Mario Galeno se folla el culazo de Andy Star sin condón | Fucker Mate

El boca a boca había corrido como la pólvora, primero en el barrio donde vivía y después expandiéndose por toda la ciudad. De seguir así, pronto todo el país y otras fronteras se harían eco de ese chaval brasileño que te mamaba la polla como nadie y al que daba gusto meter el rabo por el culo, al que le gustaba comerse los mejores pollones e incluso ser follado a dos y tres bandas, castigado a pollazos y convirtiéndose en paño de ingentes deslechadas como una buena puta.

No sabía cómo, pero desde que Andy Star decidió desvirgarse en un local gay dentro de una cabina, donde no le desvirgó precisamente un solo hombre sino varios al ver su forma de pajear las pollas con su precioso culo, era un imán para los tios mejores dotados del Universo. Cierto es que en su país la cosa era fácil, Brasil, el reino de los pollones, donde costaba mucho no encontrar a un hombre con un buen rabo, pero a su culazo siempre acudía lo mejor de lo mejor y a menudo la media no bajaba de los veintidós centímetros de mango.

Todo empezó aquella tarde en que se abrió de piernas. Los que se lo follaron quedaron tan impresionados que empezaron a avisar a sus amigos y así comenzó una cadena que ya no se pudo parar. Su móvil se convirtió en una lluvia de peticiones de citas a ciegas, en un menú a la carta donde recibía fotos de montones de tios, a cada cual mejor dotado, dispuestos a cobijar su polla en un culo al que ya muchos habían bautizado como “el cáliz de leche“, si bien esos mismos que le escribían ya se habían hecho unas buenas manolas a costa de las fotos que tenían guardadas en sus móviles con deslechadas encima de su guapísima cara de los colegas que se las enviaban.

Y es que encima el tio era guapo a rabiar, con una bonita sonrisa que invitaba a besarlo cada vez que abría la boca y a renunciar a una preñada por dejarle la jeta bañada en semen de macho. Sonriendo con toda tu leche encima estaba precioso. Mario Galeno tendría que decidir dónde correrse, pero para eso aún quedaba una intensa velada en la que se había propuesto disfrutar con su polla todo lo que pudiera y más.

El chico más codiciado del país, aquel del que todo el mundo hablaba, era todo suyo, lo tenía atrapado entre sus brazos, sobando su culazo suave que había dejado al aire con unos calzones abiertos por detrás y pegándole un buen morreo, remojándole los labios para después forzarle a que se agachase y comprobar esa leyenda que contaba acerca de lo bien que la chupaba. Mario dio por buena la leyenda en cuanto sintió el contacto de esos labios comiéndole toda la porra. Joder, parecía pequeñita pero sin esfuerzo se ajustaba como un guante a su rabo, que no era moco de pavo, era como meterla por un culo apretadito pero con un extra, una juguetona lengua que no paraba de degustarle la raja del capullo.

Por un momento se volvió to loco y le folló la cara como si fuera el ojete, hasta que Andy miró suplicando hacia arriba con esos ojitos y decidió parar un poco para disfrutar de esa cara guapa comiéndole el nabo gordo, pero intentando forzar cada vez un poquito más la entrada de la polla al máximo, colándose por su garganta y haciéndole llorar un poco, consiguiendo un par de veces que le raspase con los pelillos de la barbilla en los cojones. Desde luego el tio le echaba un par de huevos y no se amedrentaba frente a un pollón grande, se manejaba como pez en el agua entre las piernas superdotadas.

Mario estaba empalmado a tope, con la polla más dura que nunca en toda su vida, en parte porque Andy se la ponía así cada vez que le miraba a los ojos con toda su polla dentro de la boca. El chaval se jalaba el pito como un campeón, apretando bien los labios contra el cipote descapullado, pegándole un buen repaso porque se notaba que le gustaba lamer los cabezones, lamiéndole los huevetes, subiendo por el falo con los labios mojados y volviendo a tragar rabo.

