La Familia Polla: Mi padre me enseña a ponerle un condón para después follarme a pelo | Family Dick

Cuando entré en mi habitación después de llegar de clases, encontré a mi padre hurgando en los bolsillos de los pantalones que había dejado tirados en la cama y que había usado ese fin de semana para salir de fiesta. Llegué justo en el momento en el que encontraba el único condón que llevaba encima y me preparé para las preguntas que estaban a punto de lloverme.

Que si me había follado ya a alguien, que con quien pensaba usarlo, que si alguna vez lo había hecho sin protección… Menudo interrogatorio y yo muerto de vergüenza con la cara roja como un tomate. Más todavía cuando directamente me preguntó si era virgen y le tuve que responder con la verdad: “Sí, soy virgen, no lo he hecho con nadie, sólo unas pajillas“.

Rasgó el plástico del preservativo y mientras lo hacía me preguntó si sabía usarlo. Cómo no iba a saber usarlo si en mis ratos pajilleros había visto poner montones, pero mi padre se empeñó en ese momento en darme la lección que tenía pendiente sobre el tema sexual, esa que todo padre tiene con su hijo durante su adolescencia. Pues yo la recibí en ese momento, eso sí, una lección práctica de principio a fin.

Quizá algunos de los que estéis leyendo, hayáis recibido la charla de cómo se hacen los bebés o los típicos consejos sobre preservativos, enseñándos a ponerlo sobre un plátano. Pues mi padre no usó ninguna fruta ni hortaliza. Se bajó los pantalones sacándose toda la chorra larga y se tocó (y me tocó) un poco hasta que la tuvo lo suficientemente dura como para pedirme que le agarrase con una mano la polla y con la otra el condón.

Tuve que agacharme y apretar más de la cuenta para enfundarle ese pedazo rabo dentro del látex. Siempre había pensado que era más fácil al verlo en las pelis, pero con un pollón de los de verdad y además tan grueso, la verdad es que costaba un huevo enfundar. Pensé que con poner la parte del pitote hacia afuera, el aro en el cipote y hacerlo resbalar, era suficiente, pero qué va, mi padre tenía el capullo demasiado gordo como para aplicar la técnica convencional.

Sí que sirvió para mi rabo, que era más fino, pero al final el condón se lo tuvo que poner, enseñándome a que con rabos así había que estirar un poco de los lados, encajarlo y después deslizar. Se supone que me iba a enseñar dónde se quedaba retenido el semen al correrse y por eso nos quedamos un buen rato pajeándonos mutuamente, pero decidió que ya que teníamos ese tiempo para nosotros solos, lo suyo era enseñarme técnicas más avanzadas en el sexo para triunfar.

Me puse de rodillas a practicarle una mamada. Ahí yo ya tenía experiencia, no era la primera polla que me comía y la suya, al ser tan gigantesca, supuso un reto para mis tragaderas. “Mmmm qué bien la chupas, hijo“, me decía – “ahora vas a dejar de ser virgen con papi“. Me tumbó sobre la cama boca abajo y metió todos sus morros barbudos en la raja de mi culo. Después me atrajó hacia él, poniéndome de rodillas al borde de la cama y me enseñó aquello que nunca debía hacer con hombres desconocidos.

Mientras su polla desfilaba por mi interior y asistía a mi desvirgamiento, pensé para qué hostias me enseñaba a ponerme un condón si él me la estaba metiendo a pelo, pero decidí no preguntar y fiarme del experto. A mis amigos siempre les había contado lo larga que la tenía mi padre y por lo tanto lo mucho que me crecería a mí cuando cumpliera los veintidós, que para eso lo llevaba en los genes. Siempre pensé que a menudo les exageraba sobre su tamaño, pero una vez la tuve bombeándome el trasero, supe que me había quedado corto.

Menuda picha brava. Estaba con las piernas abiertas frente a él cuando vi su cara de gusto y esfuerzo a punto de correrse. Pensé que me iba a preñar el culo, pero por decencia no lo hizo. Se sacó la polla como un caballero y dejó los lefotes encima de mis huevos escurriéndose por la raja de mi culo. Me la volvió a meter rellenita de semen y me pegué una corrida de campeones, sacando a relucir toda mi puta juventud, metiéndome unos trallazos de lefa en toda la cara que me hicieron sentir como nuevo. La celebración de la pérdida de mi virginidad no pudo tener mejor anfitrión.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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