Ryan Jordan y Scott Finn cadete y novato se follan a pelo | Active Duty

Para qué le ha llevado al hotel y por qué se encuentran los dos encima de la cama, es lo que se pregunta el jovencito Scott Finn. Estaba fregando los suelos del comedor cuando de repente se presentó el cadete Ryan Jordan y le propuso que lo acompañase, ajeno a que él era ni más ni menos que el premio del mes como recompensa al mejor cadete, lo que le daba derecho a Ryan a elegir a qué novato llevarse de permiso donde quisiera, siempre en un radio de 2 km a la redonda.

Con la de años que llevaba Ryan ya en el servicio, era capaz de identificar en las duchas a los futuros comepollas. Le bastaba con ponerles en fila y pasearse en bolas frente a ellos, meneando su larga polla entre las piernas. No era allí donde descubría a quién le molaban los rabos, por lo menos no siempre, si bien en muchas ocasiones ellos mismos se delataban, o mejor dicho, sus pollas les delataban poniéndose morcillonas, sino en los días siguientes, cuando repetidamente una jornada tras otra le seguían los mismos chavalitos cuando se cambiaba en los vestuarios y percibía las miradas en su paquete.

Que qué haces aquí machote, te preguntas, pues comerme toda la polla. Joder y es que le bastaba decir eso, enseñar la pija tiesa y enorme y los huevos ahí todos colgándole tan pesados y grandes que le llegaban hasta la raja del culo, que despertaba el apetito de cualquier boca hambrienta en segundos.

Scott le veneró la tranca hasta casi sacarle la leche. Le cogió un vicio tremendo y sobre todo le encantaba menearle le rabo a pajote y ver cómo los cojones se mecían cargando lefa. Si algo tenía claro Ryan era que le encantaba participar de la fiesta y no era de los que se quedaban parados esperando mamada y culo, él también se movía y le encantaba succionar los rabos de los chavales de una forma especial, largos como el de Scott intentando comérselos tragando con la garganta profunda. Eso les dejaba loquitos y más de uno ya le había dado biberón a la fuerza, pero le encantaba esa posibilidad.

Le encantaba ver esos culitos vírgenes con la piel de gallina cuando les metía la polla a pelo por primera vez, sentir cómo sus huevos grandotes golpeaban el culete, la presión y la fuerza de la polla dentro del culo abriéndose camino. Le gustaba tanto que si se llegaba a poner realmente cachondo como le ocurría con Scott que era todo un granuja follarín, se abría de piernas tumbado sobre la cama para que los chavales le diesen también por detrás.

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