Viktor Rom le clava la polla a pelo a Jonathan Forrest en su culazo sin fin | Fucker Mate

Menudo puentazo de primeros de mayo se están haciendo Viktor Rom y Jonathan Forrest por el norte de España. Se pasaron el sábado echando una pachanga al fútbol con los colegas y después de cenar y una ducha se fueron de fiesta hasta bien entrada la madrugada. Terminaron reventados durmiendo la mona en pelotas en la cama y teniendo dulces sueños, dulces y muy mojados, por lo menos Viktor, que se levantó todo contrariado después de soñar que se follaba a su colega de aventuras.

La verdad es que nunca había pensado en él de esa forma, no al menos conscientemente que él supiera. Sí que alguna vez se había hecho unas pajillas pensando en que un tio se la chupaba, pero porque le daba morbo y ya está, pero nunca había cruzado la línea de reventar el ojete de uno de su mismo género. Su colega no estaba en la cama cuando despertó sobresaltado. Comenzó a llamarle y por fin apareció en gayumbos paseando por la habitación.

Le pareció tan raro lo que había soñado, que no tuvo pelos en la lengua para contárselo enseguida. De lo que no había sido consciente era de que por debajo de la sábana aún tenía la trempera. Viktor le contó que había soñado que se lo follaba. Jonathan, que sí que se dio cuenta de la tienda de campaña que se marcaba en su entrepierna, quiso mirar cuánto de dura conseguía ponerla en sueños. Le retiró la sábana, miró ese pedazo de herramienta gigantesca, la cogió con la mano, la puso recta y comenzó a pasear su lengua y sus labios por el pollón.

Para facilitar la comilona, Jona dejó caer una hilera de babas blanquitas sobre el cipote. A diferencia de otros rabos que había probado, ese le dejaba la boca abierta de par en par desde el principio del capullo. Con otros rabos, al entrar holgados, tenía que apretar con los labios, pero ese cacho cimbrel era la hostia, entraba tan ajustado que los labios se amoldaban sobre la barra de una forma alucinante.

Al apretar con la mano hacia abajo en la cabeza para que tragara hasta el final, Viktor no era consciente de que su amigo no era su novia. No era su intención, lo hizo por instinto, a su chica ya la había acostumbrado bien. Si estuviera blandita sería más fácil, pero aquella polla estaba dura como una roca. Después de unas caladas profundas, Jonathan consiguió tragársela enterita, hasta taponarse las narices con los cojones.

No tenían lubricante a mano, no habían ido de viaje para eso que estaban haciendo, pero la cantidad de saliva que depositó Jona encima de esa barra de pan, la dejaron brillante como los chorros del oro y más suave que la seda. Jonathan se puso a cuatro patas sobre la cama porque el culete ya se le estaba abriendo a tope. Era hora de ir haciendo el sueño de Viktor realidad. Le dominó el culo como un macho rabioso. Se lo colocó como quiso, abrió con fuerza el agujero ayudándose con las dos manos, como si agarrase el culito a una putita y empezó a lamer a lengüetazo limpio.

Supuso que abrirle el culo a un tio sería como abrir el coño a una tia y por eso lo hizo en plan burro de la misma manera que lo hacía con su piba, solo que aquello no era un chochito, era un orificio apretadito en el que tenía que poner más empeño y por el que además dudaba de que pudiera meter la polla, por lo menos de momento así a ojo. Ya que con la lengua no consiguió tomar la medida, le metió un par de dedacos. Comprobar la flexibilidad de aquel ojete le dejó más tranquilo.

Polla con babas, agujero mojado. Hora de cumplir el sueño. Viktor puso el culazo entre sus piernas, apretó y le blandió el ojal con fuerza bruta y sin condón. Prefería ir directo y dejar que el culo se amoldase a su rabo antes que ir metiéndola poco a poco y que se la rechazase. Era lo que siempre hacía con los coñitos vírgenes que nunca le faltaban cada noche y, a pesar de su inexperiencia con hombres, su truco tuvo el mismo éxito también con ellos.

