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Diego Summers se folla a Fabio Toba sin condón con su pedazo de rabo | Fucker Mate

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Ese día Diego Summers se puso su camiseta de tirantes blancas ajustada que le marcaba pectorales y  abdominales y como comenzaba a hacer un poquitín de frío, por encima se puso su camisa de leñador, sin abotonar ni nada, que quería que los demás vieran el percal que había por debajo. También se arremangó para dejar a la vista sus fuertes biceps, que eso siempre era un plus añadido a su cara guapa de cabronazo follador.

Se quedó esperando en la barandilla del parque a ver si pasaba un buen putón al que pasarse por la piedra, pero al final decidió que qué coño, que iba a ir de caza él a ver qué pasaba. Estaba acostumbrado a que los hombres cayeran en sus redes nada más pasar y tenía ganas de ir en busca de un chavalote que le gustase.

No tardó mucho en encontrar pareja, Fabio Toba, un chaval asiático muy mono que tenía muy buen cuerpo y que también iba marcando musculitos con su camiseta ajustada de Calvin Klein. Uff, qué bueno estaba, ya podía imaginarlo saltando sobre su enorme polla.

Ya iba Diego por el camino medio empalmado de imaginar todo lo que le iba a hacer, pero cuando se desnudaron es cuando la pipa se le puso dura como una roca y no pudo evitar pegar un buen susto a Fabio, que de repente se encontró con un sospechoso y gigantesco bulto en los calzones que estaba a punto de reventar la tela.

Cero coma es lo que tardó en ponerse de rodillas, esnifar por encima y bajar la goma de los gayumbos dejando salir un pollón de lujo, largo, gordísimo, gigantesco, venoso, con la piel cubriendo ligeramente el cipotón y que por inercia, después de estar atrapado tan ajustado, ahora se iba desplazando poco a poco hacia su posición inicial.

Se la metió en la boca así sin más, sin descapullar ni nada, que no le faltaron ganas de retirar antes el pellejo y darse el gustazo, pero decidió que era mejor chupar y chupar y que ese cabezón despertase solo de su letargo. Así ocurrió, era tan gorda y tenía tanta hambre, que de forma natural el frenillo se retiró hacia atrás y el cipote era tan grande que le rellenaba la boca al completo. Era solo el principio, porque detrás de ese cabezón imponente, había más de veinte centímetros de barra dispuestos a joderle todos los huecos.

Zorreó lo que no está nombrado con el rabo. Puso a Diego tumbado sobre la cama, le agarró el mango y le hizo todas las guarradas posibles. Le relamió toda la barra, desde los huevos hasta el capullo, la apretó bien con la mano, la pajeó duro, se la metió en la boca y se dio el gustazo de entretenerse largo y tendido con la raja del cipote escupe leches. Si hubiera tenido tetas, le hubiera hecho una cubana hasta que le dejase la leche en el canalillo, pero como no las tenía, por lo menos se la paseó por los pectorales toda calentita. Esa polla era vicio puro y quería tenerla lubricada con sus babas lo más posible para que le entrase bien después.

Había llegado la hora. Fabio tenía el culito dilatado del gusto, pero sabía que aquello le iba a doler un poco porque previamente Diego le había metido el dedo gordo de la mano y ya le había dado respeto. Encorvó la espalda hacia la cama, dejó el culo en pompa, notó un salivazo fresquito y a continuación en apretón de una herramienta gorda y grande intentando colarse hacia su interior.

Hostia que si dolió, vaya que sí, tanto como el gusto que le daba. Haciendo caso omiso a los gemidos y gritos de Fabio, Diego se la metió a saco paco dejándose llevar por su gruesa y gordísima polla entrando por un agujero tan ajustado.

Ese culito tragón se acostumbró enseguida y dejó de inclinarse hacia adelante cediendo por la fuerza de la follada para echarse hacia atrás. Joder, si hasta cuando Diego hacía un pequeño descanso y se quedaba quieto, él lo meneaba pidiendo guerra. Le dio caña, se la metió hasta las pelotas y duro, pero el cabrón no se saciaba, así que se tumbó sobre la cama y dejó que se le montase encima.

El chaval estaba muy bien dotado también y para Diego seguro que fue un placer no sólo ver cómo su rabo iba desapareciendo tragado por ese culo morenazo, sino el rabaco y los huevos morenos que empezaron a bailar por sus abdominales al ritmo de la follada. La paja culeadora que le metió fue monumental. Con pajas así de ricas, para qué se las va a hacer uno con la mano.

Fabio se abandonó al placer, se pajeó la polla y le dejó todos los mecos encima. Del gustazo se inclinó hacia adelante, pero Diego lo retiró hacia atrás de nuevo, quería ver cómo seguía saliendo leche de la polla decorándole la tableta.

En pocos segundos el chaval se recuperó y siguió pajeándole la polla con el culo. Diego no tenía muy claro si aquello era una invitación para preñarle el ojete, que el tio no paraba de culear con fuerza. Por si acaso no lo era, se la sacó del culo. Su intención era correrse en la raja, pero Fabio se volteó rápido para ver salir la leche de cerca. Los lechazos cayeron cerca de la base del rabo. Fabio se los comió y de paso se llevó decorada una ceja al contacto con el cipote del que seguía emanando leche.

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