Alejandro Torres machaca a pollazos el culazo de Andy Star sin condón | Fucker Mate

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Parecían como poseídos por un extraño embrujo, porque desde que se conocieron hacía ya dos días, no paraban de follar día y noche. Alejandro Torres no podía resistirse a ese culito guapo y tragón, Andy Star disfrutaba sintiendo el roce de una verga enorme frotándose contra su trasero y colándose por la rajeta toda dura y calentita.

Tras follar una noche más, durmieron a pierna suelta. Andy fue el primero en levantarse para preparar el cafelito. Los ruidos despertaron a Alejandro, que se acercó a la cocina y no pudo resistirse a agarrar a su chico por detrás con un buen sobeteo de propina. Y ale, es que no lo podían evitar, otra vez a la habitación a darse el lote.

Con tanto morreo y tanto cariño, Alejandro ni se dio cuenta de que la polla le estaba creciendo más de la cuenta y la muy puta se le escapaba ya por los gayumbos dejando a la vista su gordo cipote y parte del rabo. El que sí reparó en ello fue Andy, que se quedó loco mirando la pija y por supuesto tocándola con la mano.

Aprovechó que todavía estaba morcillona para tragársela entera y hacer que los pelillos de la base del rabo y su bigote coincidieran un rato. Pero duró poco en ese estado. Le estaba comiendo la polla tan rico que enseguida se puso dura y cada vez le costaba más hacerla desaparecer entre sus labios por completo. Eso no impidió que intentase metérsela hasta el gaznate una y otra vez y observar con vicio cómo salía de su boca toda enorme y lubricada con sus babas.

Ale le ayudaba poniéndole una mano por debajo de la barbilla, otra por detrás de la cabeza y culeando dándole mandanga. Eso hizo que al sacarla le chorrease saliva por todas partes. A Andy se le había salido ya la polla por encima de la goma de los calzoncillos con tanta mamada. Calzones que le duraron poco, porque Alejandro lo puso de espaldas y se los bajó por completo para dejar al descubierto su hermoso y suave culazo.

Mientras Alejandro le comía el ojete, Andy aprovechaba para hacerse una pajilla. Ale se lo merendó al gusto. No paraba de sobetearle los cachetes, tan blanquitos y suaves. Y en mitad de ese portentoso trasero, un agujero de vicio, rodeado por algunos pelitos que de seguro le darían un placer extra a su rabo cuando se la colase dentro.

Agujero y rabo se llamaban mutuamente y a punto estuvo de metérsela, pero prefirió apoyarse en el respaldo del sofá y dejar que esa carita guapa le chupase el pollón un poco más. Qué gustito ver cómo le devoraba la banana, los mofletes inflándose al paso de su cipote y la visión de ese cuerpazo brasileño que dentro de unos momentos estaría a su merced clavado en toda su polla. Hasta pensó en tirarse un pajote y decorarle con leche los pectorales dejándole la lluvia de semen en esos pelitos rasurados. Ya tenía los huevos cargados e iba a tener que concentrarse si no quería darle de desayunar antes de tiempo.

Que gimiese como una putita y cerrase los ojos de gusto cuando la introdujo a pelo dentro de su ojal, fue todo un halago para Alejandro. No era fácil hacer disfrutar a un tio al que le habían metido pollas enormes por el culo y que ya tenía la experiencia de machos fornidos y superdotados. Las paredes de ese culazo se adaptaban como un guante al paso de su polla. Ni demasiado prieto ni holgado, era perfecto.

Mira que Alejandro estaba acostumbrado a follarse buenos culos, que su polla siempre era un imán para los mejores, pero a lo que ya no estaba tan acostumbrado era a culazos tan ávidos de rabo. Solía dejar a los tios rendidos boca abajo en la cama o el suelo, pero con Andy era diferente, lejos de doblegar las piernas y dejarse caer por los pollazos, el tio permanecía a cuatro patas y no solo eso, sino que además culeaba hacia atrás para meterse más rabo y con más fuerza.

Tanta decisión casi acaba en una preñada. Ale tuvo que parar unos segundos y pensar en otra cosa para no dejar su rio de lefa dentro de sus nalgas, algo que por otra parte le hubiera encantado si no fuera porque le apetecía seguir follando ese culazo de la hostia.

Con la intención de cargar las pilas para el desenlace final, Alejandro se sentó a cuerpo de rey sobre el sofá e invitó a Andy a sentarse sobre sus piernas. Joder qué arte tragándose la polla con el culo centímetro a centímetro y lentamente para despues pajearla a buen ritmo. Desde luego había que ser todo un campeón para no reventar los huevos con un culazo así trgándose tu nabo una y otra vez. El gustillo que producía era irresistible.

Pilar cargadas, ahora iba a ir a saco a petarle el ojete a lo bestia. Le encantó dejarle con las piernas abiertas tumbado sobre el sofá, un tio tan guapo abierto para él. Le brindó un pollazo tras otro machacándole el culo. El muy cabrón gritaba no sé qué pollas en portugués, pero se lo estaba pasando de puta madre, incluso se echó una mano al pandero para abrirlo un poco más y dejar paso a su enorme rabo. No lo estaría haciendo del todo mal cuando al cabo de un rato le puso esa misma mano en la pierna indicándole que fuera un poquito más lento.

Estaba sudando ya de tanto esfuerzo, aquel cabrón exigía más de él que ningún otro. Volvió a sentarse a pierna suelta en el sofá y dejó que Andy se sentase de nuevo sobre su polla. Alejandro lo tenía de espaldas y podía observar ese culazo blanquito enterneciendo su rabo. De repente Andy se dejó caer sentado por completo en su polla y las piernas le temblaron. El muy jeta acababa de correrse dejando una lluvia de lefa entre sus piernas y el suelo.

Apenas unos segundos para decidir dónde iba a dejarle toda su estirpe, Alejandro se concedió a sí mismo un tiempo extra poniendo a Andy de nuevo mirando pa Cuenca y enchufándole el nardo. Los huevos le pedían guerra y tenía que decidirse pronto. No podía, joder, cara o culo, cara o culo, cara o culo… Qué coño, si en nada estarían follando otra vez como monos y podría descargarle las pelotas donde quisiera. Pues culo. Sacó la polla a tiempo y le dejó todo el semen correteando por la raja, resbalando por su entrepierna y cayendo a goterones hacia el suelo. No paraban de salirse chorrazos de lefa y, todavía descargando, se dio el gustazo de colarle el rabo mojadito. Y lo bien que se deslizaba hacia su interior engrasadito con la lefa.

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