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William Seed penetra el culazo de Michael Boston y se corre a lefazos en su boca dejándole leche hasta en el sobaco | MEN

Dangerous Hideout

Miro por la ventana. Entre la niebla, infinidad de edificios dibujan el horizonte de la ciudad. Estoy cachondo, porque no paro de imaginar lo que ocurrirá detrás de cada una de esas ventanas y de esas puertas, de cada habitación, de cada piso, de cada edificio. Tios que se levantan a esta hora empalmados dirigiéndose la baño intentando echar la primera meada del día, parejas follando, encuentros entre desconocidos mamando pollas, chavales haciéndose pajas mirando porno… Aunque por mucho que pueda imaginar, la realidad a veces supera todo eso.

William Seed llama a una de esas puertas de uno de esos edificios que veo a lo lejos. Michael Boston le abre la puerta, más bien la entorna, al ver a un desconocido. Necesita urgentemente hacer una llamada. Michael le mira de arriba a abajo. El tio está bueno, pero que muy bueno, con esos pantalones y camiseta de manga corta ajustados marcando cada músculo de un cuerpazo que se adivina increíble. Si es un ladrón, que le robe lo que quiera, con que esté bueno le basta.

Le deja pasar y le indica dónde está el teléfono. Mientras William marca los números, abre la cremallera de la mochila y repasa el dinero que lleva dentro, Michael tiene otros menesteres a puerta cerrada dentro de casa. Vestido con su bata negra y una fusta en las manos, entra en la habitación donde tiene maniatado y amordazado a Thyle Knoxx. Un extraño ha interrumpido la letanía de año nuevo, el jueguecito del amo y el esclavo de ese demente.

Tras hacer la llamada a su compinche, Will va en busca del dueño para darle las gracias. Recorre el pasillo y se detiene frente a una puerta, al escuchar el sonido de unos látigos impactando sobre la carne. Sorprendido y temeroso, entreabre la puerta. Ve a Michael de espaldas y a un chaval guapísimo amordazado y atado pidiendo socorro. No le da tiempo a socorrerle y tampoco a escapar. Michael le corta el paso en la huida y le mete un agarrón en el paquete, mordiéndose los labios al palpar toda su huevera y su gorda polla sobre la bragueta de los vaqueros.

Buen percal. Le lleva hasta la habitación. Quiere que el chaval que está atado lo vea todo de cerca. Quiere que vea cómo sienta a ese macho sobre su cama, cómo le desabrocha los pantalones, cómo le saca esa masculina verga tiesa larga y gorda y se la masturba con los labios pegándole una buena mamada. Thyle aparta la vista al ver los cabezazos que mete el tio entre las piernas comiendo rabo y al escuchar le sonido de la mamada, aunque no del todo. Mira de reojo impresionado por el tamaño de esa polla.

Se supone que el extraño que se había colado en la habitación, su única salida, debería estar haciendo algo para ayudarle, pero qué va, el muy cabrón se pone cómodo y en un momento en que su polla abandona la boca de Michael, él se coge la tranca y la conduce de nuevo entre sus labios. William se quita toda la ropa y se queda en bolas sobre la cama dejándose comer la polla. Hasta Thyle, antes asustado, empieza a notar que algo le aprieta entre las piernas y se le pone bien duro.

No puede creer que eso esté sucediendo ante sus narices y él ahí, sin poder participar de nada. Un tiarrón más bueno que el pan tumbadito y otro adorándole el nabo, con unos calzones de cuerpo abiertos por el culo, un culo grandote, caliente y precioso. Thyle mira a uno, mira al otro. Es inevitable que acaben follando, porque ese empotrador no tiene pinta de ser de los que se corren a las primeras de cambio ni tampoco de los que se conforman con una mamada teniendo un culo que follar. Y él sin poder usar las manos aunque sea para hacerse una paja como mirón por obligación.

