[Fucker Mate] Viktor Rom le rompe el culo a Axel Max penetrándole sin condón y le lefa la jeta

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Nada raro encontrar a dos amigos tomándose el cafelito en la terraza de una casa. Desnudos de cintura para arriba ya la cosa cambia. Podríamos pensar que es veranito, que todavía hace calor y acaban de llegar de la piscina, pero va a ser que no, porque el frío ya invade desde hace días la ciudad. Si ya cuando se ponen de pie ves que están en pelotas y que lucen sus estupendos culazos, que la polla se les menea entre las piernas mientras se dirigen al interior, pues eso deja ya de ser un simple cafelito entre dos amigos. Sí, soy el vecino que está enfrente y os cuento lo que vi.

Porque después de cruzar la puerta de la terraza, se cumplió uno de mis sueños. Hasta entonces siempre que Viktor Rom había llevado a un tio a la casa para follar, nunca se había olvidado de cerrar la puerta y yo ardía en deseos de ver esa butifarra crecer detrás de mis prismáticos. Esa vez se dejó la puerta abierta y pude verlo todo. La vista se me fue directa al pan y se me puso durísima al ver las dos pollas que no paraban de restregarse, la de mi vecino mega gorda empinada hacia arriba y la de aquel chaval nuevo que se había llevado al piso, que la tenía todavía dormida pero bien larga el cabrón. Pero ni de coña iba a separar mis manos de los prismáticos a pesar de que mis pantalones estaban empezando a ceder cosa mala con la tienda de campaña montada.

Joder qué rabos tan diferentes, uno fino, largo y blanquito y el otro gigante, gordaco y morenote. Vi claro que lo siguiente que iba a ocurrir era lo que a mí me hubiese gustado hacer cuando Axel Max se convirtió en mis ojos y mis manos zarandeando el rabo, estirándolo de los huevos para hacer que rebotara, se arrodilló y le rindió pleitesía a esa soberana polla. Le calzó con una mano los cojones, se la tragó, la roció con sus babas para pegarle después un buen manoseo a pajas y lo hizo tan bien que Viktor le cogió la cabeza y se la folló hasta ahogarle.

El chaval salió ileso de la primera embestida, por eso lo intentó una segunda vez en que hasta Viktor arqueó el culo cuando notó que el cipote ya se le estaba quedando demasiado estrecho al entrar por la garganta. Todavía tenía que disfrutar de ese chaval antes de destrozarlo vivo. En este punto comprenderéis que me desabrochase la bragueta y me la sacara para dejar libre a la bestia para no romper los calzones.

Me pensaría más adelante hacerme pasar por el técnico o cualquier otra profesión para colocar micros por su casa, todo se andaría, porque a ver por qué los putos prismáticos no emitían sonido. Yo veía cómo movía los labios diciéndole algo y tuve que imaginar en mi mente las guarradas. Lo que sea que le dijera estaba teniendo tal efecto que la saliva ya estaba cayendo a chorros por las pelotas de Viktor y eso sólo podía ser bueno, demasiado bueno. Se la tenía tan pringada de babas que se podía permitir hasta hacerle una paja de tornillo.

Menudo chupa pollas, algún día yo estaría ahí de rodillas con la boca llena. Y mientras ese día llegaba, aprendería todo lo que a ese macho le gustaba para darle lo que quería. En cuanto me cascase la paja que tenía que hacerme sí o sí, iría al sex shop y me compraría un buen trabuco de goma para ir practicando, porque si le iba follar gargantas, la mía sería suya. He de reconocer que aprendí mucho de Axel, porque se la chupó de puta madre y porque el que la boca de un tio después de una mamada termine llena de saliva tan espesa que parecía lefa, era señal de reconocimiento al buen mamador.

Le estaría dejando sin habla. El resto de la chupada me pilló de espaldas porque se sentó sobre la cama para que se la siguiera comiendo. No vi nada y todo fue puro morbo, pero sólo por los movimientos, cómo le dejaba la cabeza clavada y cómo arremetía desde abajo con el culo dando caderazos hacia arriba, podía intuir que la saliva seguía corriendo y que lo de follarle la cara era una de sus cosas preferidas. Pues sí que me quedaba práctica, a mí que soy de llenarse rápido comiendo con un simple cipote, jesús!

