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Beau Reed atrapa a Edward Terrant en la ventana y se folla su apretado culito sin condón | Family Dick

Stepdad's Window Trap

Si su hijastro Edward Terrant creía que se podía pasear por la habitación impunemente a esas horas de la mañana, cuando un hombre se levanta epalmado con ganas de guerra, mirar el sol por la ventana y dejarle a la vista ese jovenzuelo culito bien marcado en unos calzoncillos finitos de algodón, lo llevaba claro. Beau Reed se acercó por detrás sigilosamente, bajó la ventana para atraparle ahí fuera y se agachó descubriendo su melocotoncito.

Acercó los morros despacio, sintiendo el calor que desprendía esa rajita, esnifando su aroma. Con sus grandes y varoniles manos le agarró de cada nalga y estiró hacia afuera descubriendo la flor de su secreto, plantó la lengua propinándole unos buenos lametones y le dio varias raspadas con la barba. Qué culito tan delgado y pequeñito, que ajustado, ni siquiera sabía si iba a poder penetrarlo con su enorme polla, pero iba a intentarlo.

Le metió un dedito para ver qué tal y casi le pareció imposible que algo más grande pudiera colarse ahí dentro. Cómo lo agarraba el cabrón con fuerza, que casi se le queda el dedo dentro. Beau se emocionó y se le puso durísima sólo de pensar en su polla ahí encajada. Se interesó también por ver qué tal gastaba su chaval, se la sacó de los calzones y se sorprendió de lo larga que la tenía.

Con la luz del solecito de la mañana dándole en la cara, forzó la polla hacia atrás pasándola entre sus piernas, le relamió del cipote al ojete y se la comió más tiempo del que esperaba hacero, pero es que estaba bien rica y pensó que un chavalito así se merecía que le metieran un buen desayuno entre pecho y espalda. Simplemente cerró los ojos, se metió la pirula dentro de la boca y empezó a mastrubarla entre sus labios gozando de cada centímetro, de cada tropezón de vena hinchada.

Se puso de pie, presentó su pollón descapullado a ese culazo y se excitó con la idea de que quizá fuera el primer hombre en explorar sus profundidades. Beau estaba pensando en el sexo casi todo el puto día y siempre intentaba sacarle el tema a Edward, pero el chaval era timidillo y nunca le había contado si algún otro chaval se la había metido alguna vez, siempre esquivaba el tema.

Lo esquivó hasta ese día que quedó atrapado en la ventana. A Beau ya no le importaba si algún otro se había colado por la puerta de atrás de la casita de su chaval. Empujó las caderas hacia adelante y le metió todo el pedazo pene sin condón, escuchando los gemidos de su chico ahí fuera, amortiguados por el cristal de la ventana. Por como gemía y lo paretado que tenía el culito, o era virgen o nunca le habían metido una polla como la suya.

Si era así, se alegraba de ser el primero y que la cosa quedara en familia. A ver cómo iba a explicar eso a su mujer como abriera la puerta y les pillara así, el chavalín abierto de piernas y él con la bata abierta metiéndola a fondo, follándose su culito. Pero esa era la forma que mejor se le daba para proteger a su hijo, preparándole para todo lo que estaba a punto de venirle encima en el mundo real ahí fuera, lleno de depredadores como él deseando cazar un chaval así.

Para cuando le dejó libre ya lo tenía en el bote y se fueron juntos a la cama, de quedaron desnuditos, Edward se tumbó abriéndose de piernas y Beau volvió a pasar dentro follándole a fondo, notando la presión que las paredes de su estrecho ano ejercían sobre su gordísima polla, agarrando del rabo al chaval y pajeándoselo mientras se lo zumbaba.

La trampa se le volvió en contra. En el momento en que Beau se tumbó en la cama y dejó que Edward cabalgara sobre su rabo, entró en una habitación sin salida. El chaval empezó a cabalgarle con ganas, masturbándole el miembro con el culo a cada salto, creyendo que hombres veteranos de guerra como él podrían sobrevivir a cualquier asalto. Pero no era así. Hasta los mejores soldados flaqueaban de vez en cuando.

Le metió una buena preñada. “Levanta el culo y mira lo que has hecho hijo de puta“, le dijo. Apoyando las manos sobre la cama, lentamente Edward elevó el culete sacando la polla de su interior. La leche salió como crema de su ojete resbalando por el rabo, depositándose en la base de la polla de Beau. Una mano le flaqueó y sin querer el rabo cubierto de semen se le volvió a hundir lentamente dentro del culo. Beau creyó que el chaval lo había hecho a posta y le dio las gracias. Ya que estaban, le penetró un poquito más, hasta que se le rebajara la polla. Le dio un besito de buenos días y le dejó en la cama un rato más que para eso era sábado. Se anudó de nuevo la bata y se fue a su habitación con la polla mojada y chorreando, esperando llegar antes de que se levantara su mujer, encantado de tener una nueva familia donde pudiera devorar pescado y carne a su antojo, sobre todo carne.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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