Los mayores nos enseñan a comer polla y a tragar semen | Mormon Boyz

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Yo era lo que se dice un puto novato en la comunidad, nuevo y muy asustado. Los que nos llevaban un año de ventaja no paraban de hablarnos del rito de iniciación al que en la jerga denominaban entre ellos “el comepollas“, aunque su nombre real era “la dotación“. Y cuando hablaban de él todo se reían y se ponían a hacer gestos con la mano y la boca, la mano como cogiendo un rabo y empujando el carrillo hacia afuera con la lengua simulando un cipote.

Nos asustaban a todos diciendo que los mayores nos llevaban a una sala de uno en uno, que por detrás del agujero de una tela salía un pollón enorme de cuyo dueño no se podía ver la cara (alguno aventuraba que ese rabo podría ser hasta el de tu padre), que uno de los mayores te azuzaba para que comieras rabo y que si no tragabas hasta los huevos, te obligaba cogiéndote de la cabeza y el cuello, empujando hasta que llorases con toda la tranca perforándote la garganta.

Yo estaba de los putos nervios. Cuando me llevaron a la sala blanca estaba tan cagao que tenía la pilila como un cacahuete. Uno de los mayores me acercó a una cortina. Por ella salió un brazo fuerte y grande de alguien que sin duda me sacaba algo más de una cabeza de altura. Su mano comenzó a explorar mi cara y mi culo. Mi culo, se detuvo en mi culo mucho tiempo, metiéndome un dedo por el ojete y haciendo que mi polla dejase de ser cacahuete para convertirse en un dulce plátano.

Eran unos dedos tan largos y sabían moverse tan bien entre mis piernas, que el miedo se me pasó enseguida. El mayor me invitó a hincar las rodillas en el suelo. Las manos misteriosas levantaron un trozo de cortina que mantenía escondida una protuberancia de gran tamaño, dejando al descubierto una larga y hermosa polla, hinchada y con un buen cabezón. Me relamí del apetito.

Aquel momento me recordó al de mi primera comunión. Abrí la boca y saqué la lengua para recibir el cabezón. El cipote ya me dejaba la cavidad llena por completo, pero me obligué a mí mismo a tragar un poco más de barra. De reojo veía cómo el mayor se tocaba el paquete y al rato lo tenía desnudo, detrás de mí, levantándome las caderas y enchufándome la polla a pelo por el agujero.

Después de correrse en el interior de mi boca, el rabo misterioso desapareció por la pared de cortina y allí me quedé tendido, follado por un osezno que podría ser mi padre. Podía ver lo mucho que disfrutaba penetrándome, su torso sudoroso y peludo. Era todo tan cerdo y tan extraño que me pegué una buena corrida mientras me follaba. El mayor acercó su polla a mi boca pajeándola con fuerza y depositó todo su semen encima de mi lengua. Podría haber hecho tantas cosas con ese néctar en la boca… pero decidí cerrar los labios y tragar como buen chico.

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