[Fucker Mate] Antonio Miracle y Stephan Raw nos enseñan cómo se lo montan en la vida real follándose a pelo

El efecto viaje de vuelta es una extraña sensación que te devuelve a la realidad de forma brusca, pero que no te deja tan mal sabor de boca al fin y al cabo porque llegas con nuevas vivencias y experiencias. Antonio Miracle y Stephan Raw tienen que pasar por eso mismo tras su regreso de las Islas Canarias, un viaje que les ha traído con una sonrisa en la boca y con mucho más amor si cabe.

Difícil cruzar la puerta con las maletas y tantos recuerdos encima, volver a acostumbrarse a estar entre cuatro paredes cuando hace unas horas estabas en absoluta libertad, en una isla, sí, pero en plena naturaleza. Unos días en que cada noche fue diferente a la anterior y que ahora volverán a ser una pequeña rutina. Fueron tantas las salidas y viajes para conocer las islas que en cada parada nocturna se lo montaron a lo grande.

Una follada furtiva posando el culo sobre la arena de la playa, con el oleaje como música de fondo y la luna mirando la muy perra. En la habitación de la casita, con las ventanas abiertas, la brisa entrando y desplazando las cortinas, creando un ambiente romántico en una cena que tras finalizar les llevó a darlo todo. O aquella noche detrás del local de fiesta, en el parking, bajándose los pantalones, agachándose uno y otro por turnos comiéndose los rabos, el que gozaba la mamada a la vez vigilante por si venía alguien. Ahora vuelve a ser de noche y quizá a otros les hubiera apetecido rememorar el viaje poniendo el vídeo de la aventura o mirando las fotos en la cámara, pero prefieren recordarlo volviendo a pegarse el lote.

Por eso se quedan medio en bolas, tan sólo ataviados con los gayumbos igual que estaban y dormían allí por las noches, aunque aquí haga un poco más de frío, ya se calentarán poco a poco. La visión de sus cuerpos tatuados ya les va poniendo cachondos, unos besitos con mucha hambre y manos que poco a poco van hacia el pan, hacia el lugar donde un hombre no puede engañar que está contento, como cuando un perrito menea el rabito.

Stephan la tiene tan dura que la tela cede hacia adelante lo suficiente como para dejar al descubierto sus pelotas. Antonio se pega el gustazo de cogerle el paquetón y meterle mano para sentir el contacto calentito de la polla entre sus dedos. Pero está muy dura y sale escopetada hacia arriba, aprisionada contra la goma de los gayumbos. Eso merece una reverencia que Antonio sabe muy bien cómo llevar a cabo, poniéndose de rodillas, pegando una primera calada de aproximación y después cebándose esa polla larga y curvada hasta notar cómo se le cuela por la garganta.

El tio no tiene medias tintas, tan pronto es super cariñoso posando la lengua en la base por debajo del rabo, sintiendo el peso de la polla y a la vez la rugosidad de la bolsa de las pelotas, como que otra vez se la merienda hasta el fondo, haciendo que la gran cantidad de salivaque ha utilizado le pringue la barba cuando se la saca. Eso a Stephan le vuelve tan loquito que le agarra la cabeza y la utiliza como su consolador personal, llevándola hacia adelante y hacia atrás como le conviene.

De nuevo todo cariñoso se divierte con el pellejo poniéndole el capuchón al cipote y saboreando la punta del nabo, agacha un poquito la cabeza para absorver los dos cojones, se los estira un poquito y suelta. Menudo arte con la lengua y los labios, sin emplear las manos, todo un artista de las mamadas. Las manos ya las emplea para otras cosas, como para descubrir su culazo con una raja con la que cualquier tio disfrutaría lo indecible.

Ahora es Stephan quien está de rodillas saboreando la gloria, repasando con su bigote y su barba un señor pollón gordo y largo que él también intenta meterse hasta el higadillo pero sin éxito. Y no es porque no lo intenta, que el tio abre bien la boca y se nota su esfuerzo por tragar cuando emite esos sonidos guturales como de algo que se le está introduciendo más allá de la campanilla. Lo vuelve a intentar por segunda vez y en esta ocasión mete otra marcha, imprime fuerza por la cabeza, toma impulso, arrastra los labios por la polla para conseguir llegar más lejos, lo consigue pero no llega a hacer tope del todo. Su chaval la tiene demasiado larga.

