Geordie Jackson se folla a Devin Franco sin condón como un animal empotrándole su polla gigante y sus huevazos | Lucas Entertainment

El día en que Devin Franco fue invitado al chalecito de Geordie Jackson para pasar la tarde, lo recordaría como el día en el que recibió la mejor follada de toda su puta vida. Sabía a lo que iba, aceptó la invitación porque quería que un macho así se lo follara, porque por experiencia sabía que un tiarrón grande con buenas piernas, buenos muslos y manos grandes, tenía que tener un buen pepino esperando impaciente bajo la tela de los calzones.

Lo descubrió enseguida nada más llegar, cuando después de beberse unas cervecitas, Geordie se bajó las bermudas. Las vistas eran impresionantes, mucho mejor de lo que imaginaba. El tio tenía la polla tiesa, un pedazo palo gordo y gigantesco de más de veinticinco centímetros, con un cipote algo más grande y grueso que la circunferencia de su pollón. Y los cojones… qué maravilla, más grandes que un par de huevos, colgando en su piel que le caía entre las piernas escondiendo la raja de su culo.

La mamada ya se antojaba épica por el simple hecho del gustazo que le dio encajarse el cipotón dentro de la boca. Era como meterse un melocotón entero. El machote tenía a rebosar las pelotas, porque según se la estaba mamando, la polla lubricaba solita con precum. A pesar de eso, no le dejó la boca rebosando de lefa, que por otra parte le hubiera encantado. Geordie tenía algo mejor para él.

Desde que se la metió por el culo sin condón, no había Dios que frenara a ese puto animal. Se volvió loco penetrando el ojete, dejando a Devin arrinconado contra los barrotes de la cama cuyos muelles estaban a punto de ceder con tanto trajín. Sudaba como un pollo y no paraba de follar, tuvo fuerzas hasta para levantar en volandas a Devin, empotrarlo contra la pared y allí mismo elevarle el culazo y dejar que cayera de nuevo por su propio peso, ensartándose en esa gigantesca polla.

Estaba salido y desatado como una fiera, gemía y gritaba como si fuera Tarzán reclamando su presa mientras abría a Devin de piernas para meterle el trabuco. Devin nunca olvidaría le momento en el que le folló el culo al borde de la cama. Podía sentir el impacto de sus gordas pelotas chocando contra su entrepierna cada vez que se la metía con rabia.

Devin montó encima de ese corcel desbocado y aprovechó para correrse encima de su torso. Sólo entonces paró un momento, dándose cuenta del buen trabajo que había hecho. Poco duró ese estado de consciencia, porque después de eso le puso a cuatro patas y le metió rabo hasta que empezaron a llover lefazos por encima del culo y la espalda del chaval, consecuencia de unos huevos grandes y bien cargados.

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