Cheaters 1: Diego Sans se folla el culazo de William Seed | MEN

Hay promesas que no se pueden mantener para toda la vida y la de William Seed ha durado poquito. No hace mucho tiempo, Ryan Bones le susurraba cariñosamente que iba a tatuarle su nombre en ese culo que a partir de ahora sería suyo y sólo suyo. Will asentía, pero en el fondo él, nosotros y hasta el mismo Ryan sabía que en cuanto probara los placeres de la puerta de atrás, no podría resistirse a que más hombres le penetraran.

Un hombre se ha encargado de romper esa promesa y de convertir el bromance en un trimance, Diego Sans ha podido follarse el culazo de uno y de otro y el de William está a punto de catarlo como venganza por una broma. Todo comenzó en el piso que compartían como colegas. William le mandó un mensaje privado y anónimo a través de una app de contactos en la que los dos estaban registrados y Diego decidió vengarse haciéndose pasar por otro chico, hasta se curró una máscara para aparentar su fingida nueva personalidad.

En el momento de la cita en una habitación de hotel, se quitó la careta y dejó a Will desarmado sin saber qué hacer. Bueno, ya que estaban allí y la habitación estaba pagada para una noche, habría que aprovecharla. Fue en ese momento cuando llevaron su amistad un paso más allá. Will se puso a cuatro patas sobre la cama y Diego le desfloró el culazo, primero bajándole los pantalones, dejando a la vista un tremendo pandero con una buena raja para perder la polla dentro y después petándoselo con mucho cariño.

El alma de empotrador de William nunca lo abandonaba. Se sentía mucho más cómodo cuando controlaba la situación, cabalgando un rabo, saltando a su ritmo, llevando una mano hacia atrás, posándola en el culo de quien se lo estaba follando y empujando para que se la metiera más rápido y más fuerte. Cayó un primer pajote con la polla dentro del culo, pero no sería el único.

Frente a frente, con las vistas de ese machote tan atractivo perforándole, siguió pajeándose el rabo que esa noche estaba eufórico y se sacó otra buena tanda de lefazos. La velada terminó con fuegos artificiales. Diego le sacó el rabo del culo, empezó a pajearse la polla apuntando hacia arriba, al cabo de unos segundos su rostro cambió por uno de placer inmenso y por la punta del cipote salió un primer perdigonazo de leche que viajó al techo y lazó una parábola para caer a saber dónde, más allá de la cabeza de William, que asistía al espectáculo de los siguientes, mojado por ese rabaco lechero.

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