Barron penetra el culazo de Roman sin condón y le hace soltar precum al meterle la polla por primera vez | Corbin Fisher

Stretching Roman

Al benjamín parecía no importarle, pero Barron dejó de besar a Roman por un segundo y se le quedó mirando fijamente, como si amase su guapísima cara, sus ojos, su boca, sus labios, su cuerpo, deseándolo en lo más profundo. Tras quitarse las camisetas, juntaron sus torsos desnudos y algo más ahí abajo. Los dos se habían puesto cachondos y se alegraban de verse.

Para qué ocultar más lo que estaban deseando ver. Roman se tumbó en la cama y se sacó los pantalones y los gayumbos. Su larguísima pija salió rebotando, dura pero todavía encapuchada. Barron se coló entre sus piernas, se la enderezó cogiéndosela con una mano, la relamió como un poco sin dejar de mirar al chaval, se la descapulló con los labios y se la metió dentro de la boca.

La mano de Roman acariciaba la cara de Barron mientras se la chupaba y veía cómo le comía los huevos. Le daba tanto placer que no podía contener los intensos gemidos que le salían del alma. Él estaba muy bien dotado, pero quería saber cómo calzaba Barron. Se llevó una grata sorpresa al ayudarle a bajarse las bermudas y descubrir que la tenía grande y gorda y además con un par de huevos colgando que le iban a hacer muy feliz.

Empezaron fuerte con un sesenta y nueve comiéndose los rabos. La habitación se llenó con el runrun de los come pollas, gemidos apagados de bocas llenas. Viendo tan cerca los flipantes cojones de Barron, a escasos centímetros de sus ojos, Roman tragó y tragó hasta que sintió el roce y el calor de los cojones de ese tio rozándole la nariz y en entrecejo.

La sensación de tener la huevera apoyada en toda la cara fue alucinante, pero más lo fue el cogerle el palo duro y pajeárselo mientras le succionaba las bolas. Justo en ese momento Barron estuvo a punto de decorar el torso de Roman con su leche. Le dio tanto gustazo que se estaba tragando el largo rabaco del chaval y tuvo que salir a respirar. Todas las babas que había depositado encima del cipote resbalaron como crema por el interminable tronco.

Quizá la comida de culo más rica que había experimentado jamás, Barron se vio obligado a sacar la lengua más de la cuenta para poder lamer e introducirla apenas un poquito por el ojete de Roman por ese culazo tan bonito, con una raja tan profunda. La triple comida era inevitable. Mientras lo hacía, con la mano zurda le cogió la polla forzándola a pasar entre las piernas y propinándole un buen pajote.

Al meterle un dedo por el agujero, al principio Roman reaccionó conteniendo todo el placer, cerrando los ojos e intentando discernir qué sentía. Barron siguió dedeándole hasta sacar de Roman el animalillo que llevaba dentro, hasta escuchar sus gemidos de placer. Joder, y eso que era solo un dedo. Barron bajó la mirada para encontrarse cara a cara con su larga y enorme polla y se puso cachondo al imaginar lo que haría ese chico con toda esa tranca dentro del culo.

Estaba a punto de descubrirlo. Dejó que Roman tomara el control y se la metiera a placer. El chaval pasó la manita e ntre sus piernas, le cogió la verga y la fue introduciendo lentamente dentro de su ano, totalmente desnudita, sin condón. Entró super ajustada. Qué gusto le daría para acabar soltando gotitas de precum brillantes como perlas.

Barron no pudo esperar más y se la empezó a enfilar como un cabrón. Roman miró hacia atrás, sin poder decirle que frenara un poco, porque al ver esa cara de empotrador, su cuerpazo, al sentir su enorme polla dentro de él y los cojones fostiándole la entrepierna y los muslos cada vez que arremetía con fuerza, sintió la necesidad de dejarse joder, de sentir bien adentro a ese hombretón.

Roman se dejó dar por detrás con una pierna apoyada en el suelo y la otra sobre la cama, bien abierto. Su rabo se contoneaba entre sus piernas, largo y bonito, con el cipote reluciente recién bañado en precum. Se pusieron bien juntitos sobre la cama. Roman se hizo un ovillo, Barron pasó las piernas del chaval por encima de sus hombros y le penetró el culazo. Los dos frente a frente, mirándose, sintiéndose uno dentro del otro.

Barron alargó las piernas y siguió follándoselo a pelo haciendo flexiones, su estómago chocando contra las bolas y los muslos de Roman cada vez que se la metía profunda. Roman posó una mano por detrás de la cabeza de Barron y lo atrajo hacia él, frente con frente, nariz con nariz, gimiéndose uno delante del otro, pasando uno de los mejores ratos de sus vidas.

Roman se arriesgó a sentarse en las piernas de Barron. Había conseguido tragarse toda la polla por el culo. Se hizo una paja, apoyando una mano en el cabecero de la cama para mantener de alguna forma el control. Barron, que lo veía venir por las caras que ponía, le ayudó a sacarse la lefa culeándole fuerte desde abajo. Ya no eran perlas de precum lo que salía por su polla, sino una fábrica de dulces de leche que dejó caer encima de las sábanas.

Los huevos de Barron ya no le colgaban tanto cuando sacó el rabo de culo para correrse. Ahora los tenía más duros y pegados a la base del pene, a punto de soltar la descarga. Lefó la mano y las pelotas de Roman con un buen caldo blanco y se la volvió a hundir dentro del culo para terminar de soltarlo todo. Se buscaron con besos y abrazos y se quedaron relajaditos encima de esa cama que habían convertido en una pista cubierta de lefa.

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