Aventuras de Verano 3: Dato Foland da por culo a Louis Ricaute en las escaleras | MEN

Coge asiento en primera línea de playa, justo donde haya una red de voley, a ser posible a la sombra porque puede que te toque esperar. Porque si eres paciente, tarde o temprano podrás alegrarte la vista con ese grupito de guaperas que, aparte de querer pasarlo bien, extienden su estancia en el gym hasta la arena. Curiosamente todos fuertacos, con tableta de chocolate, te toca relamerte con tan apetitosos cuerpos y si eres lo bastante hábil, puede que tú seas uno de los que siempre falta para completar el equipo de uno de los bandos.

Dato Foland sabe que la paciencia es la madre de la ciencia. No ha visto un grupo llegar, pero sí un chulazo grandote y fornido que está solo practicando el posicionamiento. ¿Hace un uno contra uno? Después, cuando acaben sudados, lo bueno es que habrá que ir a algún sitio, porque no hay duchas cerca. No acostumbra a llevarse a los chicos a su dúplex en la playa, pero el culazo de Louis Ricaute le impide pensar en demasía y al final acaban allí.

La naturaleza ha dotado a Dato de todo lo que debe tener el hombre perfecto. Una cara guapísima y muy masculina que levanta pollas y abre piernas, un cuerpo que da gusto repasar con las manos o los labios, un adonis de los que te gustaría que te abrazase con sus fuertes y enormes brazos de por vida mientras te besa y un rabo de las medidas perfectas para pasar el mejor rato de tu vida.

No hacían falta invitaciones, porque habían ido para eso, pero por si acaso, Dato fuerza un poco la goma de las bermudas con el pulgar y se la baja hasta que se le ve la chorra, mira a Louis y le invita a cogerla. Tras un rato de mutuo pajeo, Louis es el primero en caer de rodillas ante ese impresionante macho de rabo sensible. El tamaño perfecto para apoderarse de su polla y tragársela hasta los huevos mientras él se deshace en gemidos.

Dato toma la alternativa y se agacha para comer rabo. Es dícil aguantar una cabecita así de guapa y con buenos labios zarandeándote el mango, sobre todo si entre tanto y tanto te mira. El gusto con el que se la come como si fuese un calipo, metiéndola dentro de su boca, succionando y haciendo resbalar sus labios por el tronco hasta sacarla brillante de saliva.

Louis se acostumbra, bueno, no mucho, pero hace un poder y no deja pasar la oportunidad de follarle la cara. Le coge con una manita por detrás de la cabeza para evitar que se desplace demasiado hacia atrás y le arrea una buena culeada. Dato siente el cipote entrándole por la mismísima garganta y los sonidos guturales de un gran mamador inundan el recibidor. Porque sí, con el calentón no han podido aguantar para ponerse más cómodos.

Le da la vuelta. Por fin es suyo ese santo culazo que hacía unos minutos se tenía que conformar con ver su silueta dibujada sobre la tela de unos pantalones. Lo coge a dos manos, le abre la raja y le esnifa el ojete. Trasero a medida, agárrate a las barandillas de la escalera que llega tu macho follador. Dato se acerca por detrás y le da por culo.

Da gusto ver a ese tiarrón fuerte y guapo apuntando con su polla hacia el agujero, de perfil musculoso, bombeando el culazo y dándolo todo, con la cara sonrojada del vicio de meter y sacar rabo por un trasero que le gusta demasiado. Le tiene dominado, pero quiere tenerlo más dominado todavía. Hace ponerse a Louis a cuatro patas sobre el suelo, Dato se planta detrás de él, hace una sentadilla para dejar su polla a la altura, arropa el culo entre sus piernas y se la enchufa como un condenado.

No cree que lleguen a la habitación a este paso, como mucho hacen el esfuerzo de subir por las escaleras, pero allí se quedan. Dato sienta sus posaderas sobre uno de los escalones y deja que Louis tome asiento sobre sus piernas, clavándose el rabo en el intento. Justo hay un espejo enfrente, para que puedan mirarse y ponerse más cachondos, como si alguien les grabase, qué locura.

Louis se saca el rabo del culo, se levanta y empieza a dejar el lechar en las escaleras. La lefa brota blanca y espesa de su gorda polla. Mientras se corre, Dato ve caer el pringue entre sus piernas y se pajea. A la habitación no habrán llegado, pero él quiere llegar hasta su cara. Tiene los huevos a punto. Las escaleras son muy estrechas y se ve obligado a hacer malabares para conseguir su objetivo. Ser hombre a veces no es fácil.

Todo directo a la boca, un par de chorrazos de leche de biberón que alimentan. Tanta puntería que apenas algo de lefa se queda en la comisura de los labios de Louis. Dato se agacha para oler su esperma, para relamer los restos y compartir el saborcito de sus cojones liberados sobre los labios de otro tio. Ya sabes, la próxima que vayas a la playa y veas una red de voley, siéntate a esperar, créeme que va a merecer la pena.

VER SUMMER FLINGS EN MEN.COM

VER SUMMER FLINGS EN MEN.COM

Cerrar