Ni de coña necesitaba lubrincante con tantas babas encima y por supuesto ni oir hablar de condones. Aquel culo necesitaba explorarlo a pelo. La mamada había sido espectacular, pero todavía quedaba la otra parte en la que aún no sabía quién iba a terminar tomando el mando de la situación, porque había visto en los vídeos que le habían pasado los colegas que Andy se volvía una fiera con un pollón en su interior.

Joder! Casi le preña el culo antes de tiempo nada más metérsela. Según le insertaba cada centímetro de rabo por primera vez, estaba tan ajustadito pero entraba tan bien que Mario vio por un momento el cielo, se le nubló la vista y a punto estubo de rendirse. Por suerte o por desgracia, es una sensación con la que tuvo que lidiar varias veces durante la follada, pero que a cambio le crearon más leche en los huevos de la que le habían creado nunca.

Andy se sentó por completo encima de él con toda su pija dentro. El culito pajeador era demasiado para empezar. Mario pensó que o tomaba el mando o se le iba otra vez de las manos. De lo que estaba seguro era de que un poco de precum ya viajaba por el interior de ese culazo. Dándole por culo por detrás a su ritmo, mucho mejor. Pedazo ojete. Mira que había visto fotos de pollones descomunales penetrándole e imaginó que lo tendría holgado a causa de tanto cabrón follador que se lo había beneficiado, pero qué va. No es que pareciese un culito virgen porque tragaba de miedo, pero casi.

De tanto mete y saca se le agotó el lubricante natural, momento que Mario aprovechó para ver el diámetro que le estaba haciendo en el agujero, medirlo con los dedos y enchufarle un poco más de saliva para continuar metiéndole la polla hasta las trancas. El chapoteo de los muslos y los huevos chocando contra el culazo blanquito no tardó en hacerse notar entre las paredes de la habitación.

No le habían contado que el chaval con el “caliz de leche” tenía otros atributos igual de espectaculares. Todo eran alabanzas acerca de sus mamadas y su culazo pero se habían olvidado mencionar el pedazo plátano que tenía entre las piernas, un plátano que él se estaba encargando de endurecer cada vez que le empotraba la polla por detrás y por delante, cuando ya lo tuvo a tiro de rabo tumbadito y rendido a su rabo sobre el sofá, pajeándose y con los huevos por corbata a punto de cometer un desliz.

No sabía de qué vistas disfrutar más en caso de tener que enfocar la vista hacia un elemento que le hiciera empotrarlo contra el sofá y la pared con más fuerza, si a esos ojos brillantes que le ponían cachondo, a la boquita por la que exhalaba gemidos o a su cuerpazo musculado y con unos abdominales que se marcaban cada vez que se la metía hasta los huevos. Una difícil decisión que no tuvo posibilidad de elección, porque mirase donde mirase estaba todo bien rico.

Después de otra batida, le sacó la polla y observó el hueco que le había dejado. Ante él se mostraba un ojete algo rojizo gracias a su buen hacer y le metió un par de dedos para comprobar esa textura que le estaba volviendo loco antes de volver a metérsela de nuevo, un agujero mullidito y apretado que atrapaba a las pollas entre algodones. Le metió una tanda de pollazos a toda hostia y el cabrón en ningún momento cedió, aguantando las embestidas sin retroceder ni un milímetro, si eso hasta se acercaba un poco más para sentir el golpeteo de sus huevacos entre la raja del culo.

Andy se metió una acabada igual que comenzaron, sentado encima de Mario, pringando de lefa tan blanquita como su culo uno de los cojines del sofá y parte del suelo. Mientras se corría, seguía pajeando la polla de Mario, que ahora debatía consigo mismo sobre dónde dejar su sello. Tuvo apenas unos segundos para decidirse, los que necesitó Andy para descargarse los huevos por completo.

Por suerte Andy se lo puso fácil porque él sí tenía claro dónde la quería. El chaval puso la cara entre sus piernas, acercó la boquita al capullo del pollón y se empezó a merendar la ración de leche que salía por esa raja gorda. Mario contaría su experiencia a sus amigos, de cómo después de meterle un facial, la erección tardó en bajarle más que nunca, porque Andy se quedó mamándole la polla, recogiendo el semen que había quedado por los alrededores y usándolo para deslizarse mejor con sus labios comiéndole el rabo.

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