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Joey Mills se la chupa entera al jefe de policía Dom King y le da culo para que se lo folle a pelo | MEN

Dirty Cop Part 1

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Creyó que en ese pequeño pasillo de las oficinas no habría cámaras. El jefe de policía Dom King le llamó a su despacho para enseñarle las evidencias y, aunque desde el primer tiro de cámara donde se le veía de espaldas, Joey Mills intentó justificar en un primer momento que ese día le tocaba hacer la colada, el segundo objetivo que estaba justo encima de la acción no dejaba lugar a dudas. Joey cascándosela mientras se esnifaba los calzones de un camarada, corriéndose en ellos y devolviéndolos a la cesta.

Le hizo entregar la pistola, la placa y hasta el uniforme, que le obligó a quitarse en el mismo despacho antes de salir por la puerta. Cuando se quitó la camisa, Dom se quedó mirando ese cuerpecito delgado pero atlético. Su vicio inconfesable eran los chicos jovencitos como ese. Tras quitarse el uniforme, Joey se quedó en gayumbos. ¿En serio? Dom le pidió que también se los quitara. No eran suyos. Al bajárselos, Dom ya no pudo retirar la vista de su entrepierna.

Qué hostias les daban de comer a los chicos de ahora para tener esas pollazas. Delgadito y pollón, no fallaba. Menuda minga. Dom había visto muchas de chicos de su edad, pero ninguna tan larga y grande como esa en relacción con la complexión de su cuerpo. Descomunal. La manita del jefe de policía fue directa al paquete, intentando recolocarse la polla que acababa de crecerle.

Una vez el chaval salió del despacho, Dom se aseguró de que no hubiera nadie cerca. Le apenaba tener que hacer aquello, pero eran gajes del oficio. Eso sí, el chico sabía lo que se hacía y le comprendía perfectamente. Cómo resistirse al aroma de la huevera del tio que te mola. Mientras con una mano seguía amasándose el paquete, con la otra agarró los calzones del chaval y se los puso en las napias aspirando su olor. Un olor dulzón que le volvía loquísimo.

Olor a rabo, a sexo, a hombre. El pito durísimo. Se abrió la bragueta y se lo sacó dispuesto a cascarse un buen pajote cuando Joey entró por la puerta y le pilló en bragas. «Yo diría que esto ya lo he visto antes«, se pronunció el chico. Una mano en el rabo, otra en los gayumbos. La evidencia personificada. A Joey no le gustaban los chivatos y menos aún los polis corruptos, pero estaba dispuesto a ser uno de ellos si con ello conseguía su propósito. Que le devolviera la pistola, la placa y el uniforme a cambio de no decir nada al superior del departamento.

Estaba hecho. En una hora las imágenes estarían borradas del servidor y como si nada hubiera pasado. Pero Joey no estaba conforme sólo con eso, quería ser recompensado por haber sido humillado de esa forma, por haberle dejado desnudo en el despacho. Se inclinó sobre la mesa, alargó la mano y sobó el largo y potente falo de su jefe. La tenía bien dura y muy caliente.

Pasó al otro lado de la mesa, se puso de rodillas y se la chupó. Le hizo una mamada de tornillo haciendo que se le pusiera más dura todavía, dibujándole la vena. Dom puso cara de tontorrón, disfrutando de esos labios dulces recorriendo su polla, acariciando la espalda, el cuello y la parte trasera de la cabeza del chaval. Qué boquita tan hambrienta. Apenas pudo aguantarle la mirada desde arriba, viendo cómo se la jalaba, cómo se trabajaba de bien el pollote para ser tan jovencito.

Con toda su inocencia y sin pretender ser el poli corrupto que se había propuesto no ser nunca cuando entró en la academia, Joey dio la espalda a su jefe, se inclinó sobre la mesa, con el uniforme todavía encima de ella y ofreció a Dom su culito. Después de comérselo, Dom se puso en pie y dirigió su misil hacia el ojete. No sabía si le iba a entrar, puesto que la tenía demasiado grande y gorda para un agujero tan apretado, pero con cariño, Dom sabía que todo terminaba entrando.

Le metió la puntita y el rostro del chaval se descompuso de auténtico placer. Le metió otro trozo y retrocedió para coger impulso y penetrarle sin condón. Joey se puso cariñoso, relajando sus gestos, dejándose llevar, tocando el torso viril y masculino de su jefazo. Todavía entraba muy apretadita, pero Dom no cejó en su empeño y en apenas unos segundos ya se lo estaba follando como mandaban las reglas.

Le cogió por las caderas y le propinó una buena pollada. La rabia de Dom iba en aumento. Reventar culitos era lo suyo. Cogió a Joey por los pelos de la cabeza y le dio por culo como no estaba escrito. Le quiso sobre la mesa, bocarriba, con las piernecitas abiertas. Blandió ese tierno culito con su gigantesco pollón, con su tremenda porra de poli.

Eso de tener el poder le excitaba, le ponía bien cachondo. Se inclinó sobre Joey y le cogió en volandas para seguir follándoselo de pie, aprovechándose de la fuerza de sus formidables brazos de héroe. Le plantó las manos en la espalda y le impulsó hacia arriba para que, al caer por la fuerza de la gravedad, tragara rabo por el culo. Sus gemidos tan cerca, las piernecitas encima de sus hombros, el ojete abierto de par en par para él.

Dom se sentó en la mesa y se tumbó encima sin sacar del culo la pirula, dejando que Joey le cabalgara. Venga, pedazo de cerdo, córrete encima de mí como hiciste en los gayumbos de tu camarada, pensó Dom. Joey se estaba tocando la polla. Qué larga la tenía el cabronazo. Gimió de gusto y empezó a soltar chorrazos, toda esa lefa caliente desperdigándose sobre el torso de la ley. Joey se soltó el rabo, que cayó a full sobre el charco de leche, rebozándose por encima.

A Dom le encantaba tener un rabo rozándole y fostiándole la barriga, pero eso también se la ponía dura, pero que muy dura. Agarró al chaval de nuevo en volandas, pero esta vez impulsando su pandero hacia arriba para sacarle el pollón de dentro. Se sentó al borde de la mesa dirigiendo a Joey para que se agachara y pusiera su linda carita a tiro. Toma paja. Dirigió mal el primer tiro, pero en el siguiente acertó de pleno chorreando la boca del chaval, haciéndole cosquillas en el paladar. Si algo sabían en ese departamento era que se podía trincar a un criminal por las pruebas que dejaba, así que Joey, como buen profesional, se encargó de chupar la polla hasta no dejar ni huella.

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