Camilo Uribe preña el culazo a Patrick Dei y recoge su lefa del ojete para dársela en la boca | Fucker Mate

Seguro que te ha pasado, esto de estar en casa tocándote un poco el rabo a punto de hacerte una pajilla y que de repente hayan llamado a la puerta y hayas tenido que salir con la polla morcillona entre las piernas intentando disimularla. Camilo Uribe había aprovechado que su compañero de piso en Barcelona se había ido a hacer unos recados, para así grabar un vídeo de rabo para todos sus seguidores en las redes sociales, cuando llamaron a la puerta.

Suerte que tenía unos pantalones holgados y que su polla en estado holgazán a punto de despertarse era lo suficientemente pesada como para caer por su propio peso entre las piernas sin montar tienda de campaña. La cosa es que el chaval que entró preguntando por su compañero de piso, en cuanto le invitó a sentarse para esperarlo, se le quedó mirando y enseguida acudió con la mano al paquete, señal de que su colega de piso ya había informado a todas sus amistades de lo que tenía entre las piernas, no cabía duda.

Patrick Dei le instó a quitarse la camiseta y él hizo lo mismo. Los dos delgaditos, con torsos definidos pero tan diferentes. Mientras que uno lo tenía super atlético, moreno, suvecito y depilado, el otro lo tenía blanquito y de pelo en pecho. Tontearon un rato jugando a cazarse besos y Patrick no tardó ni un minuto más en estar de rodillas rindiendo pleitesía y comprobando las bondades de esa polla de la que tanto le habían contado.

Le habían dicho que era gorda, pero hasta que no la tuvo en la boca, rellenándosela por completo, tanto de lado a lado como de fondo, intentando colarse por su garganta, no fue consciente de lo exageradamente larga, gorda y gigante que era. Mientras que tragaba y mamaba, se le levantó el pito y se le puso tan duro que estaba a punto de reventar los huevos del gusto que le daba tener esa pollla dentro de la boca.

No le importó que Camilo le forzase un poco, él también lo estaba haciendo. Le encantaba chupar rabos así de grandes y le entraba tanta hambre que era imposible no querer tragársela hasta más allá de la campanilla y ahogarse un poco. Cuantas más babas le dejaba encima, más fácil se le hacía comerla.

De tan gorda que era, apenas tenía espacio para situar la lengua debajo del cipote antes de tragar y que le cubriera los labios por completo. Le gustó eso de sacarla a pasear de vez en cuando de su boca, cuando Camilo aprovechaba para darle unas tortas suaves de rabo o se lo rebozaba por toda la cara. Qué gustito daba sentirla calentita y dura en las mejillas, en su nariz, el tacto rugoso de sus pelotas en la barbilla, el cipote acariciándole la frente.

Ahora era el turno de Camilo de prepararle el ojete. Se espanzarró en el sofá, Patrick se subió encima, abrió las piernas dejando la cabeza de Camilo en medio y fue doblando las piernas hasta toparse con la boca de su macho. Joder qué lengua tenía el cabrón y qué buen uso le daba. De un solo lametón le cubrió la raja entera del culete y no paraba de darle cera, incluso a cada lametón sentía la nariz penetrándole el agujero.

Qué, sabías que Joaquín no estaba y has venido a que te follara ese culo“, sentenció Camilo mientras le dejaba a cuatro patas sobre el sofá, dándole toquecitos mojados con los dedos en el ojete como un practicante tanteando el lugar en el que va a meter la aguja, con ese culazo grandote y precioso a su entera disposición.

Así a simple vista y por el agujero que parecía tan apretadito, que hasta tenía que hacer fuerza para meterle un simple dedo, Camilo tuvo sus dudas, aunque era consciente de que el hambre de rabo que traía el chaval, tal y como en otras ocasiones ya le había pasado con otros chicos, muchas veces hacía que se convirtieran en mejores tragones que los que lo tenían más abierto.

Su idea antes de metérsela era ir a coger un condón de la mesilla, pero Patrick le pidió que no, que le metiera la barra a pelo. Él encantado. Nada más encajarle la polla, empezó a gemir de gusto y echó la mano hacia atrás justo en la zona de impacto, acariciando su rabo penetrante con dos deditos. Camiló llegó a pensar que ese tio llevaba esperando su polla mucho tiempo, porque lo estaba gozando de puta madre.