Aquí el que no come hasta el fondo pierde. Le toca a Stephan ponerse a cuatro patas y Antonio vuelve a demostrar lo bestia y guarrillo que es follando. Tras un buen repaso al culo de su chico raspándole con la barbita y lamiendo ojete con ganas, es tan bestia que intenta colarle el rabo sin manos, empujando a ver si entra. No, no entra a la primera. Vuelve a bajar para echar más saliva y lamer y segundo intento fallido, qué cabrón, se niega a usar las manos para reconducir el nabo y Stephan está ya tan cachondo deseando que se la meta por el culo que echa la mano hacia atrás para cogérsela y meterla de una puta vez en el orificio.

Nada, el cabronazo se niega, por sus santos cojones se la va a meter sin manos y a la fuerza y al final lo consigue, apretando fuerte contra el culo, con su pollón completamente a pelo, notando cómo va desapareciendo en ese agujero lenta y ajustadita. A eso se le llama tener confianza uno en su polla, sí señor. Ahora sólo queda rendirse al placer de meter una buena follada, dejándose llevar por el gustillo del rabo entrando y saliendo, los cachetes del culo rebotando e hincándola hasta las pelotas.

Intercambian los papeles y Antonio se queda con el culo abierto sobre la silla de mimbre, casi besando la ventana cada vez que su chico se la empotra con fuerza, que si uno es bruto, el otro no se queda atrás. Con lo bien que se lo están pasando, poco les importa que alguien pueda mirar hacia arriba y ver una situación cuanto menos para darle a la imaginación, porque todo al completo no verían, pero sí la parte por el todo que no necesita más explicación.

Por si los vecinos están poniendo la oreja, no hay nada que le ponga tan cachondo, así que allá que va Antonio hacia la puerta de entrada, poniendo una mano en un marco y levantando una pierna para poner el pie en el otro lado del otro marco de la puerta. Stephan enchufándole el rabo en medio. Pa que se diviertan los vecinos también escuchando los gemidos, que todos sepan lo mucho que disfrutan merendándose y metiéndose los rabos.

A veces recuerdan que en la habitación tienen una cama, pero es que les gusta expresar su amor por todos los rincones. Antonio se lo lleva al colchón, le pone a cuatro patas encima justo al borde y vuelve a tomar su turno metiéndose a pelo por detrás. Le encanta ver a su chico así de sumiso besando las sábanas, rindiéndose al poder de su polla y encima con ese culazo que tiene tragando de puto vicio.

A Antonio se le ponen los pezones duros y no sabe cuándo parar una vez se zambulle en esa deliciosa raja. Sigue y sigue y si se descuida no la saca a tiempo una vez que empieza a correrse, de hecho llega un pelín tarde, porque cuando se la saca del culo, esa brocha gorda ya está chorreando leche y decorándole el trasero. Alarga el gustillo de la corrida volviendo a metérsela de nuevo, esta vez mojadita y parecía que todavía no había acabado, que se había contenido las ganas, porque la vuelve a sacar y le vuelve a lefar el culo.

La doble corrida interrumpida le deja exhausto y relajadito. Se toma su tiempo para recomponerse la cara de gusto y da la vuelta a Stephan sobre la cama, poniéndolo boca arriba y metiéndose entre sus piernas mientras se casca una paja. Antonio le ayuda echándole el aliento, lamiéndole las bolas y de nuevo vuelve a meterse la chola enterita por la boca, pegándole un pajote con rápidos movimientos de cabeza y pegándole unos buenos zambombazos hasta que se le corre en todos los morros, con la lefa pringándole el bigote y la barba. Con lo que le ha caído dentro de la boca, le escupe semen en la polla y en el cuerpo y con un lefote colgando, el muy guarrete sube hasta la boquita de su chaval para pegarse un morreo suavecito. Pues sí, mejor que ver un álbum de fotos.

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