Koldo Goran, Fostter Rivera y Vadim Romanov le meten a Joaquin Santana un gang bang de pollones a pelo y le dan de merendar lefa | Tim Tales

No sé cómo acabé esa noche, después de tomarme las uvas y ponrme ciego de alcohol, de rodillas sobre el suelo de vete a saber dónde, con un manojo de tres pollas flipantes rodeándome y buscando calorcito dentor de mi boca. Les senté en fila sobre una cama y empecé a pajear pollas gigantes por doquier. Mientras mi boca chupaba una, empleaba las manos para pajear las otras dos. Eran enormes, gordísimas.

Recuerdo que miraba hacia arriba y veía las caritas de placer de aquellos machos que agarraban mi cabeza para hacerme tragar más de lo que podía y otras veces se besaban entre ellos del gustillo que les estaba dando la mamada.

No recuerdo haber escuchado el rasguido del plástico de un condón. Me pusieron sobre una cama y me rodearon como lobos. Dos siempre se quedaban con la polla cerca de mi cara y se iban turnando para explorar mi ojal. Volvían con la polla más dura y tiesa que antes. Yo sabía que mi agujero de apariencia tan estrechito provocaba eso en los hombres, pero no tenían más que meterla para comprobar que se lo tragaba todo.

El primero de ellos me calzó la polla enorme a pelo en el agujero. Me sentí en el puto cielo, más de lo que ya lo estaba. Sentí el calor de ese rabo en mi interior mientras los rabos gigantescos de los otros dos tiarrones no dejaban de sobarme todo el cuerpo, uno de ellos rozando su pollón contra mi espalda y el cuello intentando hacerse una pajilla. Las tenían tan grandes que, en lugar de parecer que hubiera tres tios dándome por culo en aquella habitación, hubiera treinta por lo menos, con sus rabos rozando mi cuerpo.

Me quedé tumbado boca arriba con las piernas y la boca abiertas como una buena puta. Las polla iban desfilando sin condón por mi ojete y mi boca no paraba de disfrutar rabos por todas partes, con el sabor de los cipotes que rezumaban la primera lechecita.

Eso dio paso a una follada interminable en la que se fueron turnando follándome el culo como bestias salvajes, haciendo desfilar sus barras todo lo grandes que eran, desde el capullo hasta empotrarme las pelotas en las nalgas.

No sé en qué momento decidieron disfrutar juntos, pero uno me sentó encima de él empalándome en su rabo, de repente otro se acercó por detrás de mi espalda para hacerse el segundo hueco dentro de mi agujero y el que restaba se dedicaba a engrasar los rabos con saliva y ejercer de mamporrero antes de acercar su rabo a mi boca y completar todos los huecos de mi cuerpo. Tenía dos pollas a la vez jodiéndome el ojete.

Lo único que recuerdo de después es que, mientras uno de ellos me seguía follando el culo, los otros dos empezaron a pajearse fuerte sobre si jeta. El primero que se corrió me dejó toda la leche dentro de la boca y en la barbilla y la ceja. El otro se puso burraco, apartó al que se había corrido y de su pedazo barra enorme empezó a brotar un montón de lefa taponándome la puta boca.

El que me estaba follando, no pudo resistirse a meterme un morreo al verme la cara así de blanquita con los chorretes pringosos de sus colegas, pero enseguida se sacó la polla de mi culo y en cuanto la tuvo apuntando a mi cara, soltó unos chorrazos que me lefaron hasta la otra oreja. Recuerdo sus caras de felicidad mojando sus rabos como pinceles en aquella mezcla de lefa e introduciéndolos por mi boca. Después me quedé dormido.

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