Mamándole la verga a Thomas un guaperas de las playas de Florida | Beef Cake Hunter

Normalmente a la edad de dieciocho anitos, los chicos suelen ser más vergonzosos y reticentes a mostrar la verga. Es algo normal y natural, una edad a la que empiezas a notar la presencia de tu “yo” masculino colgándote entre las piernas, pasando de ser una pilila a un pepinote, pues da vergüenza mostrarlo en público. Vic no estaba acostumbrado a ver a chavales así andando por la playa, en speedos y tan seguros de sí mismos como Thomas.

Ni tan seguros y mucho menos tan abiertos a todo tipo de proposiciones, porque cuando se acercó a él y le propuso llevárselo a casa y pegarle la mamada de su vida, para su sorpresa el chaval aceptó como si le hubieran ofrecido un caramelo, aunque el caramelito se lo llevó Vic, al que ya se le hacía la boca agua de pensar en sacarle todo el jugo de las pelotas al guaperillas ese.

De las playas de Florida a su piso, el chaval estaba tremendo. Delgadito pero de cuerpo atlético, morenito, de pasar las tardes jugando al balón en la orilla, una cara de guapo malote que seguro debía volver locas a las nenas. Con la misma seguridad con la que lucía el paquete por la playa, se quitó la ropa. Vic ya tenía ganas de saber por qué ese chaval estaba tan seguro de sí mismo y lo descubrió enseguida, en cuanto le tiró de los pantalones y salió disparada de la entrepierna una pedazo polla larguísima y empalmada. Cabrón, ahora entendía por qué iba tan confiado por la vida, con eso entre las piernas estaba para comérselo enterito.

Todo un yogurín delante de él con la pija tiesa, hasta se puso nervioso. Además el tio miraba cada gesto de su cara como intentando indagar su próximo movimiento o si le gustaba. Claro que le gustaba y mucho. Le cogió del rabo y se lo merendó como un puto cerdaco dejándole todas las babas encima como se merecía semejante pollón.

Aunque le preparó una peli porno con muchos coños y tetas, al chaval se ve que le podía la curiosidad, porque no dejó de mirar ni un segundo a ese hombre que le estaba masturbando la polla con los labios. Vic se puso super cachondo y se dejó llevar por su instinto. Separó ligeramente las piernas de Thomas, le comió los huevos y tentó a la suerte colando los morros y la lengua por la raja de su culo. Y le gustó al jodío.

El chaval aguantó como un campeón la intensa mamada y Vic se habría tirado horas y horas comiéndole el pijote, pero hasta los chicos tan seguros de sí mismos tienen un límite. Vic se quedó con los morros pegados al rabo mientras el chaval se hacía la última paja y cuando vio los primeros chorretes de lefa volando fuera del capullo, le retiró la mano y la intercambió por la suya, se apoderó del pollón que seguía expulsando lefa y se la metió dentro de la boca para saborear los últimos mecos. Necesitó volver a encontrarse de nuevo con ese cachorro y lo consiguió, pero esa es otra historia.

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