Tendencia

Straight Porn Side: El pizzero Johnny Sins reparte rabo por Navidad | Brazzers

Era el primer día que Johnny Sins comenzaba a trabajar, el de la campaña de Navidad. Sí, que a nadie le queda duda de que en estos días, aparte de pavo y polvorones, la gente también pide pizza para cenar. Quien más y quien menos, amos y amas de casa necesitan un plan de escape para dar de comer a tantas bocas cuando la carne se quema en el horno.

Ya en el garaje, donde estaban las motos listas para hacer ruta y repartir los pedidos, los que llevaban más tiempo hablaban de las peripecias que les habían ocurrido otros años. Sin duda, después de los trabajos como electricista, fontanero y peón de albañil, el de pizzero era una apuesta segura para follar a espuertas con personas desconocidas dispuestas a abrirte las casas de sus puertas de par en par y también las piernas.

Johnny no era de los que vacilaba, pero sus compis de curro daban por hecho que iba a tener éxito con las tias, porque el tio estaba buenorro, era fuerte y apuesto y tenía una pintaza de empotrador que se veía a leguas. Quizá a él es al que pilló la situación más por sorpresa, cuando llegó a la primera casa y la mujer empezó a montar el pollo porque había pedido una pizza con pepperoni.

La tia tenía unas peras enormes y bueno, ya se sabe que la mente de un hombre está diseñada para hacer oídos sordos a una discusión sin importancia, así que se quedó tan omnubilado con sus tetas que sin darse cuenta se le estaba poniendo dura. Kendra, que así se llamaba ella, por lo que ponía en el nombre del pedido, le metió dentro de la casa, se agachó, le sacó la verga por la bragueta y empezó a comerle la polla.

Otra vez hipnotizado, pero esta vez por la pedazo mamada que sucedía entre sus piernas, Johnny ni se había percatado de que aún sostenía en la mano la caja de la pizza errónea y la bolsa de reparto, y así estuvo todo el rato que duró la jalada. Una cosa le quedó clara y es que esa jornada prometía ser muy pero que muy larga y de esta tras el primer día, lo despedían seguro por no llegar a realizar todas las entregas a tiempo.

Tras manejarle la polla a su antojo, se lo llevó al sofá. La tia seguía de rodillas adorándole el sable. Se lo estaba dejando bien limpio la cabrona. Johnny estaba muy bien dotado y eso le permitió a Kendra hacerle un mega pajote a dos manos. Después de frotársela un buen rato, la miró con vicio. Larga, gorda, perfecta para clavársela dentro del coño en aquel momento de rabia por no tener su cena lista.

Entonces se bajó el vestido y dejó al aire las pedazo tetas gordas y enormes como a él le gustaban. Vaya pedazo de domingas. La señora de la casa se las acercó para amamantarle y él perdió la cabeza. Tras el ratito de pezón y mamas, le cogió la polla y la insertó entre sus peras para hacerle un placentero pajote navideño. Después se sentó sobre sus piernas, cogió la polla hábilmente por detrás y se la metió enterita por el coño.

Joder, qué sabia era la naturaleza. Mientras se la estaba follando, las tetas le quedaban a Johnny justo a la altura de su cara. La muy cerda le estaba asfixiando con ellas y eso le molaba. Su pollón metido dentro de un chochete calentito y él mientras con la cara zarandeada por esas tetorras de lujo, chupando, lamiendo y perdiendo el control.

La tia estaba loca por su polla y él le iba a dar todo el pepperoni que necesitaba. Aunque la mayor parte del tiempo la muy zorra se dedicó a saltar sobre su enorme mango, Johnny tomó el control en un par de ocasiones follándose el chochito por detrás y por delante como se esperaba de un buen amante. Fue precisamente dándole rabo sobre el sofá cuando le sobrevino la corrida.

Sacó la polla de su interior, se puso de pie avanzando que se corría de gusto y vio cómo la perraca acercaba la cara casi a cámara lenta mientras él contenía la carga dentro de la escopeta, con los huevos inundados de leche. Llegó a tiempo y le metió un lanzamiento perfecto. De un escopetazo le disparó un chorrazo espeso, blanco y caliente de semen con el que le dejó regada toda la cara y el pelo. El resto no lo vio salir, porque la tia ya tenía el cipote metido dentro de la boca y disfrutaba como una cerda de toda la lefa que le estaba alimentando por dentro. Después de eso ni pavo, ni pizza, ni pepperoni. Había algunas que celebraban la Navidad cenando jugo de macho.

 

VER LA ESCENA EN BRAZZERS.COM

VER LA ESCENA EN BRAZZERS.COM

Botón volver arriba
Cerrar