Winter XXX Games 3: Bo Sinn y Ryan Bones se turnan para dar rabo a pelo a Alex Neveo y se corren en su cara | BROMO

El centro de diversiones para los deportistas de la categoría XXX queda un poco lejos en la ciudad. Bo Sinn y Ryan Bones están ahora en la montaña, después de un duro entrenamiento haciendo bajadas con las tablas de snowboard, necesitados de algo más que copas y música. Sobre todo Ryan lleva casi una semana desde que llegó a los juegos aliviándose la pija con su propia mano y necesita de fuego amigo para compensar las ganas.

Bo se niega en rotundo, no se la piensa agarrar ni de coña, pero se ofrece a hacerle cobertura para buscarle una boca y un culito que le saque la leche de los cojones. Igual que él encontró un visiosete, por allí debe haber más para su colega que está macizorro y seguro que por eso no tardan en dar con uno. Como preguntando se llega a todas partes, sin cortarse un pelo le preguntan al primer chaval que se encuentran: “Hola, ¿sabes de alguien por aquí que quiera comerme la polla de gratis y me deje metérsela a pelo que no llevo condones“.

Alex Neveo creía que era una broma, pero cuando les dijo que no y se dieron la vuelta como si fuera en serio, la propuesta de tener a esos dos machos a cada lado dándole rabo le comería por dentro de por vida si la dejaba pasar y al final era verdad. Eran grandes, tenían que tenerla enorme. Les paró en seco antes de que se fueran y les dijo que le siguieran a la cabina del material deportivo.

Vale ahora vamos, pero ¿qué te parece si nos calientas aquí las pollas un ratito ahora que no hay nadie?” propuso Ryan. Dicho y hecho, Alex ancló las rodillas en la nieve y esos dos hombretones sacaron unos rabos que, para hacer frío, eran lo más grande y gordo que había visto nunca. Los cabrones le obligaban a girar la cabeza y comerse otra polla cuando se tiraba demasiado con una de ellas, pero es que las dos estaban riquísimas y le llenaban la boca por completo, menudas barras.

Ya en la cabina, los tres se quedaron en pelotas y pudo ver la inmensidad de lo que estaban a punto de darle de comer, aquello no eran pollas normales, y sobre todo la de Bo era descomunal, casi como la de un caballo, un cilindro perfecto y gigantesco, venoso, sobre el que cabían varias manos en fila. Mientras uno le daba por el culo, el otro le ponía a comer polla.

Le hicieron ponerse de espaldas con las rodillas sobre el banco y el culo hacia arriba a la altura de sus caderas. Miró de reojo y vio que se estaban echando a suertes quién se la metía primero por el culo en esa posición. Aunque uno de los dos ganó, jugaron a mete y saca, uno se la enfilaba entera por el culo, la sacaba y cedía el turno al otro que hacía lo mismo. Así se quedaron un buen rato, calentando rabos, para pasar a la acción final y practicar el mismo juego, solo que ahora uno con su boca y otro con su culo, los dos al compás.

Volvió a ponerse de rodillas. Ahora no era él quien tenía el control de esas enormes pollas en su boca, sino sus propios dueños que se las estaban pajeando para darle toda la leche. El gemido de Bo fue bestial, un quejido hondo que precedió a un baño de semen sobre su jeta, un chorrazo que le cruzó la cara entera y salió despedido, otro, otro más, tenía los huevos llenos. La lefa de Ryan era más espesíta. Lástima que el chorrazo de salida que le salió descontrolado quedase fuera de su alcance, pero después fue rápido y se puso debajo del cipote para recoger con la boca esa miel blanquita.

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