William Seed taladra el ojete de Joey Mills a pollazos en el guardarropa | MEN

Cock Check

Sólo cuando uno está en la adolescencia, en plena revolución sexual de sus hormonas, puede entender la necesidad de hacerse pajas a todas horas en cualquier parte. Joey Mills ha conseguido su primer curro como guardarropas en una discoteca, pero pasa tanto tiempo sentado sin otra cosa que hacer que etiquetar y colgar los abrigos a primera hora de la noche y entregarlos varias horas después, que el aburrimiento llega a apoderarse de su ser y empieza a darle a la imaginación.

Echa la silla hacia atrás. La mesa es demasiado alta como para que si llega alguien a recoger su abrigo pueda verle. O eso cree él. Confiado, se desabrocha la cremallera de los pantalones, el botón y se baja pantalón y calzones hasta descubrir su generosa y gran polla y sus enormes huevazos. Y es que con un juguete así entre las piernas, a ver quién es el listo que no está todo el puto día dándole a la zambomba.

Sí, la mesa es demasiado alta, pero su polla también es demasiado grande y no puede ocultar que el meneo de la mano sobresalga por encima. Tras varios minutos pajeándose, sin que nadie le interrumpa, se relaja y cierra los ojos. A su imaginación vienen montones de tios cachas a darle rabo. Se encuentra en un círculo de pollas, de machos calientes que le riegan con su néctar toda su preciosa carita. Un sueño interrumpido por William Seed, el segurata cachas que pasaba por allí para ir a hacer un pis al water.

Joey acaba de soñar en tios como él, Will lleva demasiado tiempo de pie en la puerta muerto de frío deseando colar su polla en un culo caliente. Los invitados cantan y se divierten en la sala. No hay moros en la costa. Will salta al otro lado de la mesa, se sienta en la silla, se baja los pantalones y deja que el chavalillo meta la cabeza entre sus musculosas piernas comiéndole todo el trabuco.

Mientras lo hace, William flipa con el culo de Joey, blanquito, redondo, suave. Se inclina, posa la mano en su trasero y cuela un dedo en su raja palpando el delicioso ojete de apariencia casi virginal. Para lo que viene necesitan más intimidad y que nadie interrumpa, ni siquiera la típica pareja que se cabrea y se va antes de lo esperado.

Will se lleva a Joey detrás de los abrigos, le pone mirando a Cuenca y hunde el rabo en su trasero. Joey abre los ojos como platos. Jamás le habían metido una verga tan grande y gruesa. Will le coge por las caderas, le atrae más hacia él y le mete hasta el último centímetro taladrando su ojete con una fuerza y una velocidad desmedidas. Sólo le da un respiro al chaval cuando se van al de rincón y no precisamente al de pensar, sino al de follar, dejando que salte sobre su polla mientras Joey deja danzar la suya libremente entre sus piernas, haciendo aspas en el viento.

El monótono trabajo de Will y Joey está viviendo su punto de inflexión, porque a partir de ahora sabrán cómo matar los tiempos muertos. Joey está tumbado en el suelo. Separa las piernas. Se deja seducir por un impresionante guaperas chulazo que se abalanza sobre él pidiendo paso, penetrando dentro de él. Menudo cuerpazo tiene el tio. Le besa apasionadamente y cuando Will saca el rabo para correrse, Joey se revuelve con rapidez para poner la cara, poniendo un fin y un principio a su soñada fantasía

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