Camilo Uribe clava su tremenda polla en el culazo de Gustavo Rodriguez sin condón | Fucker Mate

Muy seguro de sí mismo, Camilo Uribe se dejó tocar la polla tiesa por encima de los calzones. Retiró sus manos, las puso sobre la cama por detrás y dejó que Gustavo Rodriguez le palpase todos esos centímetros de rabo embutido dentro de los gayumbos, donde no había ni un sólo hueco que no estuviera repleto de polla y duros cojones.

Cuando le bajó la goma, la polla salió disparada hacia arriba como un resorte, larga, dura y gorda como una estaca, llegándole hasta el ombligo. La visión de ese palo duro, les puso a los dos demasiado cachondos como para contener unos gemidos de gusto y un deseado morreo.

En la cara de Gustavo se dibujaba una sonrisa entre nerviosa y feliz, una mezcla que sólo pueden provocar vergas que inspiran miedo por ser tan monstruosamente grandes por una parte y alegría para los más glotones, porque saben que durante unos minutos tendrán la boca llena para saciar su apetito. Gus le hincó el diente, literalmente, y es que era tan gorda la muy puta, que no pudo evitar algún que otro mordisco mientras frotaba la piel de ese rabo gigante de arriba a abajo con sus labios.

El propósito de Camilo era que el chaval se la tragase toda entera. Se puso en pie y le metió un pollazo por la boca que le obligó a retroceder de lo cerca que estuvo de follarle la garganta. A pesar de ese primer susto, Gus trató de hacer un imposible. Le agarró las pelotas con una mano para que no escapase y se quedó a pocos centímetros de la gloria.

Le gustaba que los hombres le maltrataran en la cama. Sus padres siempre le habían dicho que un buen azote a tiempo le hacía ser mejor persona y llevaban mucha razón. Él obediente aguantaba los azotes de polla sobre su cara. Los aguantaba y los disfrutaba, esnifando el aroma que dejaba a su paso, fragancia de rabo con su saliva encima, aroma de hombre.

Aunque pareciera casi imposible, la polla le había crecido por lo menos cinco centímetros más desde que la sacara de los calzones, una puta diosa que se vio obligado a chupar abriendo la boca más que nunca en su vida del pedazo diámetro que tenía. No sufría por su boca, sino por su culazo brasileño que estaba a punto de ser destrozado.

Necesitaba ayuda para abrirlo a tope y Camilo se la proporcionó. “Ponme el culo en la cara“, le dijo, sentándose en el suelo y apoyando la espalda y la cabeza en el borde de la cama. Gustavo se subió encima, se puso en cuclillas y dejó el culo abierto por completo a merced de la juguetona boquita del colombiano.

Era un trabajo duro abrir un ojete para una polla tan grande, pero conllevaba sus placeres también, como escuchar los gemidos sabiendo que lo estabas haciendo bien y ya de paso tener unas pelotas taponándote la nariz y un rabo caliente rozándote la frente. Sin perder un segundo y justo cuando más cachondo le tenía, le puso a cuatro patas sobre la cama, se colocó detrás de él de rodillas y se la enchufó enterita y a pelo.

Quedaba super apretada, aprisionada entre ese par de cachetes que no paraban de pedir más y más polla dentro. Después de un rato de mete y saca, Gus se sentía hasta extraño sin esa pollaza perforándole el interior cuando se la sacaba para cambiar de postura, como si le faltara una parte de su cuerpo. No tuvo que lamentarse demasiado tiempo, porque enseguida Camilo acoplaba el culazo entre sus piernas y le perforaba de nuevo todo el ojal rellenándole como a un pavo.

Era demasiado perfecto para ser real, por eso de vez en cuando llevaba una mano detrás, deslizándola primero por la mastodóntica polla y después por su agujero. Era real, todo ese pedazo de tronco estaba dentro de él. Qué puta locura, le echó las manos a las piernas, todo pura fibra y músculo el cabrón y con qué fuerza y furia le clavaba toda la polla dentro sin descanso. Una puta máquina de follar.

Para entonces, su culo todavía seguía en alza dominado por aquella gigantesca polla, pero el resto de su cuerpo había caído rendido besando las sábanas. Ahora tenía claro de dónde había sacado esos maravillosos abdominales que lucía en el torno como una tableta perfecta de chocolate, del deporte de follarse culos a toda pastilla en todas las posturas posibles.

Como si la cama fuera un ring de lucha grecorromana, le hizo caer de lado sobre la cama y se lo siguió follando, antes de darle lo que de verdad le apetecía, que se lo follase cara a cara. Camilo le agarró las piernas fuertemente abriéndole de par en par. Por primera vez se incorporó un poco y Gus pudo disfrutar de las vistas de esa polla entrando dentro de él.

Su gran culazo y su enorme rabo no podían dejar pasar una oportunidad como esa de cabalgar juntos. Gustavo se sentó encima y le proporcionó una placentera paja porculera de las que quitan el hipo. Saltaba y se dejaba caer con fuerza, ensartándose hasta el último centímetro de polla, sintiendo los pelos de los huevos. Le encantaba tener aprisionados a empotradores así de activos, sin nposibilidad de escape, poniéndolos contra las cuerdas.

Se dio media vuelta y siguió saltando, quitando el placer a Camilo de que admirase su también larga y gorda polla dándole de hostias sobre el estómago, pero dándole otro placer distinto, el de ver su turgente culazo devorando toda su entrepierna. Tanta paja iba a terminar en corrida en no mucho tiempo.

Gustavo se tumbó sobre la cama y se abrió de piernas. La intención de Camilo era seguir con la follada, pero de camino a su culo, le metió los perdigonazos de lefa a salpicones y le clavó por el culo la polla brillante mojadita en semen. Cuando Gus se empezó a correr, sacó el rabo de su culo, lo rebozó por la lefa que se iba sacando y lo hizo resbalar por ella, juntando esos dos grandes rabos recién corridos.

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