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Ridder Rivera le mete un buen puro cubano por el culo a Chucho Martin en el gym | Tim Tales

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No es otro blog gay

Por lo común, las fiestas de despedida de soltera están reservadas sólo para chicas, pero la despedida de la amiga de Chucho Martin se terminó convirtiendo en un cross over en el que tanto chicos como chicas coincidieron a las puertas de un local de strippers mixto. Allí cada uno fue a su puta bola y la verdad es que a Chucho le molaba más ver a tios cachas y pollones, así que se fue con ellas.

Mucha fiesta y muchas risas de coña, pero a Chucho se le estaba poniendo durísima y necesitaba descargarla. Sin que su amiga ni las amigas de su amiga se dieran cuenta, se metió en un reservado, le pagó un billete al camarero y a los pocos minutos un cubano mazao y con un paquete de lujo, salió a calentarle sobre el escenario con espectáculo de barra incluído.

Lo que pasó en el reservado fue auténtico vicio. El tiarrón le paseó todo el paquete caliente por los morros, se puso detrás de él simulando una follada, se bajó los calzones primero enseñándole el culo y después se dio la vuelta terminándole de conquistar por completo con esa pedazo pija gordísima. Después de ver el percal, le dio tres billetes más en mano y se subieron al ático. Tenía que probar una polla cubana como esa a toda costa si quería salir de allí realizado.

Una vez arriba, el tio le devolvió todo el dinero, quería follárselo porque le apetecía, de hecho Chucho comprobó que Ridder Rivera tenía el rabo tieso y a punto de reventar los calzones. Pudo comprobar de primera mano que no era para nada ciertro eso de que los culturistas y chachas la tuvieran corta. Un buen rabaco morenote de 20 centímetros gordo y venoso para darle palos era lo que tenía el maromo entre las piernas.

A mamador no le ganaba nadie para chupar grandes vergas. Tenía unos labios y una lengua que eran pura dinamita, para hacer explotar los huevos de un tio cuando él quisiera. Otra vez estaba como un perrete a gatas dejando sus babas sobre un buen mamposte y al rato a cuatro patas co el culo en pompa recibiendo un puro cubano de la hostia.

Cómo la tendría de gruesa el cabrón para que Chucho culease hacia atráscon fuerza mientras soltaba barbaridades por su boquita. Con el rabo empalado dentro, Chucho alargó la mano hacia atrás y lo que tocó le encantó. Un cuerpo sudadito y puro músculo. Primero rozó las nalgas y subió para encontrarse con los abdominales. Todo ese cuerpazo trabajando para darle por el culo a toda hostia.

Ridder le invitó a pasar al gym donde entrenaban los stripper. Olía a macho que te cagas y había zapas y calcetos por allí tirados. Chucho se sentó en la banqueta donde hacían curl, sacó el culete hacia atrás y allí continuaron la follada. Si subían sus compañeros, tenía para todos, de hecho le hubiera encantado tener montones de rabos para él en ese espacio.

Iba a ser cierto eso de que los cubanos sabían cómo meterla. Sin ser la más grande que le había follado, ese pollón de veinte le estaba dando un gusto tremendo por detrás y se la estaba poniendo durísima. Una de sus partes preferidas fue en la que los huevacos de Ridder le rozaron el cipote. Chucho tenía la polla y los huevos apretados hacia atrás en la banqueta, por eso con la follada podía sentir el roce rugoso de la piel de sus huevos cuendo se la metía.

De ahí pasaron al banco de pesas, donde le trabajó el ojete de puta madre. Chucho se puso boca arriba, dobló las piernas dejando los pies juntos, pero Ridder enseguida se las separó y le penetró como un animal. Se ve que le iban más los agujeros holgados para disfrutar como un salvaje.

El cabronazo se sentó un poco y siguió empalándola, pero esta vez por la postura, la polla entraba tiesa apuntalando hacia arriba, lo que hizo que Chucho notase cómo le perforaba todo el ano y más gustito en la próstata. Menudo artista estaba hecho.

Fue tan bestia verse en el espejo del gym, con ese tio cachas reventándole el culo, que se corrió de pie dejando toda su leche en el suelo como regalo. Después se agachó, le cogió el rabaco a Ridder se metió su capullo dentro de la boca y con la mano empezó a pajearlo con rapidez y corto recorrido.

Cuando le sobrevino el gusto d ela corrida, Ridder se hizo con el mano de su propia polla y se volvió loquito agarrando la cabeza de Chucho, forzándola a acercarse a su rabo mientras soltaba perdigones de leche por doquier. Lo que iban a rabiar sus amigas cuando les contase lo que había ocurrido en la azotea, se les iban a mojar las bragas de la envidia.

ENJOY NOW RIDDER RIVERA FUCKING CHUCHO MARTIN IN THE GYM AT TIMTALES.COM

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