palote con ese tio guapo, tampoco le costó sacarse la leche. Salió brotando de su larga polla, los mecos espesos, blancos y calentitos caían sobre la barbilla, el bigote y la mejilla de Klein. Le estaba dejando bien guapo, pero ahora tocaba dejarle bien sucio. Se echó una meada encima de ese cabrón, como el perro que mea en un árbol, haciéndolo de su propiedad.

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