Dylan Greene debuta follado a pelo por el pollón de Koldo Goran | Fucker Mate

Koldo Goran tenía un nuevo compañero de piso. Dylan Greene todavía no entendía muy bien el idioma, pero si algo le dejó muy claro su compi es que, aunque durmieran en camas separadas en habitaciones distintas, le llamase si necesitaba cualquier cosa.

Por supuesto Koldo se refería a otras cosas, pero el chaval se lo tomó al pie de la letra y una mañana el cabronazo se presentó en su cama sobándole el cuerpo, comiéndole los pezones y con el rabo totalmente empalmado debajo de sus calzones negros. Para él cualquier cosa era una pajilla, una mamadita, rebajar la polla, vamos, casi nada.

Koldo también estaba de buena mañana, con el rabo a punto de salirse de los gayumbos apretando de la tela hacia afuera. El chaval ayudó a que el rabaco cogiese forma, hay que ver cómo lo apretaba, estaba la mar de cariñoso. Koldo también se aprovechó de él un poco y le metió la mano entre las piernas, paseándole el dedo medio por la raja del culo.

Le dejó tocar poco tiempo, antes de que se escurriese por su cuerpo hacia abajo. Dylan le quitó la única prenda de ropa que le separtaba de su premio y la pedazo polla de Koldo salió disparada como un resorte, gordísima, gigantesca, con un buen par de huevos que se liberaron cayendo entre sus piernas como flanes. El tio guaperas esnifó las pelotas, fue rozando sus labios y la nariz a lo largo de la polla, la agarró firme con la mano poniéndola en vertical y se la metió dentro de la boca.

Algo estaba pasando, no era normal que a Koldo, después de apenas un minuto de mamada, le entrasen ganas de comer rabo también. El belga sabía chupar y eso le había despertado las ganas. Le sacó al sargento de los calzones y lo puso firme entre sus labios, pero Dylan tenía demasiado apetito como para no seguir comiendo, así que terminaron haciendo un sesenta y nueve en el que Koldo enseguida se sumergió entre los cachetes de ese culazo blanquito y suave.

No acostumbraba a ciertas cosas y este tio le estaba dejando alucinado. Le salió un gemido del alma cuando notó cómo en esa nueva postura, Dylan se comía toda su polla hasta los huevos. No todos podían hacerlo. Y no lo hizo una, sino repetidas veces, además de gemir como un glotón con la boca llena. Tenía hambre el cabrón.

Koldo necesitaba ver cómo tragaba el belga en primera persona. Se puso de pie, le enfundó la chorra dentro de la boca y culeó hacia adentro. Era un puto comilón de pro, muy guapo, con buenos labios y deseoso de rabo, una maravilla cómo sacaba la lengua para hacer espacio y tragar otro poquito más. En un ratito le dejó la barra y las pelotas llenas de babas.

El tiarrón galán le pidió ya la follada. Koldo le avisó “no condones, no tengo condones” acompañado de un gesto bastante explícito en el que se llevó la mano a la boca, haciendo que rasgaba un preservativo y después llevándolo a su rabo y desenrollándolo. Dylan le hizo un ok con la mano y el tio se plantó en la cama de rodillas abriendo el culo. Así que la quería a pelo, pues de puta madre.

Lo que tenía delante de él, a Koldo se la ponía durísima, un señor culazo con un buen ojete, un tiarrón grandote con las piernas abiertas. Se puso de lado para metérsela, necesitaba ver la clavada desde un buen ángulo. Le pegó un tiento con el cipote y a la siguiente se la endiñó dentro del culo sorprendiéndose por lo justa y perfecta que entraba, ni hecha a medida, vamos.

Se supone que era Koldo el que debería haber gemido mientras se lo montaba como un buen vaquero, pero prefería escuchar los sonidos de la voz de su compi, de voz profunda de macho pero también como los de una puta bien montada.

El tio no cedía ni un ápice. Otros ya habrían besado las sábanas cediendo al poder de su polla, este en cambio levantó las piernas y se quedó haciendo la araña sobre la cama. Koldo había caído totalmente en sus redes. Es esa postura, lo tuvo fácil para hacer que se sentara sobre su nabo y entonces Koldo recibió una paja porculeadora de alucine. Joder, cómo saltaba y se tragaba la polla con ese culazo.

Dylan hizo el avioncito sobre el rabo para colocarse mirando a Koldo, que le hizo la sillita abriéndose de piernas para que cuando lo lanzase hacia arriba de un pollazo, cayese sentado entre sus muslos. Koldo ya ponía los ojos en blanco. Estaba  apunto de caramelo.

Volvió a ponerle a cuatro patas y le encajó de nuevo la polla por el ojete. Era increíble cómo podía entrar tan ajustada y a la vez hacerla resbalar enterita del capullo a las pelotas por su interior de una forma tan sencilla. Koldo se la sacó y la metió controlando el tempo hasta que le sobrevino el gustillo de la corrida. Con el cipotón apuntando hacia el agujero, le metió una somanta de lefazos espesitos decorándole la raja del culo y se quedó medio ciego del gusto observando cómo el reguero de semen caía por las pelotas del chaval hasta precipitarse sobre las sábanas.

Engrasó la polla con su propia lefa y la usó de lubricante para enfundársela de nuevo al chaval por el ojete. Con el culo calentito, Dylan volvió a sorprender a Koldo una vez más, cuando se dio la vuelta, se cascó un pajote y empezó a expulsar chorrazos abundantes de lefa que salpicaban alto hacia arriba en zig zag. Después de aquella demostración de amistad, Koldo fue más explícito con su petición: “Ven a mi cama siempre que necesites ayuda“.

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