De vez en cuando, entre la cadera y el brazo de Viktor, veía salir la cabeza de Axel como quien ve a un buceador libre saliendo del agua, todo rojo de contener la respiración. Que te metan rabo hasta las pelotas es así de agradable y doloroso, como cuando te sacan las vegetaciones, lo pasas mal pero después das las gracias. El chaval tenía los morros brillantes, así que qué suavecita y bañada tenía que estar la polla y los huevos, para entrar bien suaves.

No quedaría mucho para ver qué tipo de animal era follando, porque le puso al chaval a cuatro patas sobre la cama y él se colocó con la cabeza detrás merendándose su blanquito culo. Había visto comer muchos culos, lo había sentido en mis propias carnes y juro que jamás ví que un chaval se moviera tanto como Axel cuando se lo lamían. El tio ya no se movía sólo por la merendola que le estaba haciendo al ojete, es que cuando ni tenía la boca encima, se desplazaba adelante y atrás como deseando que le metiera ya sin contemplaciones esa pollaza. Le entendí, claro que le entendí.

A falta de realidad virtual, comprenderéis que mi siguiente paso para experimentar lo que ese tio estaba sintiendo, era bajarme por completo los gayumbos y meterme al menos un dedo por el culo. Era mi forma de empatizar con lo que estaba viendo. Lo que presencié a continuación superaba mi imaginación. Unas piernas abiertas del revés sobre la cama, como si hubiera puesto al chaval con el culo en pompa hacia arriba detrás de la cama y entre medias de ellas el potro de Viktor que me estaba regalando una de las mejores vistas con las que casi me quedo ciego del pajote que estaba a punto de meterme, porque la visión de ese culazo con las pelotas y el rabo meneándose entre medias fue suficiente para acometer la primera descarga. Que no sería la última.

No llegué a averiguar qué coño le hizo en aquella extraña postura y por lo tanto se convirtió para mí en otro fetiche secreto más a añadir a mi larga lista con el macho de mis sueños. Normalmente hubiera tardado en trempar de nuevo, pero ni siquiera se me había quedado blandito el rabo cuando otra vez me la estaba cascando con lo que se vino. Otra vez a cuatro patas sobre la cama pero esta vez preparadito para follárselo. Esperé ver el rasgar del plástico del condón y cómo se lo endosaba a la pieza, que seguramente a no ser que fuera XXL lo tendría difícil, pero qué va, con toda su señora polla entró a pelo por el culazo de aquel chaval. Flipante.

Me fijé en la cara de Axel para ver qué tal y comprendí que una polla tan grande no era fácil. No le entró a la primera, tuvo que recolocarlo, y eso que hace poco le había metido un batido de babas en la polla que eran el mejor lubricante. A la segunda ya le entró directa y pude ver su cara de dolor y gusto, cómo apretaba los dientes y se mordía el brazo, cómo el rabo le bailaba entre las piernas cada vez que se la metía. Sí, iba a ser que esa tarde compraría dos rabos de goma, uno para practicar con la boca y otro para el culo.

No sé si algún día sería capaz de sentarme así sobre su polla como lo hacía Axel, con las piernas abiertas, pajeándole duro y después aguantando la culeada que le venía desde abajo, todo era cuestión de ponerse a ello. El dolor había dejado paso a la diversión, muestra de ello era el destrozo de cama que hicieron, que después de tanta metida y sacada se vino abajo para sorpresa de los dos.

Sí señor, algún día estaría entre esos brazos fuertes bien cubierto, gritándome guarradas al oído como si fuera una perra, sintiendo su aliento de macho follador en mi nuca, su barra de chocolatito rico hincándose muy dentro de mí. Ya no estaba a cuatro patas, le había metido tal tanda de pollazos que estaba rendido boca abajo de espaldas, besando la almohada con el culo machacado. Os prometo que mi cara algún día besará esa cama mientras me la mete.

Soy el vecino de estos dos y esto es lo que vi. Un chaval comiendo huevos, calentando la leche de una polla que se pajeaba con rapidez sobre su cara. Ví la leche salir desperdigada sobre su cuerpo, sobre su boca, sobre su pelo. Vi a un macho sudado sintiendo felicidad infinita cuando liberaba sus cojones, recomponiéndose como quien acaba de recibir una hostia que lo ha dejado KO. Vi un pollón enorme y corrido hostiar una carita, unos morros sedientos y una lengua saboreando su lefa mientras se granjeaba con gusto una pajilla con los huevos calentitos de un macho sobre los ojos. Vi unos ojos despertando entre la lefa y mirando cara a cara y de cerca a la responsable de su puto vicio. Y no vi más, porque por segunda vez esa tarde me quedé ciego a pajas.

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