David Montenegro se folla el pandero de Korar Darver con su gigantesco pollón y le lefa la jeta | Fucker Mate

El contorno de un buen par de pelotas y de un rabo gigantesco se dibujaba por encima de la tela de los gayumbos de David Montenegro mientras se sobaba todo el paquete de buena mañana. La trempera mañanera de un hombre requería plena dedicación y cuando la polla necesitaba tomar oxígeno, no quedaba otra que dárselo.

Por suerte, no tendría que matarse a pajas en un cinco contra uno, porque su compañero de piso Korar Darver siempre aparecía puntual por la puerta cuando él se sacaba la chorra fuera, con sus calzones abiertos por detrás, dejando a la vista su maravilloso ojete follable para no perder el tiempo y dirigiendo su mano directamente al pollón para ponerlo recto.

El italiano primero le hacía unos breves preliminares besando el torso y gozaba rebozándose la polla por la cara, después se metía el cipote dentro de la boca y apretaba bien, arrastrando los labios por todo el tronco. David culeaba un poco, follándole la jeta, obligándole a tragar más, mientras disfrutaba con la boca abierta agarrándole la cabeza y viendo cómo cada centímetro de su trabuco gordo abría a tope esa boquita de caramelo.

Para que te la chupen bien, a veces primero hay que dar unas lecciones prácticas y en eso David es un buen profesor. Dejaba loquito al italiano cuando se tragaba su polla enterita, hasta posarle los labios en la huevera e incluso apretando, metiéndose el cipotón por la garganta. Korar le subía la cabeza y le metía un morreo prestándole toda su saliva para que volviera a bajar y le comiera el nabo de nuevo. Puta gloria bendita era aquello.

Mira que Korar lo intentaría más tarde, en la misma postura y notando ya la raja del cipote amoldándose a su campanilla, pero es que el miembro viril de David era visiblemente mucho más largo que el suyo. De gordo andaban ahí ahí, pero de largo era casi el doble, la hostia puta.

Haciendo un sesenta y nueve, mientras David se dedicaba a perforarle el culo con la lengua, sin la presión de que nadie le mirase, conseguiría tragarse cuatro y mitad de salami, aunque a parte de eso lo que a él más le gustaba era juguetear con la polla, detenerse en el capullo, lamer la polla todo lo larga que era con la lengua mientras descansaba sobre el torso.

Tras unos minutos acicalándole el rabo, aquel mazo no paraba de crecer y cada vez estaba más duro. Cuando Korar se daba cuenta de la pedazo pija que tenía delante, se le abrían los ojos como platos. Parecía la de un caballo. David se enfundaba el condón y lo desenrollaba hasta el final, pero a pesar de ser talla XXL, el plástico se le quedaba a cinco centímetros de cubrirle el rabo entero.

Si algo sabía hacer muy bien David era dar buen uso a la forma de su soberana pollaza. Primero les ponía a cuatro patas calzándosela por detrás, ajustándose a la curvatura del culo, pero después les dejaba locos cuando les tumbaba boca arriba y les metía por el culo el primer tercio del rabo en tandas rápidas, haciendo gancho con la polla, dándoles todo el gusto en la próstata.

Sólo superdotados como él podían darse el gusto, después de haberlos dejado loquitos y ciegos de placer, de girar el cuerpo y ponerse detrás sin tener que sacar el rabo del agujero de lo larga que la tenía. Así, como si nada, pasó de meterle una propina de pollazos desde arriba a hacerle la sillita y el cuatro en la cama endiñándole polla por detrás.

Era increíble lo ajustada que entraba, consiguuiendo sacar a Korar unos gemidos de placer inmenso. La habilidad de David para follar culos era patente. El secreto estaba en los abdominales, concentrar toda la fuerza en ellos para empalar y dar por culo como Dios manda.

Después de dejarle cabalgar un rato sobre su polla, aunque quien realmente tomaba las riendas era él, porque Korar se resistía a sentarse por completo sobre su gran montura, regresaba a la postura con la que les hacía correrse a todos, boca arriba metiendo el gancho duro y gordo por el trasero. Korar se corría como un adolescente pajillero, metiéndose todos los trallazos caldosos encima más allá del hombro, pringándose todo el torso con lefa y estrujándose la polla hasta que no quedaba nada.

A David le costaba poco y nada convencerle para que le dejase pajear su manguera sobre su cara. Joder, la tenía tan puto dura que aquello era como tratar de apuntar al váter cuando tratabas de mear empalmado, de esto que tienes que forzarla hacia abajo y doblarte un poco para hacer puntería. Así salió la lefa, con un par de chorrazos largos sobrevolando la cabeza de Korar. Tenía que meterle el cipote dentro de la boca para asegurarse de que recibía su leche y aún así, en cuanto que dejaba un espacio por muy pequeño que fuera, la polla se empeñaba en mandar los chorretes de semen hacia afuera, dibujándole los mofletes y el bigote.

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