Diego Reyes empotra a pollazos a Andy Star sobre un coche en “Bravado” | Men At Play

En el concesionario para el que trabajaba Andy Star, había una sección digamos que “oculta” a la vista de los clientes esporádicos, especial para los más exigentes y adinerados, puesto que no era de política de empresa tener a la vista en el escaparate los mejores bugas para cualquiera, por lo que los coches más caros y con mejores prestaciones estaban aparcados en una nave interior a la que sólo accedían los que estaban dispuestos a pagar un alto precio.

Andy no acostumbraba a trabajar en esa sección pero ese día le había tocado y el primer cliente con el que tuvo que lidiar le hizo el culo pepsi cola. Cuando se dio la vuelta y le vio todo guapo, apuesto y buenísimo, pensó si es que ya había llegado la hora del chulazo de la coca cola. Incluso esperó que se quitase la camisa, cosa que ocurrió pero después, no cuando él quería.

Avance “Bravado”

 

Buenas, qué tal dígame qué tipo de coche desea“, le preguntó Andy tal y como acostumbraba. Entonces Diego Reyes se agarró el paquete, con las dos manos señaló bien por encima de los pantalones todo el contorno de su polla dura y gorda y le contestó: “Pues qué te parece alguno donde un guaperas como tú me pueda comer todo este rabo“.

Se desabrochó la bragueta, se sacó toda la polla a presión, huevos incluídos y Andy cayó rendido a sus pies para empezar a comerle todo el trabuco a bocados hasta atragantarse con semejante butifarra. “Vente que vamos a probar este buga a ver si aguanta“, le propuso. Y sin mediar más palabra, le dio la vuelta, le encorvó la espalda hacia el capó del coche y empezó a darle por culo a lo bestia.

Joder con el cabronazo, le estaba jodiendo el ojal a base de bien, parecía un animal follándole. Había perdido la chaqueta ya y los pantalones los tenía por los tobillos. Sólo paró para darle la vuelta, colocarle boca arriba en el capó del coche y seguir metiéndosela. Andy se corrió en ese preciso instante y, aunque le hubiera encantado que la leche de su cliente fuera a parar sólo a su cara, Diego dejó los lefotes entre su jeta y el buga que desde ese momento sería de su propiedad, a modo de señal. Lo que no sabía Andy es qué hacer con esa señal de pago anticipado, si avisar a su jefe o lamerla.

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