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Esteban Orive destroza el culazo de Antonio Miracle sin condón con su gorda pollaza | Tim Tales

Desde que Antonio Miracle había escuchado decir en una entrevista a Nacho Vidal que la tenía tan grande que no le cabía en un vaso de cubata cuando le preguntaron acerca del tamaño de su polla en erección, su cabeza no paraba de dar vueltas a esa idea de grandeza, incluso cogió un vaso de cubata imaginando lo grande que debía tenerla.

No paró de imaginar hasta que topó con el descomunal pollón de Esteban Orive, al que verdaderamente tampoco le cabía en el vaso de cristal. Un mazo gordo y largo que parecía la chorra de un caballo, del tamaño de un antebrazo de un macho hecho y derecho. Cuando Antonio se inició en el arte de chupar semejante rabo, lo hizo mirando a su dueño, felicitándole de alguna manera con su mirada y sus ojitos por la dote.

Menuda barra de acero puro, tiesa como una estaca. Se veían pocas pollazas así tan gigantescas y que conservasen una forma tal cilíndrica de la punta a la base. Eso sólo estaba destinado a los tios de color, porque los demás solían tener alguna irregularidad en el rabo. La de Esteban era polla de negro y podía competir cara a cara con ellos, además con una deliciosa piel recubriendo su cipote.

Antonio le echó un par de cojones al asunto y pasó de relamer el rabo por el capullo a pegar un bocado grande a boca llena. Su intento de abarcar el pollón entero se quedó en eso, en intento. Ni a cabezazos le entraba entera, desencajándole la mandíbula. Al menos se la dejó arregladita para ver si su culo daba buena cuenta de ella.

Se tumbó boca arriba sobre la cama, abrió las piernas de par en par como nunca en su vida y dejó que ese tio se la colase por el agujero sin condón. Los ojos se le abrían como platos al igual que la boca, sorprendido, sin saber cómo reaccionar al sentir cómo ese rifle insano se colaba en su interior. Esteban empezó a culear con vicio, metiendo y sacando la polla enterita de principio a fin y Antonio no podía evitar sentir que de alguna manera de un momento a otro le saldría el cipote por la boca de lo grande que la tenía.

Hecho el agujero, se lo folló a lo bestia dándole por todas partes. Ahí estaba Antonio, todo un machote tatuado, guaperas, musculoso, con el pito enorme y erecto rebotando a la par que le daban por el culo como si fuera la puta más afortunada del mundo. Ni los gemidos y gritos hacían que Esteban bajase el ritmo. Sólo había dos opciones, tragar o seguir tragando.

Las mismas opciones que cuando Esteban le hizo volver a ponerse de rodillas. Le agarró la frente con una mano mientras con la otra se pajeaba la polla, colocando el cipote justo sobre su boca y se le corrió dentro dándole todo el biberón. Antonio se relamió de gusto y con el saborcito de la lefa se cascó un señor pajote.

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