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Alexis Clark se folla a Patrick Dei a pelo con su enorme pollón | Fucker Mate

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A Patrick Dei le encantaba meterse por los callejones cuando estaba cachondo e iba buscando un rollete para acostarse una noche. Era torcer la calle, meterse en uno y le subía la adrenalina, pensando que en cualquier momento podría convertirse en la puta de cualquiera.

Le iba el sexo guarrete de aquí te pillo, aquí te mato y muchas veces había terminado de rodillas chupando polla y volviendo a casa con sabor a semen en la boca, en plena calle agarrado a un cubo de basura mientras unos pandilleros se turnaban para darle por el culo o probando el duro y punzante asfalto con su espalda mientras un buen pollón se hacía con su trasero. Cada vez que se metía en uno, era como comenzar una nueva aventura que nunca sabía dónde le podría llevar.

Esa vez se conformó con uno y no se lo hizo en la calle, quería estar bien cómodo para que le follase. No podía creer en su suerte cuando se cruzó con Alexis Clark, un tiarrón alto, guapo y con cara de malote que te cagas. Le propuso follarle el culo y el chaval aceptó encantado. Patrick llevó una mano a su paquete, notando la curvatura que iba más allá de entre las piernas y supo que quería toda esa barra larga hundida dentro de su ojete.

Por fin llegaron a la cama y le destapó esa rica banana. Así le gustaban a él, que de tan largas estaban torcidas. Le dejó las primeras babas y al sacársela de la boca vio cómo la muy zorra salía brillante, torcida por la mitad y mirando hacia abajo a la izquierda, puro placer para su culo. Ya se estaba ahogando por tratar de metérsela por la garganta y eso que sólo era el principio.

Alexis le tumbó sobre la cama y le aprisionó la cabeza entre sus piernas dejándole toda la polla gorda encima, follándole la jeta hasta sacarle las lágrimas. Eso era lo que Patrick quería, que un tio malote le hiciera suyo. Lo que zorreó con esa polla encima no estaba escrito. Se volvía loquito notando su calor y la dureza cuando le resbalaba por los labios, cuando se metía con toda su curvatura hasta dentro.

Joder, estaba tan cansado de probar pollas rectas que aquello era como un puto caramelito para su boca. Del lado animal pasaron al lado zen. Alexis se tumbó a cuerpo de rey sobre la cama con la polla apuntalando el techo y Patrick acudió con la cabeza entre sus piernas para chuparle el nardo a placer. Le encantó hacerle una mamada tranquila a su ritmo, mirando bien ese pollón amorfo y único tan apetitoso en el que quería recaer una y otra vez.

Ninguno de los dos tenía condón ni falta que hizo, Alexis le hizo darse la vuelta con el agujero a tiro de cipote y se la clavó hasta los huevos. Patrick le hizo una constructiva paja con el culo y a partir de ahí se turnaron para meter baza. Uno saltaba y el otro culeaba desde abajo. Patrick tenía la pija tiesa, porque la forma de aquel pollón le estaba tocando lugares que su cuerpo nunca había explorado. Fue como visitar el cielo una vez más, una sensación que no tenía desde que se la metieron por primera vez.

Fue darse la vuelta, mirarle cara a cara, volver a notar el hundimiento de ese rabaco dentro de su culo y notar como si le estuviera follando otra persona con otro rabo distinto. A partir de ahora las pollas curvadas serían otro de sus fetiches, menudo gustazo y felicidad que daban.

No podía dejar de culear y tragar rabo con el ojal, pero también le encantaba de vez en cuando sentir el calorcito de las manos grandes de ese malote plantarse en los cachetes de su culo, obligándolo a subir y bajar resbalando sobre su polla. Si deseaba que otros le hicieran sentir como a una puta, lo estaba consiguiendo.

Alexis se quedó con los brazos detrás de la cabeza disfrutando de la cabalgata. Tenía tal pinta de cabronazo, que a Patrick sólo le apetecía sacarle toda la leche de la polla. Y no iba a negar que le encantaba que estuviera en esa postura de rey del mundo, porque le encantaba ver los sobacos peluditos de un tio, super lamibles y que le conferían otro aire superior de macho follador.

Sin sacarle la polla del culo, Alex se incorporó y ahora era Patrick el que descansaba su espalda sobre el colchón, gimiendo como una perra mientras le penetraba el culo con fuerza.  Con las piernas abiertas y el rabo masturbado entre su mano, Patrick se dejó llevar, el cipote se le puso colorado y gordo y empezó a brotar la lechecita.

Alex se puso de pie al borde de la cama y se zarandeó su rabo gordo con la cabeza de Patrick de nuevo entre sus piernas. Cuando le sobrevino el gustillo de la corrida, el cabrón cerró los ojos, dobló un poco las rodillas para dejar el rabo lo más cerca posible de la cara de su comensal y le dispensó una buena lluvia de ricos lefotes por la barbilla, los labios y dentro de la boca, en tal cantidad que Patrick se vio obligado a escupir. Un escupitajo cargadito que más de uno hubiera recibido con gusto. Y allí estaba esa maravillosa polla colgando, chorreante de leche. Se la llevó a la boca y le sacó hasta la última gota de semen.

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