Le cubrió y le metió una somanta de pollazos en plan perraco jodiéndole con toda la barra dentro, tan a fondo que aplastó los huevazos contra su raja. Nunca antes había besado a un tio y le gustó, sobre todo cuando su correa sonreía, estaba tan guapete el cabrón cuando lo hacía, que se merecía sus labios y mucho más. Mientras culo y polla se unían por debajo, los dos se dejaron llevar por el gustillo que les producía estar follando juntos y entraron en una batalla de machos escupiéndose a la cara. Viktor tenía todas las de ganar y le dejó KO metiéndole rabo a toda velocidad.

Con un rabaco tan grande y gordo y las ganas que le ponía, el lubricante natural de macho no duraba para siempre y de vez en cuando se veía obligado a parar y escupir en el ojete para preparar la zona y meterla de nuevo. De estar follándole el culo de lado, Viktor terminó deslizando su cuerpo y aplastando el de Jonathan contra la cama mientras se la seguía metiendo como un animal. Su polla le pedía follar a toda hostia sin control.

En su sueño, Viktor estaba tumbado boca arriba y agarraba a Jona por las caderas ayudándole a subir y bajar mientras se sentaba encima de su rabo. Ahora era una realidad. Ya no era su mente quien le empalmaba el rabo, sino ese culazo frotándose con todo su pollón dentro. Jonathan se sentó por completo y dejó la polla insertada dentro de su ojete un rato. Con ella dentro, empezó a menear el cuerpo y a saltar.

Para alcanzar mayor altura, colocó sus pies sobre los muslos de Viktor y se impulsó con más fuerza. Era tan grande, que por mucho que saltara alto no se le salía ni por asomo. Se la pajeó tan bien que a Viktor le entró un arrebato, metió la quinta marcha elevando el culo a toda pastilla e hizo que por un momento a Jonathan se le nublaran las ideas. Hasta cuando paró de petarle el ojal pensó que se iba a desmayar de tanto gusto.

De follarle el culo Viktor, una vez recuperado, Jona pasó a follarle la polla. Ahora era él quien tenía el mando de control y quien bajaba y subía el culo a toda hostia. Volvió a hacerlo, le encantaba, tragarse todo el rabo por completo y sentarse encima de una buena huevera caliente, una huevera que sólo tenían machos grandotes como ese. No eran ya ningunos niños, pero Viktor le pidió que adoptara la postura como duermen los bebés, dormidito de lado, con los brazos y las piernas recogiditas, dejando el culazo en pompa y abierto. Viktor se puso debajo y le atacó el agujero metiendo la polla aprisionada y más apretadita que nunca.

Menudo jugueteo se traían entre los dos. Hasta descubriendo esa nueva faceta entre amigos no dejaban de hacer gamberradas y tras la guerra de escupitajos jugaron a la mecedora caliente, con Viktor metiendo rabo y Jonathan haciendo como que no le quería dentro. Se tomaron la follada como un juego más entre colegas, un juego sólo para hombres. Su novia desde luego jamás comprendería esa camaradería, así que lo mejor sería mantenerlo en secreto.

Jonathan se sentó una última vez sobre su polla, pero esta vez de frente, dejando caer su pedazo rabo encima de su barriga. Lo tenía duro y calentito el cabrón, así que a cada salto que pegaba, le metía una buena hostia con el palo. Viktor sacó la polla, se la pajeó y le metió unos chorrazos de leche caliente sobre la raja del culo y los huevos. Con el rabo corrido, lo deslizó por la raja recogiendo la lefa y arrampló con todo dentro del agujero, una guarrada que a Jona le sirvió para pajearse el rabo y meterse un lluviote de lefa encima. Con tanta leche, jugaron a un último y sabroso juego, merendándose lo que les había salido de los cojones haciéndose el boca a boca.

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