Diego Reyes se folla el culazo peludo de macho de su compi de curro Marco Napoli en la oficina | Men At Play

Caught Snooping

En alguna ocasión estando en la oficina, Diego Reyes le había enseñado fotos a su compi de curro Marco Napoli. Marco tenía la firme convición de que cuando alguien no te dejaba agarrar el móvil cuando te estaba enseñando fotos, es que alguna tenía que esconder, así que aprovechó cuando salió a recoger unos informes y se dejó el móvil encima de la mesa del despacho, para cotillear un rato.

Menú > Fotos. Estaban bien organizadas por grupos y por cada carpeta se intuía a qué pertenecía cada uno. En una de ellas parecía haber desnudos, le tocó con el dedo y ahí estaba, su compañero en bolas, tan buenorro, tan guapo y tan bien dotado por delante y por detrás como siempre se lo había imaginado y es que cuando un tio enfunda perfectamente unos pantalones de pinzas y una camisa marcando músculos y paquetorro, el algodón no engaña.

Iba pasando foto a foto y se tocaba. Le encantaban esas en las que mostraba su culo tan perfecto, pero para él, que era un pasivazo de pro, las que realmente le ponian el rabo morcillón eran esas en las que se agarraba el pijote gordo y hermoso. Al final Diego le pilló metiendo las narices en sus fotos privadas, pero Marco, lejos de pedir perdón, por si caía la breva, le dijo que por lo menos lo que le había dado tiempo a ver le había encantado.

Diego, sonrojado por el piropo, pero también extrañamente ruborizado porque el compi con el que había estado trabajando tanto tiempo le hubiera visto en pelotas, tuvo que reconocer que esas palabras y la idea de que otro tio le viera desnudo y le gustase, le ponían cachondo. Cogió a Marco por la nuca, le pegó un morreo y mientras Marco no pudo evitar pegarse un agarrón al paquete, donde la polla de Diego empezaba a adquirir ya unas dimensiones impresionantes, pasando de tienda de campaña empinando la parte delantera de los chinos a ladearse y marcar el cipote en la tela fina del bolsillo.

Mucho mejor que en las fotos, dónde iba a parar, Marco le sacó la verga por la bragueta y se quedó alucinado. No sabía por dónde empezar por ese pollón gordo de cipotón rosáceo, así que le besó los huevos, subió por la minga sintiendo el calorcito del rabo en sus labios y se la metió en la boca. Diego le devolvió el favor a cabezazo limpio, haciéndole una mamada a toda hostia que casi le saca la leche.

Después de saludarse los nabos, Diego dio la vuelta a Marco e hizo que se inclinara sobre la mesa del despacho, le bajó los pantalones descubriendo su majestuoso y gran culazo peludo de macho y tras acicalarle el ojete le metió toda la tranca en las profundidades. Se agarró a la parte baja de su chaqueta como si estuviera agarrando las riendas de un caballo y lo penetró salvajemente a pollazos.

Amaba su culo, adoraba su polla, pero otra de las cosas que ponían tontorrón a Marco eran sus ojazos, su carita linda de guaperas. Tras el fragor de la follada, mientras los dos se pajeaban para correrse, Marco acercó su polla a la cara de Diego. Diego le miró a los ojos y a continuación abrió la boca y sacó la lengua. Sin pensárselo dos veces, dejándose llevar por lo que le apetecía, Marco dejó su estirpe encima de esa carita guapa que se relamíó con su semen encima.

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