Alejandro Torres y Patrick Dei meten doble polla a Joaquin Santana sin condón y le dan doble surtido de leche en la jeta | Fucker Mate

Cuando Patrick Dei salió de su habitación por la noche para ir a beber agua a la nevera, entró en la salita y se encontró a los dos cabrones dándose el lote. ¿No habían quedado en que fuera líos entre ellos mientras fuesen compañeros de piso, que después vienen los problemas? Así que por eso se quedaban viendo la tele hasta las tantas.

Donde caben dos, caben tres. Alejandro Torres, sin necesidad de decir una sola palabra, invitó a Patrick a unirse a la fiesta con un simple gesto. Bueno, ya que ellos mismos habían puesto las normas, pues por qué no romperlas. Además, estaba cachondísimo y no le vendróia mal descargar las pelotas.

Le hicieron un hueco en el sofá. El que cedió su sitio fue Joaquin Santana, que dejó a los dos machos como reyes besándose, mientras él se dedicaba a ser su putita y a chupar pollas. Ya tenía asumido ese rol cuando se lo hacía con tios más grandotes y pollones. Si ya le molaba tener un polo que mamar, eso de tener dos para agarrarse a uno con cada mano era la hostia.

Los dos la tenían bastante grande y gorda, de más de veinte centímetros seguro. Lo más que había llegado a vérselas es en el baño recién levantados o montando tienda de campaña bajo los calzones. Ahora tenerlas entre las manos, tiesas como palos y enormes, metiéndose entre las piernas de uno, después en las del otro, llenándose la boca de rabo, era una auténtica gozada.

Para no tener que ir desplazándose tanto, las cogió y las puso lo más cerca que pudo, inclinando una hacia la otra. Ahora le bastaba un giro de cabeza para chupar un cipote y otro, un cipote y otro, así todo el rato. Le encantaban los cabezones.

Hasta ese momento, aunque le ponían de vez en cuando la mano detrás de la cabeza, los dos seguían besándose sin prestarle demasiada atención, pero terminaron rompiendo filas. Patrick se sentó sobre el respaldo del sofá, Joaquin a cuatro patas devorándole la polla y Alejandro a punto de hincar las rodillas en el suelo dando buena cuenta del culazo del cerdete de su compi de piso al que se iban a ventilar.

No tuvo que lamerle mucho la raja ni el ojete, por suerte Joaquin tenía un buen hueco para tragar pollas, así que Alejandro se levantó, separó las piernas un poco plantando los pies en el suelo con seguridad, dobló las rodillas hasta dejar el cipote a la altura del agujero que iba a penetrar y se la metió como una estaca completamente a pelo.

Mira que había condones en aquella casa, a porrones por cualquier sitio, no sólo en las carteras o sus bolsillos, sino en cada cajón, porque aunque entre ellos nada de nada por eso de las normas, cada semana por lo menos una decena de tios se dejaban el sudor de los huevos entre sus paredes. Joaquin se quedó flipando con la polla de Patrick en la mano al no escuchar el soniquete del condón antes de que se la metiera. Puto cabronazo. Pero no le dijo nada porque le gustó.

Dándole un cachete en el culo, Ale le cedió el turno a Patrick, que siguiendo el ejemplo de su compañero, también se la endiñó a pelo. Las primeras enculadas eran lentas, pero a medida que descubrían el placer de su ojete, el ritmo de la follada iba en aumento. Ya ninguno le daba rabo en la boca, se habían quedado los dos detrás turnándose el trasero.

De repente Joaquin vio que no era el único que quería recibir. Patrick se puso a cuatro patas a su lado y se dejó follar, y mientras se lo follaba, era Joaquin en que recibía los besos y la descarga de gemidos de Alejandro en su boca. Al ratito cambiaron las tornas y era él el que tenía la manguera perforándole el ojal mientras los besos se los llevaba el otro.

Los tres se estaban queriendo demasiado, tirando las normas a la basura. Estaban tan cachondos que se dedicaban a hacer lo que les nacía de su instinto animal. El de Joaquin era cabalgar pollas. Se sentó en la de Patrick, pero con lo que no contaba era con que Alejandro iba a hacer resbalar su pollón sobre el de su compi para al final meterle los dos dentro del mismo agujero. Salvajes.

El esperado trenecito no se hizo esperar. Era cuestión de tiempo que Patrick se lo follase por detrás y que Alejandro hiciera lo mismo con el culazo de Patrick. Una pila de rabos, culos abiertos y pelotas bailando al mismo son, la auténtica delicia para los más guarretes.

Volvieron a la posición con la que empezaron. Alejandro y Patrick sentados sobre el sofá dándose el lote, solo que ahora no era la boca de Joaquin y sus hábiles manos las que pajeaban pollas, sino su culo. Después Joaquin se tumbó boca arriba y dejó que Ale lo machacara a pollazos, agotando sus últimas balas.

La artillería estaba cerca. Con un movimiento rápido, Joaquin se arrodilló entre los dos caballeros. Patrick fue el primero en dejar salir su leche de las pelotas, dándole un buen baño de lefa calentita entre los hombros, la barbilla y la nariz. Alejandro se puso celoso, le giró la cabeza, apuntó hacia su cara y le metió un primer chorrazo inesperado y cargadito al que le siguió una lluvia de leche que obligó a Joaquin a abrir la boca y disfrutar como un puto cerdo. Acababan de descubrir un nuevo pasatiempo entre compis de piso, mucho mejor que comer palomitas viendo una peli.

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