Battle Buddies 1: El instructor Ryan Bones se folla al novato Bellamy Bradley | MEN

Bebía, se fumaba de todo y era un adicto al sexo. Cada noche que salía de marcha, terminaba por algún callejón borracho, colocado y la mayoría de las veces con el culo bien follado por un pollón que nunca era capaz de recordar a la mañana siguiente. Para sus padres aquello era un castigo. Ni con los mejores sicólogos y expertos habían adelantado nada, así que decidieron enviarlo a un “campamento“, la palabra que utilizaban para el Booty Battle Buddies, donde esperaban que su hijo Bellamy Bradley se convirtiera en todo un hombre hecho y derecho.

Su llegada al campamento fue triunfal. En unos dormitorios regidos por machotes que no dudaron en menospreciarle y hacerle burlas de mal gusto, él no dejaba de ser el más guapo de todos y sabía que si no era aquella noche, una de estas todos terminarían petándole el culo y sacando sus rabos para correrse en su linda carita. Vaya que sí. De entre todos, no sabía con cual quedarse. Bueno, sí, con el instructor, que despertó su polla nada más verle la primera mañana de entrenamiento. Un macho fornido, atractivo y guapo del que imaginó tendría una polla tan gorda como un bote de pringles.

A Ryan Bones se la ponía durísima tener que entrenar a un grupo de nuevos chavales. Con los más veteranos era distinto, porque ya le habían cogido el truco, pero con los novatos se sentía firme y poderoso, con capacidad para poder hacer con ellos lo que le viniera en gana. Avispado y curtido en materia de sexo, enseguida se dio cuenta de que le había molado a uno de los novatillos y esperó el momento oportuno para darle de comer su apetitoso rabo.

Ocurrió en pleno entrenamiento matutino. Puteó a los nuevos y en especial a Bellamy hasta que le dejó a solas besando el barro. Entonces, cuando estaba exhausto, le dio energías enseñándole la polla dura, gorda, tiesa. Para Bellamy aquello era como ver el cielo. Sacó fuerzas de donde no las tenía y fue directo a comerse el pollón que su instructor le suministraba.

Mientras lo hacía, un par de veteranos se quedaron no sólo a mirar, sino también a participar y ayudar a su instructor a metérmela por el culo. Me agarraban fuerte mientras el macho alfa me embestía por detrás y me jodía el culo dejándome un agujero enorme en el ojete. Cuando terminó conmigo y me dejó todo el semen encima, dio permiso a los otros dos para hacer lo mismo. Aquello sólo había hecho que comenzar. El instructor nunca contaría sus hazañas, no le hacía falta, pero los dos veteranos, en cuanto tuvieran un rato de intimidad, empezarían  a hacer correr los rumores. No tardaría en ser la puta del campamento.

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