Lo que pensó, al final los de agujero estrecho y mucha hambre eran los que mejor tragaban. Camilo se la metió lento, centímetro a centímetro y en cuestión de segundos se la empaló hasta los huevos super apretada. Porque tenía buen aguante, la experiencia le había hecho un hombre, que si llega a ser otro entrando por ese espacio tan estrecho, no hubiera tardado en dejarle una buena preñada dentro.

Hecho el hueco, ya se daba la libertad de meterla a placer. Le encantaba mirar y ver cómo los cachetes de un buen culazo cedían ante su polla. Le gustaba sacarla y meterla casi por completo en cada penetración, para darse gusto a toda la barra y para dar placer al trasero que tenía enfrente. Patrick no podía creer que semejante pollón estuviera dentro de él. Echó la vista atrás y sintió que la felicidad lo invadía al ver a Camilo tan entregado, con  todos los músculos de su cuerpo en marcha para reventarle el culo.

Patrick hizo lo que tantas ganas tenía desde que había llegado, sentarse encima de las piernas de ese chaval y pajearle la polla duro con el culazo. Era como un instinto que iba más allá de su ser, como si el ver a un tio pollón, desnudo y con la verga gigante empitonada, despertase su lado más animal y sintiese la necesidad imperiosa de sentarse encima. Pajeó, pero con la fuerza y energía que tenía Camilo, también recibió unos buenos pollazos de su parte desde abajo. Qué gusto le daba subir y bajar por esa barra de carne que parecía no tener fin.

Todo vicioso por seguir recibiendo polla, Patrick se tumbó boca abajo sobre el reposabrazos del sofá, dejando el culo abierto en el borde y pasándose su rabo por entre las piernas de tal forma que sobresaliera y quedase a la vista. La tenía enorme y seguro que de haber llegado su amigo y haberle visto con el culo bien follado y el rabo así de tieso, se habría agachado para chuparsela.

Incluso después de haberse sentado encima de esa pollaza clavándosela hasta los huevos, cuando se la metió de nuevo en esa postura sintió el mismo gusto que la primera vez. Alucinante lo gorda y grande que la tenía. Le estaba gustanto tanto, que estaba a punto de rogarle que le preñara, para después expulsar de su ojete toda la lefa y que resbalara allí mismo por sus huevos y su polla. Ya lo haría luego, a su manera.

Del reposabrazos, pasaron a follar en el respaldo del sofá haciendo un trenecito de dos vagones. Desde luego la próxima vez que fuera de visita formal a ver una peli y lo invitaran a sentarse en ese mismo sitio, no sabía si iba a ser capaz de mantener su rabo dormidito recordando la follada por cada rincón.

Los ojazos de Patrick eran un puto reclamo para follarle cada vez más fuerte. Era alucinante tenerle frente a frente con las piernas abiertas y esos ojitos preciosos y brillantes mirándote, hablando por sí solos, suplicando más rabo dentro de su culo, la forma en la que los cerraba lentamente cuando notaba los pelos de las pelotas en el ojal, las mordidas y relamidas de labio que lo hacían de un guapo aún más irresistible.

Se abandonó al gustazo de tener ese pollón dentro del culo, cogió su rabo y se lo pajeó fuerte hasta correrse. Le salieron unos perdigones de lefa a la altura de la follada que le habían metido, tan salpicones que Camilo casi recibe en toda la jeta sin pedirlo.

Camilo estaba también a punto de correrse y le preguntó a Patrick si quería su leche. Por supuesto Patrick dijo que sí asintiendo con la cabeza, pero era un sí de estos de que te dejaban la libertad de correrte donde quisieras, así que Camilo aprovechó la oportunidad y sustituyó la paja que normalmente se haría para sacarse la leche por una última follada. No sacó la polla cuando el gusto de la corrida le invadió los huevos. Le metió una preñada dejándole los chorrazos de lefa dentro del culo.

Cuando le sacó el rabo, aquello era como sacar el tapón a una botella de champán. El semen brotó del agujero y salió hacia fuera. Camilo se agachó a catar su propia lefa, se acercó a la cara de Patrick y le brindó una hilera de lefa pegajosa y rica pasándola de boca a boca. Así se quedaron sobre el sofá, morreándose con la lefa de macho entre los labios, del culo a la boca.

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