Pajote del pollón vasco J. con relamida de lefa | Vídeo exclusivo | No es otro blog gay

Venga, vamos a empezar fuertecito hoy con algo que sólo podréis ver aquí, porque me lo ha enviado directamente uno de vosotros, lectores del blog. ¿Tenéis ganas de rabo vasco largo, gordo, encapuchado y ver cómo va creciendo más y más sin medida hasta ponerse duro, tieso y enseñar el cipotón? Pues aquí va el de J. Escenita completa de paja para todos nosotros. Te queremos J. !!!

El tio está cañón, torso plano y unos brazos con buenos biceps. Se pone cachondo tocándose los pezones y cuando nota que se le está amorcillonando algo entre las piernas, acude raudo con la mano y la acaricia despacito por debajo de los pantalones de algodón de deporte. Todavía no podemos verla, pero hay ganas. Entonces pone sus manos grandotas a cada lado de la goma de los pantalones, también sobre la de los calzones. Lo va a bajar todo a la vez. ¿Tendrá el rabo tan grande como indica el tamaño de sus manos?

Siiiiiii, da gusto ver esa morcilla portentosa colgando entre sus piernas. Grande, gordísima aún en estado vegetativo, venosa, con la piel encapuchando un cipotón que se antoja excelente. Y un buen par de huevos colgando de los que dará gusto ver cómo rebotan cuando se la casque.

Joder, qué lástima no estar ahí para agarrársela con la mano, para notar el peso de ese cimbrel majestuoso o poner la cara y que me azote fuerte con cada uno de los rebotes que le pega al rabo cuando se pone a hacer el avioncito o a darse de hostias zigzagueándola de lado a lado. Es cuando me doy cuenta de que al cabrón le llega más allá de las caderas.

Se la pajea fuerte y, cuando ya la tiene tiesa, pone los deditos de las dos manos sobre el pollón y los baja, arrastrando la piel con ellos, dejando al descubierto el cabezón. La piel se va deslizando poco a poco, es una de esas pollas que no necesita lubricante para metértela por el culo, porque ya lo lleva de serie.

La deja dura, colgando al viento. No puede evitar que con el peso la muy zorra se le incline como la torre de Pisa hacia la derecha. Al tenerla atrapada friccionándola con la mano, no habíamos podido ver lo grande que es, enorme, hasta que la deja suelta, hasta que se pone de lado y caes en la cuenta de que hasta podrías llamar a un colega para comérosla juntos, uno rabo y otro huevos, después intercambio pero eso sí, los dos culos follados. Se los pondríamos en fila india y que fuese de uno a otro.

Le sale precum del cipote, le mola recogerlo paseando el dedo por la raja del capullo y llevárselo a la boca. Todo un cerdete juguetón que se convierte en cerdo total cuando aprovecha la leche de la corrida que se le ha quedado colgando de los dedos de la mano para depositarla en la lengua y después babearla, dejándola caer encima de su cuerpo.

El pajote vasco

 

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