Hector de Silva se folla a Tegan Zayne y le mete una lluvia de lefazos | Raging Stallion

En este spa tan especial, tienes la libertad de entrar como quieras. Vestido o desnudo, es opcional. Tú eliges, primero eso y después por qué puerta entrar. Allí puedes encontrarte con un alto ejecutivo de traje o corbata o al bombero desnudo y cachas al que siempre soñaste comerle toda la manguera. Un lugar para cumplir las fantasías de los hombres.

La casualidad ha querido que tanto Tegan Zayne como Hector de Silva coincidan en gustos, tan sólo ataviados con unas toallas que no duran mucho atada a sus cinturas, porque el flechazo sexual que ocurre entre los dos es patente. Tegan tiene un hambre voraz de polla, siempre lo tiene. No se lo va a confesar a un completo desconocido, aunque nadie suele meterse entre las piernas de un desconocido nada más verle, pero sienpre está pensando en follar y comer rabos, un auténtico salido.

Hector le acaricia la cabeza por detrás, mirando fijamente, flipando de cómo se come su polla, a trompicones, abriendo la boca a tope, dejándola entrar por su garganta, con tantas ganas que logra contagiarle y sacar su lado más perro. Le coge la cabeza y le obliga a tragar a fondo. Al muy cabrón le gusta que le obliguen a comer.

A Tegan le molan los tios tan guapos como Hector. Hombres tan atractivos y con esos ojazos se merecen que él abra el culo a tope para dejarles pasar con sus pollas. Se abre de piernas y le deja hacer. Se pone cerdo viendo cómo se despeina, el sudor de su cuerpo resbalando por sus abdominales, la energía con la que le da por el culo. Tanta magia junta consigue hacer que su polla explote, lanzando al viento unos fuegos artificiales de lefa de mucha altura.

Si Tegan hubiera podido decidir dónde quería la leche de Hector, sin duda habría elegido la cara como buen cerdo que era. Le gustaba ponerse las botas y pegarse un buen enjuague bucal de semen de macho. Pero Hector tenía un fetiche especial que quería cumplir y cómo iba a negarse Tegan a comerle ese culazo que tanta energía había puesto follándoselo mientras él se granjeaba una paja.

Lo malo es que se arrepintió cuando de repente empezó a notar montones de chorrazos de lefa calentita mojándole las piernas, la polla y los huevos, el cuerpo entero. Aquel tio disparaba misiles de largo alcance. Joder si todo eso hubiera ido directo a su cara y entrado por su boca, habría sido feliz el resto de su vida. Nunca antes nadie lo había dejado tan mojado.

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