Hector de Silva y Kurtis Wolfe se hacen unas mamadas en el pasillo oscuro y se lefan la cara | Raging Stallion

Desde que Hector de Silva se aficionó a las idas y venidas del spa para hombres, no quería probar otra cosa. Cada vez que cruzaba sus puertas, encontraba una nueva experiencia. Primero fue una clásica para romper el hielo, aunque brutal, petándose un culo en la cama con otro hombre, después se folló a un chulazo en la sauna y ahora iba buscando algo más cerdo y totalmente distinto.

Los tios que también frecuentaban el local le animaron a presentarse al caer la tarde. Le dijeron que a eso de las nueve siempre había un chulo come pollas recorriendo el pasillo oscuro, que era muy guaperas, que la chupaba como Dios y que si le gustaba el rabo, a veces te dejaba correrte en su cara. Pues menuda cosa le habían dicho, se fue empalmado del trabajo al spa como alma que lleva al diablo, se enfundó la toalla a la cintura y fue directo al pasillo que le habían indicado.

Era una mezcla entre burdel y after, luces tenues de colores rojizos, escuchándose algunos gemidos apagados detrás de las puertas que estaban cerradas y el sonido ambiente de música electrónica. Fue llegar y besar el santo. El chaval estaba haciendo el recorrido a lo lejos, le vio masajeando y pajeando una polla, pero cuando él entró, el mundo se paró, fue como un flechazo, Kurtis Wolfe soltó el rabo que tenía a punto de escupir leche y dejó a su dueño abandonado para ir en busca de su nuevo amor.

Las toallas cayeron enseguida, Kurtis se arrodilló y se llevó a la boca la butifarra de Hector que estaba durísima. Muchísimo mejor de lo que le habían contado. El chaval era guapísimo y además tenía unos labios apetecibles que sabían muy bien cómo aplicar fuerza de succión a una polla tiesa. Le gustó atnto que decidió que tenía que devolverle el favor, así que Hector hincó las rodillas y también se merendó su grandioso rabaco.

No les hizo falta meterla en ninguna parte, por lo menos en ese primer encuentro. A lo máximo que llegó Hector fue a lamerle el ojal, sabiendo que quizá otro día le dejase penetrar su interior, pero estaban los dos tan cachondos que decidieron saldar ese primer encuentro corriéndose en la cara. Kurtis le dibujó un lindo bigote de lefa y Hector aprovechó su turno para meterle una impresionante lluvia de lefazos que dejaron la cara del chaval bien mojadita, ciego de un ojo, con el pelo engominado. Las paredes también se pusieron contentas, ellas y algún mirón que acudiría a lamer el semen como un puto cerdo cuando esos dos se fueran a la ducha.

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