Camilo Uribe se corre a placer dentro del culazo de Korar Darver | Fucker Mate

Mira que era Semana Santa y Korar Darver estaba intentando resistirse a la tentación de la carne, pero teniendo a un tio tan fuerte y de cuerpo atlético como Camilo Uribe al lado, sintiendo los surcos de sus currados abdominales cada vez que le pasaba la mano por el torso y viendo que el rabo ya se le escapaba por encima de los calzones, tenía que volverse un pecador.

Lo que primero fueron unas miradas de reojo, después fueron más directas, obvio puesto que ya tenía medio rabo por fuera. Se lo agarró calzándolo bien con la mano, miró a Camilo dando a entender que era bien grande y ambos se rieron. El dueño ya sabía que la tenía enorme, pero nunca estaba de más que alguien te lo recordase de nuevo.

Ahora a comer machote. Korar le pegó un buen bocado merendándose media polla. Camilo le agarró la cabeza por detrás con las manos y se la impulsó hacia atrás y hacia adelante para ayudarle a tragar todo lo que pudiera. Cuando le sacó el rabo de la boca, había dejado su marca particular de saliva en algo más de media polla, pero todavía le faltaban más de diez centímetros para toparse con los pelos de la base.

Como ya no iba a llegar ni de coña, se olvidó de forzar la garganta y se dedicó a lamer todo el rabo, a chupar fuerte el cipote corriendo la piel del frenillo hacia atrás y sacar la lengua mirando hacia arriba para llevarse una tunda de pollazos en la boca y en la cara. Camilo aprovechó lo cerdete que era el chaval para aplastarle la cara contra su polla y restregársela enterita por toda la jeta, huevos incluídos.

A Korar le gustaba jugar con los sentimientos de los tios, más bien con los sentidos de sus rabos. Prefería una mamada suave de las que crean tensión, lamiendo desde los cojones a la punta del capullo, notando todo el poder y la grandeza de una polla gigante. Jugaba a ser cariñoso, a lanzar miraditas, a sonreir mientras sacaba la lengua y proporcionaba placer. Y cuando menos se lo esperaba, toma mamada pajilleando la polla con los labios, haciendo que al tio al que se la estaba chupando se revolviese en su asiento e hiciera un esfuerzo por no correrse en su boca en ese momento.

Hacía ya tiempo que Camilo había perdido los calzones por el suelo. Los de Korar estaban todavía a mitad de sus muslos. Camilo lo condujo hacia el sofá, se los quitó y lo puso a cuatro patas con las piernas abiertas, dejando a la vista su hermoso y grandote culazo blanco. El chaval tenía un preciso ojete en el que daba gusto hundir el dedo gordo, por lo que más gusto iba a dar hundir la polla dentro, pero además de eso, de entre las piernas le colgaban una buena dotación de rabo y cojones colgando bien blanditos que Camilo se apresuró a masajear y a chupar en todo su conjunto.

Camilo se puso de pie, presentó su cipote a su agujero y hundió la enorme polla dentro sin condón, como un caramelo de café dándose un baño en la espesura de la crema sumergiéndose poco a poco. Era super estrechito. Cada vez que se la metía podía notar cómo le arrastraba parte de los cachetes del trasero hacia adentro, algo que le proporcionaba mucho más gusto todavía porque las dos nalgas se ocupaban de aprisionar su gigantesca polla.

Korar gemía en silencio, era la voz de Camilo la que más se alzaba. El chaval tardó en acostumbrarse a ese taladro entre sus piernas, de vez en cuando su culete cedía hacia adelante escapando del control del rabaco, pero bastaban unas palmaditas de Camilo en la espalda para volverle a recoducir, echar marcha atrás y plantar el pandero en pompa de nuevo para que se lo follase en todo su esplendor.

Cuando Camilo sacaba el rabo, Korar se echaba mano al ojete, lo palpaba con el dedo intentando comprobar el diámetro del agujero que le había hecho ese tio por detrás. Entonces Camilo disfrutaba de nuevo del poder de empalar un culazo. De ese en concreto la dificultad estaba al inicio, en los primeros centímetros, donde más gorda tenía la polla.

Lo que la boca no podía, el culazo tragón sí lo había hecho. Camilo se la metió hasta dejarle los cojones aplastados contra la raja y se quedó unos segundos dentro de él, meneando la vara de lado a lado, rebañando todo su interior.

Korar ya se sentía preparado para montar a caballo. Plantó su culo sobre esa enorme polla y comenzó a pajearla a media altura. Perdió el miedo y se la coló entera por el agujero mientras poco a poco iba poniendo las piernas sobre el sofá y dejaba caer su espalda sobre el musculoso torso de Camilo.

Se dio la vuelta para ver la cara de su follador. Le gustaba mirar su cara de vicio, sentir sus manazas sobre el trasero, la fuerza con la que le impulsaba hacia arriba para que cayese y se clavara todo el nabo, el poder de su entrepierna metiéndose dentro de él. Camilo tomó el control, lo puso de espaldas contra el sofá y le empaló a conciencia.

Ya estaba descontrolado a punto de dejarse la leche de los huevos. Era como un animal abandonado al placer, metiendo rabo, chupando los pies de Korar que tenía la alcance de la boca, sacando el palote e introduciéndole un montón de dedos or el ojete. Korar echó la cabeza hacia atrás, se pajeó sin parar y terminó metiéndose una lluvia de lefa encima. Camilo ventiló sus cojones casi al mismo tiempo que vio toda esa leche salir a escupitajos, solo que no le dio tiempo a sacar la polla y le metió una preñada al chaval que después fue sacando poco a poco. Menudo rosetón le había dejado en el trasero, con todo el ojete dado de sí.

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