Ese chulazo tiene la polla cada vez más grande, dura y tiesa y el otro no deja de saborearla, de pringarla con sus babas. William pone una mano por detrás de la cabeza del mamón y hace fuerza hacia abajo. Un sonido gutural deja claro que le ha empalado la garganta. Thyle aprovecha para escabullirse hacia la puerta, intentando encontrar un objeto afilado que le permita liberarse de sus ataduras, aunque ahora mismo no sabe si conseguido su objetivo se quedaría para ver cómo follan o para escapar.

Se pierde la penetración, el momentazo en el que Michael se sienta sobre las piernas del chulazo y se clava toda su polla dentro. Los dos se miran y gimen al unísono, sintiendo que son uno solo. Le encantaría saltar pero no puede, porque esa polla es demasiado gorda y le está rellenando el ojete. Will le agarra el culazo a dos manos y se lo abre para dejar que su gruesa pija abreculos pase mejor. Le encula desde abajo, le penetra con fuerza y brío desgarrándole el ano.

Ese puto ladronzuelo es bueno en su oficio, porque se está quedando con su bien más preciado, con su mejor joya, el agujero de su culito. Will se da la vuelta y vuelve a quedarse tumbado sobre la cama, pero con los pies en el cabecero, en la pared, poniendo el culo en la almohada. Michael se queda de pie y hace una sentadilla hasta clavarse el pene por el culo. Su rabo no aguanta más dentro de los calzones de cuero, se lo saca fuera y se masturba mientras ese ladrón le folla.

Mira lo que tiene delante, con todos los músculos en tensión. Vaya cuerpazo tiene el tio, de diez. No se equivocaba en lo más mínimo al echarle un ojo nada más abrirle la puerta, cuando aún tenía la ropa puesta. Michael se queda tumbado bocabajo. Quiere que ese machote le empotre por detrás. Otra sorpresita digna de un birlador. Will se la mete, pero a traición y del revés. Michael, sorprendido, echa la vista atrás y lo que ve le pone cachondísimo. Un pedazo culo de futbolista rebotando sobre el suyo, con una buena huevera entre las piernas y una tranca durísima penetrando su orificio.

William se toma un descanso para escupir a Michael en la raja del culo, enfila su polla hacia el agujero y ahora sí Michael nota el calor de ese musculoso y fornido cuerpazo acercándose por detrás a su espalda, el aliento en su oreja. Gira la cabeza y se encuentra a ese tio guapísimo que no deja de darle por el culo. El gustazo que siente es indescritible, como si sintiera la necesidad de dárselo todo a ese tio por el simple hecho de ser tan guapo y estar tan bueno.

Michale se da la vuelta para ver bien todo, para ver cómo ese cachas cabrón le mete la picha sin compasión, con rabia. No se toca el pito por si acaso se corre, pero llegado el momento no puede resistirse a hacerlo. Le basta una presión con los dedos sobre su polla, un leve masaje con el puño corriéndose la piel del rabo hacia abajo y hacia arriba para empezar a soltarse los mecos calientes de lefa sobre los pelos de la base de la polla y en toda la barriga.

Mientras se corre, todavía siente ese pollón duro penetrando dentro de su culo. William se la saca y acude raudo hasta su jeta. Se quita el condón, super enfundado y ajustado a su miembro viril. Con una mano se hace una paja, apuntando con el cipote hacia su boca, con la otra agarra al chaval por la barbilla, para dejar la carita en la posición perfecta. Michael abre la boca por instinto. Mira hacia arriba. Ve el gesto que hace Will con la cara, entornando los ojos, arrugando la frente, fuera de sí. Unos chorrazos de lefa calentita cruzan su boca, se depositan dentro de ella, mojan sus labios. Siente el regusto amargo y saladito del semen de ese macho en la lengua. Cierra la boca, saborea. Los morros se le llenan de lefa. Tiene mecos hasta en el sobaco. Quién se acuerda ya del látigo, con ese pedazo de facial para comenzar el nuevo año.

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