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Tim Kruger se folla sin condón el culazo del chulazo Aiorass London y se corre entre sus nalgas | Tim Tales

Llevarse al catre a tios así como Aiorass London era lo que le gustaba a Tim Kruger, con esa apariencia de machotes con barbita y bigote, cara de guaperas malotes, de los que uno se encontraría en un callejón, con sus zapas deportivas, pantalón de chandal bien cómodo para una folladita rápida, una chupa y gorrita, esperando que algún campeón les quiera dar rabo y leche.

Así se sentía Tim mientras ese chulazo ronroneaba como un gatico sobre la cama, a cuatro patas, acicalándole la polla enorme y gruesa, lubricándosela con babas, demasiado grande para su boca, meneando su culazo firme y potente, preparando una buena verga para ser penetrado. Aiorass miró hacia arriba con sus ojazos oscuros de cachorro travieso. Los labios arropando la maciza y gruesa polla. Ese cabrón se merecía mínimo un bigotito de leche, pero antes necesitaba follarle el culo.

Tim se puso detrás y le dio por culo sin condón, agarrándole por las caderas, metiéndosela y sacándola lentamente, concentrado en la cara guapa del chaval, que conseguía ponérsela más y más dura y crearle más leche en los cojones cada vez que le miraba. Cuando el ojete y su polla se conocieron a fondo, empezó a darle duro. Aiorass se puso en plan animal y empezó a bufar como sólo pueden hacerlo los tiarrones a los que les chiflan las pollas gigantes y enormes, poniendo todo su cuerpo en tensión, dejando que sus cultivados músculos hicieran acto de presencia.

El puto cerdaco se lo tragaba todo y consiguió poner a Tim cachondón cuando se tumbó bocarriba, sacó la lengua, sonrió de placer como si estuviera colocado por la gran follada y levantó los brazos, dejando a la vista sus irresistibles sobacos peludos. Tim le metió caña obligándole a acallar esa sonrisa en su cara, convirtiéndola en otra mueca con los morros apretados que reflejaba el esfuerzo de aguantar la empalada.

El incansable cabronazo se tragaba la polla hasta los huevos. Daba igual si le daba a traición por detrás, si le metía la tranca durísima por el culo por delante o si le dejaba cabalgar sobre sus piernas. El tio se zampaba por el ojete los veinticinco centímetros de rabo duro y enorme y los hacía aparecer y desaparecer como si nada en su interior, ya fuera saltando como pidiendo más polla.

A Tim le tenía tan loquito, que cuando se corrió todavía no supo decir si lo hizo dentro o fuera. Sólo sabe que cuando sacó la polla, decoró con su leche blanca y espesa la raja del chaval, el semen cayéndole entre los muslos, que acopló su enorme rabo entre los cachetes y con el pene todavía erecto recubierto de lefa, se la volvió a meter dentro del culo.

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