Jacon Armstrong y Austin Armstrong

La Familia Polla: Papá me folla el culo a pelo por la noche y yo le como el rabo | Family Dick

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Desde que era pequeño, papá siempre era el último en irse a dormir por las noches. A veces me desvelaba y le escuchaba rondar por la cocina o apagando todos los aparatos y las luces para que nada se quedase encendido. Lo que hacía entre que acabábamos de ver nuestro programa preferido en la tele, hasta que se iba a la cama, se convirtió para mí en un misterio. Y así fue hasta la noche en que cumplía los dieciocho.

Estaba tan nervioso por los preparativos de la fiesta y por cumplir la mayoría de edad que me desvelé y no podía dormir, así que fui directo al salón. Me daba cosa entrar, era como si ese espacio nocturno pertenciese a mi padre y a nadie más, por eso me quedé mirando por la rendija. Al final resulta que lo que mi padre hacía por las noches era mucho más normal de lo que yo imaginaba.

Con una camiseta de tirantes y en calzones, apoltronado en el sofá con las piernas encima de la mesa, permanecía atento a la peli que echaban en la tele. Era una peli de putas y la tenía morcillona. Sería divertido ver su reacción si entraba en ese momento. Abrí la puerta y se asustó tanto que no acertaba a coger el mando y cambiar rápido de canal.

Yo me hice el tonto, le dije que no me podía dormir, me tumbé acurrucado en el sofá y puse la cabeza en todo su paquete. Podía notar el calor de ese rabo en la oreja y la nuca. “Va, papá, que ya soy mayor, que sé lo que estabas viendo, ponla de nuevo y la disfrutamos juntos“, le dije. No le miré a la cara, pero se tuvo que quedar alucinando. Cambió de canal y los dos, padre e hijo, compartimos por primera vez el festival de rabos, culos, coños y lefazos que se prodigaban por la tele.

Mi padre estaba tan cachondo, sin poder tocarse el rabo, que me echó una mano al culo de forma tímida. Poco a poco me fue bajando el pantalón del pijama. Noté su dedo anular introduciéndose por la raja de mi culo y al segundo ya lo tenía dentro de mí. Gemí demasiado alto del gusto. Rápidamente me tapó la boca para que mamá no escuchase. Es algo que haría esa noche en varias ocasiones cuando me folló el culo.

Cada vez más excitado, se sacó la chorra por un lateral y se la empezó a pajear. La tenía justo delante de mí toda larga y gorda. “¿Se la quieres chupar a papá?“, me propuso, dándome unos ligeros pollazos en la frente y casi obligándome a metérmela en la boca. Lo hice con mucho gusto. Al fin y al cabo a ese rabo se debía todo lo que yo era, de ahí había salido yo hacía dieciocho años y nueve meses. Incluso cuando le sacara la leche de las pelotas, sería como estar comiéndome a mí mismo.

Con el ruido de fondo de los cojones super dotados de los cabrones chapoteando en los coñitos de esas zorras en la tele, mi padre me folló el culo a pelo. Me tragué toda su pija una y otra vez por el ojete, desde el cipote hasta los huevos y cuando terminó conmigo, se agarró la manguera, se la pajeó y me dejó toda la lefa chorreando por la raja del culete. Nada mejor para comenzar la vida como un hombre, que la bendición de un padre.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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