Pablo Hierro mete a pelo sus 21 centímetros de polla dura en el culazo de Cesar Paulino | Fucker Mate

Quería decirle que ya estaba despierto, eso y algo más. Cesar Paulino se fijó en ese chaval que descansaba boca abajo sobre la cama. Lo conocía muy bien de la noche anterior y apenas había podido dormir porque necesitaba más de él. Le acarició la parte rapada de la cabeza para despertarle, la misma parte que hace escasas horas le agarraba con cariño entre las dos manos mientras se dejaba preñar el ojal.

Pablo Hierro se despertó y se puso de lado, dejando a la vista su impresionante verga mostrando la empalmada mañanera. Cesar quería que aquello fuese romántico, como cuando te llevaban el desayuno a la cama un domingo por la mañana, pero por mucho que se hubiera resistido a cogerle la polla con la mano y haberle dado un masaje preliminar, Pablo terminó dándose la vuelta para darle lo que había ido a buscar.

Ahora era Pablo el que agarraba la cabecita de Cesar entre sus manos ahí abajo. Cesar había aprovechado el morreo para sobarle el par de pelotas y sentir el contacto del calentón de su polla en la palma de la mano antes de bajar a sus partes nobles, a mamar rabo, elevando la vista, echándole una mirada de vicio que venía a contar lo mucho que le gustaba una mazorca tan bien hecha.

Cuando el tio que te la está chupando empieza con los morros bañados en saliva, es buena señal, porque tienes delante un glotón de pro. Pablo sabía identificar esas cosas, así que cogió un cojín y se lo puso detrás de la espalda para estar más cómodo viendo la peli.

A medida que pasaban los minutos, su rabo estaba más pringado de babas cada vez. “Con tanto lubricante no me hará falta condón para follarte, ¿eh?“, pero no recibía respuesta. Cesar seguía chupando y sólo se sacaba el pollón de la boca para darle un repaso de la punta a los huevos. Dicen que el que calla, otorga y tendría que tomarse el movimiento de esa cabeza hacia arriba y hacia abajo como un sí.

Tres centímetros de sus veintiuno de polla, esa era la medida de lo que le restó por meterse dentro de la boca para convertirse en un campeón. Ahora sabía por qué no le respondía, porque estaba concentrado intentando colarse el rabo largo más allá de la garganta todo lo que pudiera. Pablo respondió con una follada de boca para ayudarle a tragar al máximo. A él también le interesaba colar toda su porra dentro por el gustito que le daba.

Después de la mamada, Pablo utilizó su técnica del explorador para devolverle al chaval el favor, comiéndole el culo que se iba a follar. Le metió los morros por la raja y se empleó a fondo, lamió el ojete y sus alrededores para dejarlo bien suavecito y cada cierto tiempo se incorporaba y simulaba la follada frotando el rabo por la raja del culazo para ver si se deslizaba bien.

Esa técnica daba sus frutos. Tener un rabo tan largo y gordo rozándote el trasero, invitaba a darse la vuelta y volver a chupar. Cesar lo necesitaba, hasta se tumbó boca arriba sobre la cama dejando la cabeza hacia atrás en el borde para que Pablo le follara la boca. Ver la entrepierna de un tio y sus pelotas mientras te mete la pija a placer, es algo inolvidable, sobre todo por el momento en que la bolsa de los cojones cargados de leche calentita te tapona la nariz.

Entró a pelo como la seda. Pablo se envalentonó tanto y le dio con tanta rabia en las primeras empotradas que hizo caer de bruces besando las sábanas a Cesar. No era cosa del calentón, era como le gustaba follarse un buen pompón, metiendo la barra hasta los huevos una y otra vez, dejando las caderas pegadas al culo, dejando que la habitación se inundara de ese característico sonido del plas plas que sólo los más cabrones y bestias pardas folladoras pueden conseguir.

Desde luego Pablo no era de los que se quedaban quietos viéndolas venir. Si acaso aguantaba un rato cuando alguien se sentaba encima de sus piernas, dándose el placer de mirar cómo un culazo se tragaba toda su generosa polla, pero enseguida sentía la necesidad, la llamada de la naturaleza que le hacía descargar toda su energía meneando el culete desde abajo.

La dote que Cesar tenía entre las piernas no estaba nada mal. Pablo pudo descubrirla de primera mano notando sus huevos y su rabo impactando contra su estómago cada vez que le daba duro, mientras el chaval estaba cabalgando encima de él. Fue montándole el rabo y de forma inesperada cuando Cesar se dejó llevar y descargó sus pelotas con una lluvia de lefa que disfrutó con la mirada perdida del gustillo.

Pablo le dejó el tiempo justo para recrearse, antes de darle la vuelta, ponerle inclinado sobre la cama con el culo en pompa y correrse entre medias de su raja. Al sentir los goterones resbalando por su trasero, Cesar se llevó una mano atrás para tocar el rabo recién descargado y sentir el tacto suavecito del semen que aquel guaperas le había dejado encima. Donde tenía el culo, ahora puso la boca y degustó las últimas gotas de leche que salían por ese descomunal rabo.

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