Diego Summers le empala el culo a Ronny a pelo y le enseña que sin dolor no hay amor | Fucker Mate

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Lo hace a posta, lo de pajearse en la cama cuando sabe que su compañero de piso ronda cerca de su habitación. Hace con que se la está pelando viendo algún vídeo porno en el móvil y nunca falla, es pasar por la puerta y Ronny se siente atraído como un imán por su gorda y enorme polla. Lo que viene a continuación es delicia pura para Diego Summers, los labios calentitos y grandes de ese chaval abrazando su polla.

No puede evitar soltar un profundo gemido cuando le mete una de esas mamadas de tornillo que tanto le gustan, girando la cabeza con el rabo dentro de la boca y notando cómo se la cuela un poquito por la garganta. Entonces se le ponen los huevos de corbata, bien pegaditos a cada lado de la base del nabo, loquitos por dejar escapar la leche allí dentro. Por suerte, ha aprendido a controlar a esos perros.

Le encanta probar después esos labios y esa lengua con sabor a su propia polla, antes de que ese mamón baje de nuevo a sus partes nobles, a ponérsela más grande y más dura si cabe. Diego está como un toro con ganas de meter cornada, con el rabo empinado y super duro entre las piernas como un suculento plátano, con sus motitas y todo para demostrar que es de buen origen. Ronny no para de dejar sus babas encima del tronco, de metérsela hasta las trancas, de chuparle los huevos. Si no quiere perder el control, va a tener que distraerse con otra cosa.

Mientras el chaval disfruta comiendo entre sus piernas, él también se pega un buen festín con su culo, trabajándoselo tan bien con la lengua que consigue que se le ponga el culito de piel de gallina. Ya se lo ha follado otras veces y no deja de sorprenderle el hecho de que un culito tan pequeñito, precioso, apretadito y con apariencia de ser virgen, pueda comerse después semejante pollón como el suyo.

A medida que intensifica la metida de lengua por su ano, más se intensifica por igual la mamada que está recibiendo, ya con comida de polla completa, porque puede notar la punta de la nariz frotándole la bolsa de las pelotas y porque su rabo se está colando ya por zonas demasiado apretadas más allá de la boca. Hora de cambiar para seguir controlando. Una mano en cada cachete de ese hermoso culo y a prepararlo para la venida.

Con el tamaño de su rabo, Diego no tiene problemas para follarse a cualquier tio. Le gustan de todas clases pero sobre todo que tengan un buen culo. Eso sí, no puede negar que con los chicos manejables, más pequeños que él y delgaditos con buen trasero, la cosa es diferente. No es lo mismo desde el mismo momento en que coloca su manaza grandota en un cuerpo pequeño, entonces todo se hace más grande y se pone más cachondo, cuando ve una manita que se queda pequeña pajeándole el nardo y sobre todo a la hora de clavar la polla, momento en el que siente de verdad que está destrozando un culo y le entra una especie de compasión y satisfacción inexplicable.

Cuando Ronny se dispone a montarse sobre su rabo, se lo agarra y lo enfila hacia el interior de su culo completamente a pelo, Diego se monta su propia historia en su cabeza e imagina que siempre se lo desvirga por primera vez. Le mola pensar que su polla ha sido la primera en colarse dentro de ese agujerito apretado. Cuando el chaval se la ha metido dentro enterita, con su culazo tan tragón como su boca, lo abraza fuerte contra su torso como si fuera un niño que necesita mimos y le da por culo a saco. Sin dolor no hay amor.

El momento de imaginación del desvirgamiento le dura bien poco, acabando justo cuando Ronny se pone a saltar como una fiera y deja claro que su culito está desvirgado de sobra y que goza de las pollas grandes blandiéndole el trasero. Nadie le hace tan buenas pajas con el culo como su compañero de piso, tremendas, saltando sin miedo encima de él, cabalgando como un buen vaquero encima de su caballo.

Viendo a Diego culear a Ronny, follándoselo por detrás, encima de él, en posición horizontal, cualquiera pensaría si es que se ha tragado a un ángel y a un diablo juntos y ambos están intentando discernir quién gana esa batalla. Por un lado el ángel hace que Diego abrace fuerte a Ronny. Le encanta ese lado tan achuchable que tiene el chavalín y no hay nada que le guste más que tenerlo entre sus brazos. Pero el diablo le obliga a enchufarle la polla por el culo como un poseído, pegando unos meneos de cadera rápidos y certeros que no le dan descanso al ojete ni para atrás.

De nuevo el ángel habla y entonces la culeada se convierte en una follada a fuego lento, metiéndosela despacito y con mimo. El diablo toma la palabra y le dice que lo empotre contra la cama, que le clave la polla hasta el higadillo. Una lucha sin cuartel entre el bien y el mal en la que ambos salen ganando.

El chapoteo del rabo follándose el culo ya se puede oir en la otra punta de la casa, el punto de unión entre los dos está tan caliente que en cualquier momento puede explotar el volcán. Y eso que Diego no tiene cojones colgando, sino bien amoldados a la base, que si no del simple soniquete de los cojones golpeando sobre ese precioso culo ya le habrían hecho descargar dentro. No tendrá cojones colgantes, pero tiene una cacho polla tan grande y fuerte como el martillo de Thor. Hecha para machacar culos.

Con ese pollón dentro es como le gusta correrse a Ronny. Adora ese momento en que se deja llevar por el gustillo del rabo, se abandona al placer, se le nubla la vista y empieza a salirle la lefa por la chorra. Diego es de los que aprovechan todo. Recoge ese lubricante natural con los dedos y se embadurna el capullo con él para metérsela dentro del culo de nuevo. Pero Ronny sabe perfectamente cómo le gusta acabar a su compi, por eso mientras Diego se hace una paja tumbado sobre la cama, él se sienta encima de su cara y le pone el ojete en la boca.

Cuando comienza a escuchar los gritos y gemidos y el aliento se intensifica en su agujerito mojado, sabe que ya se está pegando una buena deslechada a su costa. Ronny también ha aprendido las buenas costumbres de su compañero de piso, por eso recoge toda la lefa con la boca y se come las sobras que han quedado y siguen saliendo por el pollón. Así se queda, con el saborcito en la boca y acariciando el rabo de Diego hasta que este deja de ser ese perro rabioso follaculos.

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